05/11/09

El Exámen

Primer parcial de Teoría Literaria III, Noviembre 2009.
Escrito en 28 horas con interrupciones (ninguna para dormir) y mucho mate.
Mucha fiaca arreglarle las citas... lo siento.


De Metáforas Motores y Spleen

O.

Grado Cero: La primera persona: Releo, una y otra vez: “En la Atenas de hoy en día, los transportes colectivos se llaman metaphorai: Para ir al trabajo o regresar a la casa, se toma una “metáfora”, un autobús o un tren”[1]. Algo de un recuerdo involuntario aún latente zumba insistente, y súbitamente, como morder una torta frita húmeda de mate cocido. Entonces: Un libro verde en la biblioteca blanca se lleva toda la atención. Primeras Invenciones. Felisberto Hernández. Página noventa y ocho. “El taxi”:

“He tomado una metáfora de alquiler y me dirijo a “la oficina”. La metáfora es un vehículo burgués, cómodo, confortable, va a muchos lados; pero antes tenemos que decirle al conductor dónde vamos a concretar el sitio: si le digo que quiero ir a lo incognoscible sabe dónde llevarme: el manicomio”[2].

1.

Pulsión: ¿Qué figura podría llegar a concentrar suficientes elementos como para ser considerada una característica de la experiencia de la ciudad moderna?
Disparamos una bengala. Figura elegida: El shock. El shock de la multitud, el shock de la misma configuración urbana. La crisis táctil, la crisis perceptiva.

2.

La circulación. Es la circulación un principio que hasta hoy prima en la planificación urbana de las ciudades modernas, a pesar de la proliferación de esos tan venerados por la burguesía “espacios verdes”: las plazas. “El espacio se ha convertido en un medio para el fin del movimiento puro –ahora clasificamos los espacios urbanos en función de lo fácil que sea atravesarlos o salir de ellos”[3]. Aún las plazas (uno de los pocos lugares generalmente construidos, en teoría, con un fin no comercial) son víctimas del mandato urbano de la constante circulación peatonal: se trazan en sus superficies cuadradas, diagonales que nos permiten cruzarlas “más rápido”; a veces sus planos arquitectónicos se anticipan a este mandato, otras, el caminar apurado de los transeúntes es el que dibuja sobre el espacio verde perfectas transversales marrones uniendo sus vértices. La circulación se impone en la ciudad, hasta, a veces, más allá de su propia materialidad inicial.

Ahora bien, esta circulación es maquínica y rítmica, cual caja musical (de melodías que aturden); posee un tempo particular, debido a la constante atención que el caminante debe poner al peligro que lo acecha y el apuro con el que traza su itinerario. Dentro de la búsqueda incesante de Le Corbusier de una planificación urbana donde pudiera garantizarse la ausencia de este constante sobresalto, expone:

“El problema queda planteado por la imposibilidad de conciliar las velocidades naturales, la del peatón o la del caballo, con las velocidades mecánicas de los automóviles, tranvías, camiones o autobuses. La mezcla de ambas velocidades es fuente de mil conflictos. El peatón circula en perpetua inseguridad, mientras que los vehículos mecánicos, obligados a frenar constantemente, quedan paralizados, lo cual no les impide ser ocasión de un peligro de muerte permanente”[4].

Por otra parte, Walter Benjamin introduce la idea de un entrenamiento para sumergirse en la multitud. Con respecto al tráfico escribe “Moverse en éste condiciona a cada uno con una serie de shocks y de colisiones. En los cruces peligrosos le contraen, iguales a golpes de batería, rápidos nerviosismos (…). La técnica ha sometido al sensorio humano a un entrenamiento de índole muy compleja”[5].

El tempo de la circulación es el que marca los límites de la libertad que brinda la ciudad; la libertad de uno comienza donde termina la del otro. El pasajero de la metáfora percibe: “si vamos más lentamente que los demás, nos rompen los oídos con alaridos artificiales los que vienen detrás; si vamos más ligero podemos chocar (…)”[6].

Este moverse con libertad que propone la ciudad “disminuye la percepción sensorial, el interés por los lugares o la gente. Toda conexión visceral profunda con el entorno amenaza con atar al individuo (…) para moverse con libertad, no se pueden tener muchos sentimientos (…) el individuo móvil contemporáneo ha sufrido una especie de crisis táctil, el movimiento ha contribuido a privar al cuerpo de sensibilidad”[7].

3.

El embotamiento de los sentidos. Una regla de tres. Simple. A mayor libertad, más desafilados los sentidos. ¿Qué hacer, qué hacer? El taxi, la metáfora. El taxi se presenta como un refugio, pero también como un encierro, el mismo que mantiene al hombre del café de Poe ( en “El hombre de la multitud”[8]) detrás del cristal del lugar, sentado, mirando a la multitud pasar[9].

En el taxi se da un movimiento inverso, pero el efecto es similar: “La metáfora pasa por lugares parecidos a los que yo he recorrido a pie y sin atenderlos mucho, pues en esos momentos atendía a tipos determinados. (…) la metáfora tiene la ventaja de la síntesis del tiempo, y de la provocación de recuerdos”; los recuerdos en el relato se configuran como “sombras”. “Las sombras que veo ahora no son iguales, pero me hacen acordar a aquéllas y misteriosamente (…) me despiertan sombras que he visto y me hacen ver otras nuevas”[10]. La metáfora facilita la percepción, el recuerdo involuntario, -motor de la experiencia- al mismo tiempo que refugia, encierra, protege al hombre del café del embotamiento de los sentidos.

El recuerdo involuntario es posible dentro del taxi, a través del cristal del bar, en el refugio de la metáfora (pensando en Baudelaire), en el tranvía en el caso de Benjamín, o, pensándolo mejor, en Baudelaire en el caso de Benjamin. Es ese pasado con el que eventualmente tropezamos, “y es cosa del azar que tropecemos con él antes de morir o que no nos lo encontremos jamás”[11]. Este recuerdo involuntario que posibilita la experiencia puede sostenerse tanto dentro del refugio de la metáfora, como a través del cristal del spleen[12], uno de los pocos casi perpetuos productos de la modernidad, acogido con (sí, un oxímoron) entusiasmo en la actualidad (especialmente el spleen sexual y spleen artístico).

4.

To spleen or not to spleen.

“Ahora, miro las calles, y veo que por otro lado, la metáfora, en su velocidad, en su síntesis de tiempo en el espacio, en esta ilusión de achicar el espacio, tiene también, algo de provisorio que me exaspera; atropella demasiado al cruzar las calles: tendría que pensar y sentir con otro ritmo y con otra cualidad de pensamiento; el misterio de las sombras se transforma demasiado bruscamente en el misterio de lo fugaz”[13].

La velocidad es excesiva en relación al “afuera”, las sombras se cruzan con una rapidez que es difícil de soportar. El encierro exaspera, la experiencia parece acontecer allí afuera, a otro ritmo: la velocidad de la multitud, no la del chofer de la metáfora. “Claro que hay muchas clases de metáforas. ¡Caramba! parezco un paisano que nunca hubiera andado en metáfora. Y eso que he subido en metáforas que andan por el aire y que me han empequeñecido las cosas mostrándomelas desde una altura inconveniente, y eso que he andado en subterráneos de gran profundidad donde no se ve nada para los costados”[14]. No sería arriesgado pensar en la diferencia entre ésta y las otras metáforas en las que ha viajado el pasajero; la mirada puede posarse lo suficientemente cerca como para captar la presencia de las sombras, cosa que difícilmente sucede desde las alturas y mucho menos desde una metáfora subterránea. Lograr mantener esta mirada contemplativa y la potencialidad de la aparición de recuerdos involuntarios tiene un precio si no se quiere contagiar uno de spleen, y es el de vivir a un ritmo diferente al de la multitud.

5.

Sobre cómo tener una experiencia de la metrópolis. Itinerar. Moverse por la ciudad, hacer en contraposición a ver; o hacer para mirar, itinerar para “cartografiar”, circular para recién ahí erigir un espacio.
Para moverse por la ciudad hay que generar este entrenamiento que introdujo Benjamin. Él mismo desarrolla en su viaje a Moscú diversas destrezas que le permiten “levantar la mirada” hacia la ciudad: caminatas sobre el hielo, intentos fallidos de orientación, reconocimiento de la grafía rusa, viajes urbanos en diversos medios de transporte. No sólo eso, también debe familiarizarse con la ciudad, crear pequeños hábitos: la visita reiterada a un café hasta convertirlo en “el café de siempre”[15].

Una vez dado el proceso de apropiación de la ciudad, la mínima comodidad necesaria, lo nuevo se deja ver: aparece lo antes inadvertido por haber tenido que caminar adquiriendo el ritmo del gentío, sin poder levantar la mirada hacia la metrópolis. Esta mínima comodidad siempre se encuentra en tensión con la incomodidad que produce la multitud y las velocidades encontradas en la ciudad. Las destrezas servirán entonces para esto último: girar a tiempo sin dar “ninguna señal de impaciencia”[16].

El itinerario se mantendrá entonces en esta tensión entre el reconocimiento producto de una conciencia despierta y el dejarse llevar por la ciudad y sus señales (que difiere de dejarse arrastrar por la multitud). Cancelar las intenciones, pero no desoírlas. “(…) quería aprovechar el viaje en metáfora; y cuando el hombre se pone a intencionar los hechos, es terrible, es peor que Dios, acaso él es el mismo Dios. Sin embargo, hay que intencionar. Si no intencionas, te intencionan”[17]. Si uno no itinera, lo itinera la amenazante multitud.

6.

Sobre las amenazas de la multitud a las que deberá enfrentarse si decide itinerar. El deseo del pasajero de la metáfora por “liberar el cuerpo de resistencias, lleva aparejado el temor al roce”. Preservar el orden, y el orden significa “falta de contacto. En la multitud moderna la presencia física de los otros seres humanos es sentida como algo amenazante”[18]. El hombre del café de Poe transforma su contemplación distraída en una minuciosidad alejada del realismo –más bien deformante-, sumergida en lo fantástico, que logra materializar la amenaza que siente el sujeto de parte de los transeúntes de gestos indiferenciables que recorren el ventanal.

“Mientras más uniforme se vuelve el espacio exterior en la ciudad contemporánea, y apremiante debido a la longitud de los trayectos cotidianos, con su señalización terminante, sus molestias, sus miedos reales o fantasmagóricos, más se reduce el espacio propio y se valora como lugar donde uno se encuentra finalmente a salvo (…)”[19].

A salvo en el taxi, a precio de mirar desde adentro de una metáfora, desde afuera de la multitud: encarcelado en una constante contemplación que ni siquiera conlleva las privaciones de libertad que padece el conductor del vehículo que, según Horkheimer, son regulaciones externas con las cuales paga la velocidad de su desplazamiento. Tan sólo mirar por la ventana, intentando captar las sombras de cuando en cuando, es “exasperante”.

7.

De gestos y uniformidades. “Los gestos son los verdaderos archivos de la ciudad, si se entiende por archivos el pasado seleccionado y reutilizado en función de los usos presentes. Cada día rehacen el paisaje urbano”[20]. El hombre detrás del cristal del bar no distingue gestos, sólo ve “uniformidades en la expresión” de los rostros[21]. Por su parte, el pasajero de la metáfora se hizo víctima de la velocidad y la homogeneización de las sombras (imaginemos un conductor de metáfora que conquista ahora uno a uno los semáforos de una “onda verde” en Av. Paseo Colón).

Un rostro (que finalmente será lo mismo que cualquier rostro) hace que el hombre del café se intencione y decida introducirse en el afuera, al acecho del misterio del rostro avistado a través del cristal. Se pierde en la ciudad del mismo modo que Baudelaire lo hizo, girando entre la multitud, odiándola; “Baudelaire ha colocado la experiencia del shock en el corazón mismo de su trabajo artístico”[22] para culminar como “un hombre fatigado cuyos ojos no ven más hacia atrás”[23]. Pum spleen.

8.

“El precio de la metáfora ha aumentado demasiado para mi bolsillo. Aprovecho las circunstancias de que el “varita” hace señal de que los vehículos se detengan; pero mis ideas siguen: ellas han comprendido que ya han estado demasiado tiempo adentro y que si no quiero que me encierren, deben trabajar para afuera. Entonces, he abierto de pronto la portezuela del taxi y me he perdido entre la multitud”[24]. Mejor itinerar, que ser itinerado; más aún, mejor arriesgarse al spleen, como Baudelaire, y tal vez hallar esa velocidad de exactitud matemática que le permita recordar involuntariamente, perdido en la multitud. Al fin y al cabo, la experiencia no se configura como figura retórica y la literatura no es un metalenguaje de la ciudad, sería estúpido para el pasajero seguir intentando transitarla subido a una metáfora (más aún cuando hay poco dinero para pagarla).





[1] Michel De Certeau, “Relatos de espacio” en La Invención de lo Cotidiano vol I., Universidad Iberoamericana,
[2] Felisberto Hernández, “El taxi” en Primeras Invenciones, Siglo XXI, México, 2007. Pág. 99.
[3] Es mucho lo que puede decirse en torno a la circulación y la relación entre cuerpo saludable-ciudad saludable –en torno a los, en esa época, pensamientos higienistas-. Sennet realiza una genealogía de la ciudad que no parece necesario reproducir en este texto pero que de alguna manera se infiere.
Richard Sennet, Carne y Piedra, Madrid, Alianza, 2003. Pág. 20.
[4] Le Corbusier, Principios de urbanismo (La Carta de Atenas), Planeta, Buenos Aires, 1993. Pág. 92
[5] W. Benjamin, Sobre algunos temas en Baudelaire, Pág. 147
[6] Felisberto Hernández ob cit 99
[7] Richard Sennet, ob. cit, Pág. 274
[8] Edgar Allan Poe, “El hombre en la multitud” en Cuentos I, Alianza, Buenos Aires, 1970.
[10] Felisberto Hernández, ob. cit, Pág. 100
[11] Marcel Proust en W. Benjamin, Sobre algunos temas en Baudelaire.

[12] spleen como un híbrido de melancolía y hastío, tedio. Spleen clásico: Marcel Proust. Spleen siglo XX: Michel Houellecebq, (alto contenido de spleen sexual, entre otros, en Plataforma) con la pretensión de vida del autómata; la cancelación total de la experiencia. El spleen del poeta guarda estrecha relación con la conservación de su conciencia además de la frustración que le produjo la experiencia.
[13] Felisberto Hernández, ob. cit, Pág. 100-101.
[14] Felisberto Hernández, ob. cit, Pág. 101.
[15] “Tan solo en la medida en que se consigue esta clase de reconocimiento pueden hacerse descubrimientos en la ciudad; mientras no se reconoce nada, tampoco se descubre nada”.
Martín Kohan, Zona Urbana. Ensayo de lectura sobre Walter Benjamin, Buenos Aires, Norma, 2004. Pág. 158
[16] Edgar Allan Poe, “El hombre de la multitud” en Cuentos I, Madrid, Alianza, 1970. Pág. 247.
[17] Felisberto Hernández, ob. cit, Pág. 102.
[18] Richard Sennet, ob. cit, Pág. 23-24.
[19] Michel de Certeau, “Espacios privados” en La invención de lo cotidiano vol. II, Universidad Iberoamericana, Pág. 149.
[20] Michel de Certeau, “Los aparecidos de la ciudad” en La invención de lo cotidiano vol. II, Universidad Iberoamericana, Pág. 149.
[21] W. Benjamin, ob. cit., Pág. 148,
[22] W. Benjamin, ob. cit. Pág. 132
[23] W. Benjamin, ob cit., Pág. 169
[24] Felisberto Hernández, ob. cit, Pág. 102,

20/10/09

Non, Je Ne Regrette Rien

Hace poco escuché en el colectivo una conversación poco interesante sobre la tenencia de un perro, último bien tangible y repartible de la pareja conformada por la muchacha de los pechos ficticios y el ente abstracto al otro lado de la línea. La charla terminó con un simple: “Mirá Pancho, todo lo que decís está de más, porque yo no me arrepiento de nada, así que venís a buscar al perro y la cortamos con esto”.
Querría obviar toda caída en la fisura sensiblera que propone el “todo lo que decís está de más” y quedarme con el “yo no me arrepiento de nada”.

Según la Wikipedia, el arrepentimiento es “una sensación que se experimenta tras darse cuenta de que se ha cometido un error. Este sentimiento puede causar distintas emociones, tales como la culpa, la verguenza o el remordimiento. Puede afectar a la persona en distintos grados, desde ser algo pasajero, sin mayores consecuencias, hasta provocar el suicidio del arrepentido” (Las bastardas son mías).

Esta definición deja de lado, evidentemente, el arrepentimiento de aquél que alguna vez nos dijo “me arrepiento de haberle puesto tanto de mí a esta relación”. Ese tipo de arrepentimiento conlleva una voluntad ya no de redención, sino más bien de provocar en el otro aquél arrepentimiento del cual la Wikipedia versa su definición. No sólo eso. La cita, completa en lo que respecta a una caracterización no religiosa del término, no alude a las disculpas. La persona afectada por el remordimiento puede llegar al suicidio. Sólo así dice. Sería interesante reformular esa última frase por “Puede afectar a la persona en distintos grados, desde ser algo pasajero, sin mayores consecuencias, hasta provocar en el arrepentido la voluntad de pedir disculpas”.

Mágicamente el no arrepentirse es motivo de vanaglorio. Edith Piaf canta en Non, Je Ne Regrette Rien, “Je me fous du passé!” ( puede traducirse como “Te voy a devolver el perro, mierda!”); los Jóvenes Pordioseros no se arrepienten “de haber venido hasta acá/ de haber viajado una hora” (nada más) para volverla a ver, Gilda no se arrepiente de ese amor aunque le cueste un órgano y en Nao me arrependo Caetano dice “Eu não me arrependo de você/ Cê não me devia maldizer assim” (Sacando el lamento constante del bahiano, cosa que hace evidente que las cuarentonas lo dejen, creo que se acerca un poco más a lo que tal vez nuestra muchacha en el colectivo quería decirle a Pancho).

No me arrepiento de nada
en este último contexto, que es el que nos interesa y el que, ahora sí, se relaciona un poco con el “todo lo que decís está de más”, no tiene que ver con un “no me voy a suicidar por esto” ni tampoco con “no me siento culpable, así que metete la lengua en el culo”. Lejos de sentimientos de culpa o verguenza, es en todo caso una de las tantas manifestaciones de A mi manera, canción que tanto agrada a la gente de más de 60 años, preferentemente en su traducción al español que, como las traducciones de la editorial Terramar, nos llega (en la mejor de las circunstancias) del francés al inglés, y del inglés a nuestro idioma. Creo que explica mejor que yo la frase chorreante de grasa que subliminalmente sobrevolaba el comentario de nuestra jóven viajante:

Estoy mirando atrás /Y puedo ver mi vida entera/ Y se que estoy en paz /Pues la viví a mi manera... (...)
Jamás me arrepentí /Si amando di todos mis sueños /Lloré y si reí, fue a mi manera.../ Que pueden decir, /o criticar /Si yo aprendí a renunciar /Si hay que morir /Y hay que pasar /Nada deje sin entregar /Porque viví /Siempre viví a mi manera

Si el ávido lector llegó hasta acá sin vomitar el desayuno del mes pasado y no se arrepiente de haber leído, puede hacerse merecedor del premio “Le mome Piaf”.
Eso sí, no deje de buscar la versión más acorde a su género musical preferido en nuestra selección de versiones de “A mi manera”, o más bien “No me arrepiento de nada, así que calláte y lleváte el can”.

Versiones*:
(Algunos títulos son míos)

1. Cacho Castaña "A mi manera"
2. Sid Vicious (Sex Pistols) "Booze my way" (Letal)
3. Don Omar "Siempre perrié a mi manera"
4. Gipsy Kings "olei aididitmaiwei olei" (cho sei, que no vendráns, por eso chá...)
5. Elvis Presley también "Booze my way"
6. Nina Simone "my way" (tamborilero)
7. María Marta Serra Lima "A mi manera" (por ATC!!!)

* Son las versiones que chusmeé guiada también por la wikipedia (jamás encontré una versión de my way de Radiohead o de los Strokes, alguien dirá si la wiki iba bien o no).

Wiki tiró la data: "La identificación de la canción con Sinatra se volvió tan fuerte, que la canción se tranformó en un ícono, y así el Gobierno Sovietico de Mijaíl Gorbachov bromeando se refería a su política de no-intervencionismo en los asuntos internos de los demás países firmantes del Pacto de Varsovia como la "Doctrina Sinatra".

02/10/09

Globos

(Octubre: problemas inspiratorios)


I
¿Y si soltáramos un globo de gas por cada pelo que se va por el lavabo?


II
Contaré entonces una historia que se me ocurrió mientras pensaba en cualquier cosa con tal de no rascarme la psoriasis. "Había una vez un cura que se ató un montón de globos inflados con helio y decidió viajar por la costa de Bras…" ah... ¿posta?


III
- Mirá negro, tengo que decirte algo. Me parece que estoy embarazada...
- Nuuuu miraaaa Marcela! largaron un montón de globos!!!!!! ves??? los ves??? Eh ¿porqué llorás ahora? ¿ves que no se puede compartir nada con vos? siempre andás depresiva.

IV
Todo lo que sube tiene que bajar. Tengo un vecino señorfuncionariopúblico que me presentó a su cuñada ministradesalud. Un día íbamos con ella casualmente saliendo de lo de la peluquera del barrio, esa que atiende en Aráoz entre Güemes y Charcas (sí, la que por la tarde en secreto atiende a domicilio). Bueno resulta que ella, un poco maleducada a decir verdad, iba con uno de esos aparatitos en la oreja izquierda escuchando el programa del mediodía de Lalo Mir. Me estaba comentando lo que este tipo decía sobre el próximo show del imitador de Marco Antonio Solís cuando algopum-lehizoplaf en la cabeza. Era un cacho de globo, sabés? Así, un plástico, naranja. Yo lo primero que pensé fue “acá nos cae encima el finado del cura brasileño ese que se colgó los globos”. Y claro, es justo eso que le dicen “resignificación” lo que me pasó esa vez, ahora cada vez que veo un globo no pienso más en los cumpleaños, pienso el pobre tipo ese, que debe andar ahí muerto por la selva. En una de esas se lo comieron los indios amazónicos, o capás todavía anda cagado de hambre, ¿qué sabés? Mirá a los de Viven, los tipos de esa película estuvieron como 13 días ahí meta nieve y nalga; este cura de la inanición se debe haber comido los dedos por lo menos te digo. Yo igual lo llegan a bajar y me caso, con eso te digo todo, te digo. Tanto ímpetu, tanta fuerza de voluntad no se ve hoy en día. Eso sí, debe estar un poco loco también, lo llevás a tu casa y después de tanto tiempo al aire libre se te pone como gato enjaulado. Bueno, la cosa es que cayó el globo del cielo y cuando miramos para arriba nada, nada eh, yo creo que…


V
Quiero creer que hay algo allá arriba, algo con silueta de lugar. Ese espacio a donde llegan todos los globos de gas que presurosos se escapan de las oenegés en busca de su destino último.

06/09/09

Bent

When there is only lust, there are men.
When you can only trust, that is when:
jump and bend, into my bed.
When you don’t enjoy, just pretend.
When you forget, the message you send.
Dumb and bent, come. Clean my head.

When you run, hope I won’t mind.
When the gun, slides from your hand
falls and bangs, shoots your glands.
I’ll heal your heart, sow your crust.
I’ll see your mom lick out your lust.
She must come. She must.
I wasted my hands into the moist, at last.
You forgot my number, sick girl, too fast.




01/09/09

La piba de papel

A la piba de papel le faltan las guadañas de unos dedos que froten su piel de arcilla, pero no se inquieta. No le importa. Se conforma con el relato de las decisiones ajenas. Se conforma y con las sábanas hace una carpa de celulosa y tinta; a la mañana despierta entre páginas arrugadas bajo las cargadas caderas. Consume y se sume en sintaxis
hasta el hastío,
hasta que la aplastan,
hasta que los verbos no bastan.
Áspero el papel de la resma Ledesma.
Ásperos los dientes.
Pero si hasta el vientre…
…todo áspero es papel en potencia, siempre.

No será depósito de decisiones nupciales ese vientre acartonado y, abandonado el delirio de la trascendencia humana, no hay razón para ayudar a que una mano ajena se pose ahí, con la inútil excusa de propagar la especie. Qué chabona.

La piba de papel prefiere no simbolizarse, sino repasarse en voz alta.
Ante el placer, escéptica, contemplativa e impía:
Se queda con ser motivo de fantasía;
fantasía que sabe, por sus propias ordinarias condiciones, absurda.
Se queda con mantener diestramente el secreto y, despidiéndose misteriosa, acariciar la cabeza de sus adictos alegando una trama argumental casi poética (casi patética) de diferencias irreconciliables por la cual el goce sólo conduciría a la destrucción de los personajes al final. (Nota del trad. : Otra piba aburrida, temerosa del fracaso).
Ante tan nauseabunda realidad, es mejor empujar a los fieles por el trampolín de un amistoso “adiós”, y seguir leyéndose, oral, yéndose, con un zarpazo de barco que se lo lleva todo.

Ley Nº 384 art. 3: Para ser deslumbrante NUNCA revelar el artificio.
(En el margen derecho se lee, en tinta azul: “inolvidable”. A continuación, una carita feliz)
Sabe que no será su mano receptáculo de un mechón de pelo que huela extraordinario, “No, piba. Podrías tomarlo con los dedos equivocados y ser motivo de frustración ajena”.


Abandonada gentilmente la praxis a los otros, procederá a escribir cómo las manos son inútiles, ¡Ni hablar de los mechones de pelo aromáticos! ¡Insolentemente frágiles! Mejor para precipitarse es la carpa literaria de cuatro patas a la que se aferra, como colgada de la rama de un cerezo-vientre privado de posibilidad frutal.
Y cuando por fin su piel no sea más que cuaderno y se le terminen las palabras, le sonreirá una vez más al relato de las decisiones, como una amigable intrusa en “la vida”, homenajeándolas humildemente.

(telón)

La resma Ledesma se acaba,
y las putas hojas no hablan de nada.

A la piba de papel las horas se le pasan.

20/08/09

Siesta

- No encuentro la posición…
- Yo puse las manos arriba de la panza.

Plaza Armenia está siempre llena de chicos, aunque sea jueves. De a ratos viene un olor a caca de perrito con tierra, pero uno se acostumbra. Ya casi llega la primavera, o por lo menos eso anuncia el sol que pica un poco en la cara. Aún así, el clima no permite todavía sacarse el suéter, aunque se llene de pasto. Todavía siento el helado de chocolate con almendras en los labios. Hay un desnivel en el suelo hacia mi derecha. Unas rejas y más allá, demasiado cerca, Nicaragua y sus taxistas que se saludan.

- Yo también puse las manos arriba de la panza, pero la panza me creció tanto este año que los brazos se me caen a los costados. A ver. Quedáte así. Sí. ¡No! ¿Qué te movés? ¿No ves que me agarra la neurosis? Ahí va…

No me es difícil dormirme al sol. Es más, el naranja de los párpados cerrados me induce al sueño. Decido que es más cómodo ceder y mover la cabeza hacia mi derecha, aunque anule la posibilidad de que la piel pierda algo de su blancura invernal.

- Che, despertáte.

La odio un rato, después comentará que dormí más de media hora. Sin abrir los ojos, escucho voces cercanas de chicos jugando. Quiero preguntarle por qué me despertó, y en cambio digo “Se fue el sol. Matá al nene”.
Sin mover la cabeza pero esta vez abriendo los ojos, veo al nene mirándome con la cara más seria que alguien de 5 años puede poner. En verdad, tal vez tenga 3 o 7, nunca fui buena con las edades.
El nene estaba demasiado cerca, y ahora implora que retire la orden que impartí a mi amiga. Me da lástima haberlo asustado y quiero sonreírle, pero me paralizo cuando veo que los padres están todavía más cerca que los chicos.


- ¿Qué onda? ¿Nos vamos?
- Si, volvamos y hagamos unos mates.

Sincronizadamente miramos a los nenes, a los padres y nos miramos a nosotras mismas. La complicidad es grande. Las dos nos reímos, es bastante desagradable para los padres ver a dos chicas cirujas llenas de pasto y de ojos hinchados pidiéndose mutuamente matar al nene. Al mismo tiempo algo me dice que esos cuarentones extrañan estar tirados en esta alfombra verdosa y se avergüenzan de habernos despertado.
Nos levantamos de a poco. Yo me vuelvo a tirar dos veces, remoloneando como si estuviera en la cama.


- Mirá como se besuquean esos dos. Ésa, la del uniforme. Que están acostados. Ahí.

No me quiero levantar, apuntando a la pareja busco una distracción para mi amiga. Miro a la colegiala una y otra vez. Él parece contarse los nudillos de la mano derecha señalándolos uno por uno, probablemente acompañando el conteo con un relato estúpido, besos intermitentes y sonrisitas afeminadas.

- Estás envidiosa.

Prefiero cuando manejamos implícitos, pero sí, un poco. Ella me acompaña:

- Mirá, ahí hay otros besuqueándose.

Nos ponemos el tapado. Claramente no nos sienta bien el tapado después de una siesta linyera desmoronadas en la plaza.
De camino a casa, tenemos que pasar frente al banquito donde la segunda pareja avistada juguetea. Como escudo y como siempre, le pido un cigarrillo. Ella tarda mucho y, sin saber bien cómo, pasamos delante de la pareja sin crisparnos. De alguna manera encontramos algo más interesante de qué hablar.

05/08/09

Doce

Pronto no quedarán sino personas y cosas inofensivas,
lastimosas y desarmadas en torno a nuestro pasado,
tan sólo errores enmudecidos.*


Camino rápido, con el cigarrillo semiprendido en la boca, con un brazo rígido aferrada a mi mochila y con el otro extendido, agitándolo, mirando suplicante al conductor del 12. La mala predisposición para abrirme la puerta me es indiferente, sólo quiero sentarme y escuchar música. Deslizo las monedas obedientemente y, como una máquina tragamonedas, siento una gota de sudor que cae por mis lumbares. Imagino como la gota diligente se disuelve, rozando la cadera, entre las fibras de mi jean.

Sé, porque es rutina (y de las rutinas se aprende poco, pero se aprende) que en una de las tantas cuadras que haré saltando en mi asiento amortiguado de cuero identificable, te voy a recordar. Como siempre será una sola policromática imagen que se repite una y otra vez, yuxtaponiéndose, como un dibujo animado inmóvil. Hace tiempo que la animación dejó de tener sentido, que tus caras se superponen con un sonido de ametralladora continuo y seco que me indica que el tiempo en el cuadro transcurre, pero las figuras estáticas, aunque vivas, siguen interrumpidas. Si intento detener el movimiento del papel el efecto es devastador: tus rasgos comienzan a hacerse borrosos, y se me escapan. A veces a esto le sigue un baldazo de alivio, alivio de no verte; pero la imagen obstinada vuelve a emerger y con ella sus multiplicadas facsímiles infinitas, una sobre otra, a velocidades cinematográficas.

Comencé hace unas semanas el segundo experimento de extirparte de mi vida, por lo menos de mi vida cortada como un bife, es decir, de mi vida cotidiana. Esta vez, a diferencia de la anterior, opté por no informártelo. Tal vez así si fracaso no tendré que verte verme fracasar.

Algo me dice que todo funciona “de pelos”, porque hace dos semanas que, al subirme al 12, el recuerdo-cuadro yuxtapuesto una y otra vez es el mismo: no varía, no me toma por sorpresa. Supongo que sería natural decirte que no es ninguno de los repugnantemente tristes y, si lo pienso en el conjunto, es de los menos significativos: Es (como creo no podría ser de otra manera) el primer día que decidimos, por arte de tu inercia y mi escepticismo, dormir juntos. Nos veo, mientras el 12 toma Gallo y dobla en Güemes, buscando a pie un Bar, a esa hora de la madrugada en que los bares cierran, y mirando de refilón a nuestro amigo en común que se va después de las primeras tres cervezas, semidespidiéndose, extrañado un poco de las circunstancias. Una y otra vez pienso en tu cara esa noche, cuando tu risa de dibujo animado no significaba nada; pienso en mis gestos aturdidos cuando todavía no significabas nada y en las ganas de que duermas en mi cama sin que signifique nada. Como verás, en estos días fui reviviéndonos rebobinativamente, siempre hacia atrás, siempre al primer gusano, primitivo y superficial.

Esa madrugada es mi último recuerdo recurrente, al que algunos días me abrazo como el último tablón de este barco que se hunde. Lo que pasa es que, a veces, dejar de extrañarte se siente como un delito, y la angustia que se robó tu forma cuando dejé de verte pasó a ser un refugio, escudándome de otras nuevas y amenazantes tristezas.
Mejor malo conocido que siento volando.

Te escribo para contarte que ya me olvidé del resto. Que no me acuerdo siquiera qué tenías puesto. Ni sé más de ese día en que quisiste exhibirme a tus amigos y olvidé sus nombres. (No olvidé así sus caras. A decir verdad logré saludar a una parejita hace poco en una plaza).
No me queda ni siquiera la imagen que me acosó en los días más fríos, imagen cruda, escarchada de julio, tiritante de palabras huecas. Sigue siendo gélida, sí, pero inaccesible. Me gustaría explicarme mejor: es que ya no siento palpitante mi desnudez de arterias verdes pegada a vos y vos pegado a tu instrumento; ahora solamente nos veo a los tres desde la ventana descomunal de tu casa, como una película que de tantas veces narrada olvidé. En estas últimas semanas llegué a dudar si alguna vez hubo un lapsus en que nos besamos cada día realmente; si es verdad que a la tarde nos invadían rayos de luz de la plaza, cacheteándonos el sueño; si es verdad que me gustabas tanto.

Solamente subo al 12 y me veo una y otra vez jugando en ese primer Bar, con mis dedos en las órbitas de tu oreja, fisurando la posible amistad, presentando mi orden de allanamiento para registrarte, a ver si de una buena vez querías besarme. Invitándote a dormir, sin jugar todas mis fichas; más bien incendiando el casino. Jugando con fuego, le dicen. Uno nunca se da cuenta de los desgarros irreparables que puede provocar el fuego en la cabeza.

Después del Bar, en el 12 no hay nada. Fue otra mina la que en estos meses respiraba entrecortado cada vez que sonaba el teléfono sabiendo que no eras vos; no estoy segura tampoco de haberte llamado, ni quiera sé el número de tu casa y mucho menos en qué piso vivís. No recuerdo el color exacto de tu pelo, ni qué tono de rosa tenía mi cara cada mañana en tu espejo. Me cuesta pensar que fue mi cuerpo el que lloró varias veces al ritmo de tu respiración dormida, contemplándome, patética, patrullando mis próximos movimientos heroicos. Si no es autodesctructivo, man, no es amor.

En este tiempo tan íntimo como reciente, deambulé avanzando de espaldas día tras día, volviendo de a poco al Bar, recreando uno a uno todos esos minutos humanos en el camino. Este rebobinar liberador me acarició la espalda y, de manera inversamente proporcional, cada imagen que me abandonaba tras mis pasos me acercaba más a ese día de pub barato, gusano primitivo que hoy me queda, recuerdo suelto en el bolsillo, dispuesto a que lo consuma en tres pitadas.

Tengo que confesar que ya no me acuerdo de las últimas lágrimas de otoño en un banco de la plaza mientras los chicos aspiraban pegamento y los perros cagaban desechos calientes sobre el pavimento. No podría decirte con qué ansiedad en otro tiempo bajaba en el ascensor para encontrarte. Ese día de calor, con la camisa en la mano y, con el sudor centelleante, pegado a tu instrumento; la verdad es que olvidé, como olvidé lo que quería decirte cuando nos alejamos, esa palabra mágica que te haría extrañar mis chistes rancios y mis desayunos miserables. Esa palabra irreal.

Hoy solamente está la mueca de nuestro amigo yéndose del Bar inaugural, mirando nuestro primer beso, un poco atónito, un poco aburrido. Sólo me queda ese Bar de Corrientes (ya sé que está en otra calle, ya sé que nunca más lo vi, que ese bar es un enigma; pero decidí llamarlo así). Estamos nosotros, desconocidos, dándonos la mano como quien no quiere la cosa, pateando las 6 de la mañana de ese invierno lamentable lleno de candelas urbanas que nos guiaron en silencio a despedazarnos un rato.

Ese es el último cuadro, el que me queda. Y un día de estos, sé que voy a perderlo también, entre los rebotes de mi asiento de cuero del 12, entre el tabaco suelto en mi bolsillo. Sé que distraída tal vez meta este recuerdo con las monedas en la máquina de mi 12 rutinario, y convertido en boleto no te vea nunca más. Aunque me de pena. Aunque lo sienta como un delito. Voy a verme desde arriba, como si fuera otra, besándote en el Bar de Corrientes. Incendiando el casino, invitándote a dormir. Hasta podría eventualmente sonreír.

Quién dice, tal vez uno de estos días me bajo del 12 después de ver tu nombre escrito en el último asiento, preguntándome quién carajo eras.

* Si está mal citado, es culpa de Iacobus Tarqui. (AL)

29/07/09

Tristes ocupaciones

(Hoy: Nada de literaturnost. "The surreal real life")

He pasado los últimos días bastante ocupada, cosa sorprendente ya que fehacientemente he descubierto que la trascendencia de cualquiera de las ocupaciones que he tenido en mi vida no ha pasado de ser una trascendencia de unos meses, récord. La materia que tengo colgada hace un año y medio dejará de trascender cuando la rinda, eso es claro, por lo que no cuenta. Es por eso que estar ocupada es algo que encuentro generalmente bastante estúpido, con todo lo que implica el término, por lo que prefiero reformular mi primera frase (al mejor estilo Masliah) por la siguiente: He pasado los últimos días bastante entretenida y alejada de mis divagues masturbatorios espirituales/mentales, no siempre escindibles.

En fin. Hoy, después de estos días que en un lapso ya determinado de antemano olvidaré, prendí la televisión. Mi voluntad de cambiar de canal se vió afectada por la medida inabarcable de la distancia a la que estaba el control remoto, y mi voluntad de ver televisión por la voluntad de la televisión misma. O por la que tuve la última vez que la prendí, donde sorpresivamente decidí ver un canal de aire.

Ví entonces, con la boca llena de comida china (chun-za-mien-feng-shui), una entrevista a dos españoles que visitaban la argentina. Un título que no pude retener bien, me introducía en el tema: era algo así como “turismo sexual”. El entrevistador pregunta cómo han conseguido nuestros dos visitantes hachís, a lo que ellos responden que lo han hecho trayéndolo. Mientras uno fuma un “peta” el otro sin mucha delicadeza arma dos imperfectas paralelas líneas blancas de cocaína sobre una edición de Emecé de “El Aleph”. El entrevistador pregunta si saben lo que Borges representa para los argentinos (yo sonriendo también me pregunto "qué representa Borges...") y el español de camisa negra contesta algo como “pues un punto en el mundo”, mientras jala la primera con mucho arte, y con un cartón enrollado. Seguidamente invita a su amigo, el gordito que fuma hash.

Paso siguiente: van a un boliche y gracias a las cámaras el gordito logra besuquear a dos o tres mujeres, que entre todas casi juntan la cantidad de piezas que exige una dentadura, y una buena cantidad de agua oxigenada en las melenas rubicundas, color franela. Aros en el ombligo, tantas veces salivado, con brillantes; pieles morenas en pleno invierno y transpiración en el bigote mal depilado son las delicias del gordito que mira a la cámara y exuda una que otra frase halagando la belleza argentina. Hay algo en mi arrogancia que me impide sentirme parte de ese halago.

Un hombre que se dedica al turismo habla intermitentemente de cómo los extranjeros le preguntan por “las chicas”. Se parece, más de lo que puedo soportar, a Caetano Veloso, y paradójicamente su apellido es Galoto, una especie de garoto en japonés. Su discurso es más cercano al del Excelentísimo que al de los dos españoles. Aún así, lo que me repele del conjunto es saber que el productor del programa crea que está mostrando algo único e irrepetible, como si cosa así pudiera hacerse. Me repito, a falta del productor para decírselo: Nada tiene más carga significativa que lavarse los dientes. De ahí en más, se vive.

Decido apagar la televisión y hacer un mínimo esfuerzo, maniobrando con el tenedor y las páginas, por volver a la lectura. No puedo decir que una cosa tenga más carga ficcional que la otra, pero prefiero imaginar que en el libro la fiesta no sigue mientras tanto yo no siga pasando las páginas. Tal vez por eso el mundo sea menos mierda cuando está escrito.

22/07/09

Capelletinis Verdes en el Trono

Los chicos verdes sí que sabemos de moho. En nuestra salsa.
Miércoles 22 de julio de 2009. Algo pasadas las 22.00. Chico Verde (Zql) y Ombligo Verde (OV) y la aventura cibernética de sus vidas. El mundo peligraba.


OV: ayuda!!!!
OV: tiré un plataso de capelletinis mohosos al inodoro y lo tapé!!!!!
OV: el moho los vuelve goma!!!!
OV: que hagoooooooo????
Zql: sopapa
Zql: por que hiciste eso?
OV: no me preguntes cosas que no nos van a llevar a ningun lado. praxis praxis praxis
OV: no tengo sopapa
OV: tirame otra chance
Zql: sopapa o un alambre destapacaño
OV: alambre destapacaño???? me estas cargando man??? que es eso???
Zql: algo que evidentemente tenemos los campesinos del conurbano solamente
OV: y, cagan duro en el sur, no?
OV: che que mierda, sabés?
Zql: en realidad se tpan los caños de la calle
OV: la vecindad me hace el poto si tapo las cañerías
Zql: tenes que buscar una vara flexible y dura
Zql: plastico sirve supongo

OV: no no eze, no se fueron por el inodoro (ahí claramente me chuparía una teta). la cosa es que si ahora hago pupu, la termino de embarrar....
OV: este... literalmente....
OV: entendes? esta ta-pe-te
OV: tapado
OV: una vara...
OV: a ver…
Zql: o sea, no se terminaron de ir por el inodoro
OV: claro claro
OV: se ven un poco
Zql: algunos entraron, se apelotonaron y te lo taparon
OV: no sabes el humo que larga el moho! lo sabias?
Zql: si los reducis con una vara y tiras algun quimico destapacaños deberias estar bien
OV: de repente plim cuando lo tiré por el hueco empezo a salir un humito verdoso!!!
Zql: casa de articulos de limpieza
Zql: jajja, hacia cuanto que los cocinaste?
OV: si... le echo una lavandina superpotente
Zql: liquido destapacaños
OV: estaban ahi hace mucho... estaban de mucho antes de que comieramos nosotros capelletinis
Zql: no es 100% efectivo y es re toxico, pero vale
Zql: jajajaa
OV: ¿? pero no tengo eso che, vos te me hacés el mr músculo y yo lo unico que tengo para echarle es fernet vittone (lo más toxico que hay en casa)
OV: ahi vengo
OV: voy a intentar algo delicado como desconectar una bomba de protones
OV: mission accomplished: los extraje con mis pequeñas manos introduciendome a los tenebrosos recovecos del inodoro
OV: oh yeah.
Zql: jajajjajajajaa
OV: no more capelletinis in my shit
OV: jajaja me voy a comer
OV: volveré
OV: (me voy a comer los capelletinis)
Zql: seguro que esta actividad te abrio el apetito
OV: si, claramente. faltaba un gusanito....

09/07/09

Polifonía II

I.
(Laura)
“Con los labios entreabiertos, fascinada, me descubrí mirándome al espejo y comprometiéndome a llorar. Hace mucho que no lloro. La necesidad de lágrimas me supera, y tengo la habilidad de saciarme. Sólo enfocando mis ojos, y mi imaginación, hacia mi propia mirada (no las pupilas, no las pestañas; la mirada), descubro algo ahí, un espacio neutro que me angustia. Nunca se va, siempre está ahí esperando anhelante a que, cada una estipulada cantidad de espacio-tiempo, la contemple, le de forma de pera y llore. Es una mirada que me dedico a mí misma, pocas veces descubierta por terceros –o segundos, en el más racional de los casos-. En el encuentro mis facciones anticipan una mueca de derrumbe, un abismo de sinsentido que amenaza con hacerme perder entre las sábanas algunas semanas, sin ver nada más que las líneas imperfectamente paralelas de la persiana, sin sentir más que mi mano rozando rítmicamente mi entrepierna, en posición fetal, confundiéndome con las montañas de ropa linda abandonada en la cama. Lo que me hace llorar no es ese estado de resaca emocional, sino la pelea contra ese abismo de frazadas: la caída al vacío no significa más que un alivio, una renuncia: la entrega total al derrumbe. Lo que me hace llorar tal vez sea el sinsentido de la pelea contra el vacío, contra lo neutro de consentir a la vida. Ese secreto neutro es un caudal de lágrimas”.

II.
(Carolina y Agustín)
- ¿Qué vale más que una despedida? Es lo único que puede acercarse a una mínima noción de futuro. Es un efecto, una sensación de reencuentro. La imposibilidad del futuro, la sensación de imposibilidad del reencuentro momentánea es efecto de futuro.
- ¡La inminencia del beso! Eso sí que tiene futuro en sí misma, es intrínsecamente una promesa de contacto, aunque dure poco. Es la única promesa entre dos personas que puede sostenerse.
- Es que no existe, el beso no es futuro. Y ahora que lo pienso la despedida tampoco. Muchas veces cuando me despierto tengo una sensación de que reacciono con tres segundos de retraso a los movimientos de mi cuerpo, y me doy cuenta que eso es lo más futuro que tengo, el cuerpo que se traslada por inercia. La inercia es futuro. Y el futuro en la inercia no es más que un presente diseccionado.
- ¿Y el pensamiento? ¿No es futuro? Es potencia. Me mareo.
- La muerte. La muerte es el futuro. Pero seguro ya lo dijeron muchos pelotudos antes que yo. ¿Vamos a casa? Me está dando frío.

III.
(María)
Estiro las piernas, muevo el brazo dormido y sonámbulo. Vibrante, empieza a despertarme desde el codo con sus cosquillas. “Brazo de mierda”, pienso con los ojos cosidos. Giro y me reinstalo boca abajo en la cama, ahora más fría, por mis movimientos violentos. Pongo la almohada en mi cabeza –las manos sobre la almohada y la manta hasta cubrir las manos-.

Seguidamente recuerdo, y siento la náusea de abismo en el pecho. Tuerzo la cabeza hacia la izquierda para cerciorarme de mi realidad maldita y lo veo, haciéndose el dormido, con cara de llorar. La puta que lo parió.

Hago el esfuerzo, le sonrío, simulo quedarme otra vez dormida. Los dos siempre consentimos en actuarnos, más por su integridad emocional que por la mía: en nuestra obra no asumo emoción alguna. Esto claramente no podía acontecer de otra manera, para eso vivo. Primer acto: estoy soñando ya, y él probablemente tenga esa mueca de resignación que lo caracteriza. Se siente más hombre así. Duro y rendido.
Angustia. Me doy cuenta que, aprovechando el simulacro, una mano decidió pararse en mis lumbares; no lo consiento. Quiero pegarle con cien años de soledad en la cabeza, pero me levanto precipitada y torpemente, y me voy al baño: diplomática, acabo de señalizar la dirección de la situación.
Andáte de casa, que yo me quiero matar.

23/06/09

Uno viejito... (de a dos también)

Situación: a punto de rendir el final de literatura argentina II (alguna mañana de julio del 2008), J la gata y el Ombligo deciden no repasar ni un poquito y jugar un jueguito... "yo digo una palabra, vos agregás otra y así, a ver quien recuerda más". Despues nadie quiso ganar y nos recordábamos como venía la cosa cada vez que alguno metía la pata. Todo porque nos estaba gustando lo que hacíamos.

Hace poco encontré el papelito, que prometía hacerlo escapar del olvido, perdido entre mis cosas. Y creo que para no perderlo otra vez nada mejor que hacerlo vox populi.

Untitled

"Casa tomada por extraterrestres imberbes ¡Váyanse! ¡Consíganse cultura! ¡Rompan todo! Caminen sobre cuerpos olvidados en aquella guerra.
No lastimen mi cuerpo desnudo con marcas intelectuales.
No latiguen mis ojos maltrechos, católicos, argentinos con rubicundas melenas.
No laceren esta barbilla puntiaguda con saña carpintera.

Aquí me pongo serio y comienza la revancha. ¿Recuerdan mi intervención afilada sobre la masacre azul?
Bueno, así como las sardinas escapan solas, acompañado de latas regresé flotando, sumergido, incoherente: vacío".

21/06/09

Estrella fugaz

Corriendo con un titán, detrás.
Sobre manchas de alquitrán “y resbalar”.
Sentir de un soplo en la oreja.
En el tímpano de mi fragilidad.
Pero no, no puedo engañar.
Soy la roca volcánica.
Y más.
Soy equilibrista, de los demás.
Sostén, de algo trascendental.
“Una fisura, y…” -me engaño-
“el mundo puede estallar”.

Mañana
voy a querer perpetuar
momentos de debilidad
para forzarme a llorar.
Putita.

Estrella fugaz. De mí, fugaz.
De otros, estela verde que se va.
Un segundo: y reventar. Un segundo.
No más. No pido más.
Por un fugaz, dejar de implotar.
Vomitar. Comida no. Inmundo mundo.
Por un segundo, o un poco más.

Última pantomima, cabaret
“¿que decís? ¡Bailá!”
Dejar de pensar,
Labios flotando de Fernet.
Mueca de angustia fugaz,
¡el artificio! ¿se notó?
Me caigo de espaldas
Me aburro. Me auspicio.
Ya no importa nada, nada más.
“Te voto, Mauricio”.
La reina del ballet,
la que trae un talladet.
La que le atuza el bigote al cafisho.

Me escondo del titán.
Roca del volcán, a cara lavada,
me acuesto con el capitán.
Mi sangre, cuajada. Soy “tan”.
Me acuesto con el sultán.
Y vomito, negra, mi vida pasada.

A cara lavada. ¿me querés?
¿Me querés a cara limada?
¿También? No te creo nada.

Ahí viene el titán, ahí entra:
Me pide que le rinda cuentas.
Me pide que le rienda suelta.
Un segundo, se me suelta
el trapecio, a mí,
equilibrista de los demás.
Y me caí.

Así, tirada en tu subsuelo.

¿Qué mierda mirás? Vos, menta.
Vos, sonrisa de felpa:
tu boca
delta
de una tormenta.

¿No me querés querer, así fisura?
¿Te gusta verme caerme inerme?
La puerta dura, diez puntos de sutura.
Caracoles, un viaje, Finn y Verne.
El finnnn. Al fin verme. A cara lavada.
Caradura, sos un caradura.
Tenés dura la temperatura.
De cabaret, pero carne pura.

Enjuagada la calavera.
A cara desencajada.
A manos lavadas.
Me voy, con el titán, detrás
Me voy, a pagarle al capatáz.
Pero no puedo fugarme
sin armarme para preguntarte:

¿Seguro que no vas a poder
quererme, a cara lavada?

12/06/09

Verano fue (Escrito en dupla)

Camino, como si fuera a llegar pronto, a tu camino. Intersecciones. No vamos jamás a encontrar ese oasis donde bebernos. La vida es a veces tan filamentosa, como si tuviera demasiadas nervaduras donde perderte. Pero aún camino, llegándome ahí, verde. Tengo también yo otro lugar a donde ir, pero es paralelo al tuyo, nada que ver, nada que beber. Por eso creo que las grietas son el único lugar. Donde por fin te pierdo, es allí donde logro encontrarte, vegetal. Tus raíces allá, lejanía; acá mi pelo que se ramifica en tus manos y oscurece como tus manos mis ojos. Deformándote la manera de verme sin beberme. Verme verde. Buscáme, si simplemente vas a poderme sin podarme. Podés verme, ahora. Intersección de nervaduras; encontrarme no es oasis sin desierto. Es tragarnos, fluidos, es arena y morder. Las grietas son el lugar donde volcarnos para regar otros caminos, para descansar las ramas de tus manos en mi pelo y darle a tus hojas un otoño más, última intersección.
Camino como si fuera a volver a la estación anterior. Verano fue quemar tus naves, tus hojas y mi pelo. Ahora ya no hay más que esperar.




Noctambulismo productivo: O. V. y Zarpullido de papel insomnes juegan cadáveres tramposos para remar sobre las olas de las horas a-eme, en las que los párpados no cierran hasta las 4 (con suerte).



Foto: "Intersección" A. C. (Tigre, BsAs, 2009)

11/06/09

Inminencia

Éste es el momento en donde la charla se vuelve nimia y las dos sillas paralelas se sueldan. Las palabras ya no tienen importancia: se escucha mal, la música está muy fuerte, las voces se mezclan en un rumor de cuatro tiempos. Aún así se sigue hablando, y -con un poco de delay- se percibe que la importancia de las palabras reside en que se hicieron brisa sobre los otros y propios labios. Es inminente el silencio: la concentración depositada en esos otros labios y el estímulo de las ya cada vez más entrecortadas palabras que parece soltar, bloquean cualquier tipo de intento elocuente de conversación. Hablar. No importa de qué, pero hablar. Mantener esa brisa, la que franquea la boca con un perfume de Menthos y alcohol, que no cierre la boca jamás.

El acercamiento acompasado de los rostros es de una lentitud que hace de los movimientos un deslizamiento imperceptible a los ojos de los cuerpos lejanos a esta corriente dócil, la que, con su intensidad creciente sobre la piel, rosada y entreabierta, es prueba empírica de la proximidad progresiva.

Incertidumbre. Silencio. Uno se decide, elige contar un secreto, y a pesar del volumen de la música y la poca atención de los cuerpos que enmarcan la mesa, que hacen de la siguiente acción algo claramente, en términos comunicativos, innecesario, pone su boca en el lóbulo izquierdo de su Otra. Es un secreto que requiere respuesta, es un diálogo secreto, vegetal. Otra responde al secreto con una nueva brisa en la parte alta del cuello del Uno, y una risotada final eriza el vello de éste último. Al retirarse roza con su mejilla la mejilla y desliza una palabra extraordinaria que brinda un nuevo soplo cálido de Menthos a la boca de Uno.

Uno ya ha tocado reiteradas veces con su mano la cintura de Otra. Otra la recibe con entusiasmo, deslizando suavemente su cuerpo un centímetro hacia Uno para que la mano calce exactamente donde las manos deben ajustarse. Esta vez, Uno no retira su mano. Otra no retira su cuerpo tampoco, y decide, cansada, subir las piernas a la silla de Uno, amigablemente, haciendo una imperfecta cruz con las de él, ahora rígidas. Más risotadas. Lo más agradable de la situación, es la proximidad de sus torsos. Es evidente que Uno no está cómodo pero un insistente imán atrae el pecho de ella a la parte baja de la axila de él. Otra podría dormirse horas en esa posición. Que nunca cierre su boca. Jamás.
Ella sigue hablando. Él cuenta los tiempos de las exhalaciones entre palabras para robarse su respiración.

Me encanta esta canción.

Silencio. Inminencia. Otra abre la boca y fija la mirada en Uno, acerca su frente hasta tocarse con la de Uno, une el lado izquierdo de su nariz al derecho de la nariz de Uno. Su labio superior acaricia el de Uno. Sus dedos se pierden detrás de las orejas endurecidas de Uno, portales de los recibidores que ya no escuchan los cuerpos chocando, la música, la masa acústica uniforme y acompasada. Uno, con el tórax lleno de aire, apenas logra enviar una señal a su diestra que aprieta la cintura de Otra. La otra mano ha muerto, a su izquierda, a pesar de los insistentes intentos de resucitación.

Otra dice me gustás. Otra dice me gustás mucho. Otra dice ¿No me vas a dar un beso?

Todo lo que Otra dice se codifica en leves roces en los labios de Uno, aturdido, que sólo puede perderse en los ojos de Otra que se unen y separan por su proximidad inquietante. Otra no es más que código Morse desarrollándose en su boca, exigiéndole la praxis inmediata. Exigiéndole que zambulla su mano izquierda, ahora inerte, en el peinado delicadamente tallado de Otra.
Uno comienza a respirar, inhalación que en un principio es disimulada y culmina tres de los prolongados segundos después, explotando con un resoplido que peina el flequillo de Otra hacia atrás y descubre sus ojos húmedos expectantes. La mano izquierda de Uno revive, agarra fuerte la muñeca de Otra; sus otros cinco dedos se pierden bajo la camiseta de Otra, presionando, ésta vez sin contarlas ni multiplicarlas, las lumbares ahora dóciles. Uno abre la boca y mira fijamente a Otra. Otra contiene el aliento, pisa el trampolín cerrando los ojos. Ya está, ahí están, se ven desde lejos. Un pequeño salto, y comienza la caída.

06/06/09

Ultimátum (Tienes un e-mail)

Viernes 23, 21:45

Hola amor!!! Como estas? Yo recién llego de laburar, me aumentaron el sueldo! Vos que siempre decías que me lo merecía y que era una pelotuda por no pedirlo. Por acá todo bien, hoy empecé a pintar el depto, está quedando lindo, amarillo, como vos querías. Ayer en el parcial me fue bien, la verdad no veo la hora de terminar la Facu.. bueno, me voy yendo que estoy apurada, tengo que hacer las compras antes que cierre el chino. Cuidate, mañana te cuento más….



Sábado 24 23:51

¡que mail cortito te mandé ayer! Perdonaaaame! Hoy es Domingo, bah, casi. Faltan diez minutos. Está bueno pensarlo Domingo, porque siento que pasé un día (sábado) sin escribirte, no?
No, ya sé que no… pero bueno, de alguna manera vos habilitaste este espacio cuando me dejaste… o por lo menos nunca me contestaste indicándome que te molestaba que yo siguiera escribiéndote… no te voy a decir que no esperé en un principio una respuesta, qué se yo… sé ahora que el hecho de que no me contestes, para mí, tengo que admitir, terminó siendo un alivio, y tu casilla un lugar donde depositar todo esto que día a día cargo, aún los días en los que vengo cansada, y no tengo muchas ganas de escribirte, pero decido contarte que hice en el día, para que no te falte algo mío. A veces igualmente no puedo evitar pensar en que dejaste de usar este mail, a veces porque se te cerró la cuenta, otras pienso que será porque te cansaste de mí. Ya sé que no tengo que pensar así, sino, me hubieras dicho que la corte, no? Una vez, antes de que te vayas… dijimos que teníamos que ser sinceros… así que probablemente, hoy, nada más no quieras responderme. No voy a indagarte e indagarme sobre las razones de tu silencio, prefiero dejarlo librado al día en que respondas. A veces, también, me da miedo que respondas, capas sea el fin de este escribirte día a día, y no sabría que hacer… estos diez meses, desde que te fuiste, fueron un infierno, llegar a casa y sentarme frente al monitor es un alivio fabuloso.



Domingo 25 15:00

La semana pasada no te conté algo porque estaba un poco enojada, pero ahora me siento mejor como para decírtelo. Ví de espaldas a un chico muy parecido a vos, hasta tenía tu misma campera y una mochila negra como la que te regaló Luis para tu cumpleaños. Iba con una chica, de la mano, riéndose. Yo tenía la ventana del colectivo abierta, y hasta creí escuchar tus carcajadas. Estuve varios días muy mal, pero bueno, como verás trato de no hacértelo saber, porque sé como soy, así de celosa… y ahora bueno, claramente me doy cuenta que fue todo mi imaginación, es obvio que estás muy metido con el trabajo, o eso fue lo que me dijiste cuando te fuiste para no volver. ¿Para qué dudar de vos? Si siempre dijimos que seríamos sinceros. “La sinceridad ante todo” decías.
Hijo de remil puta eh, y la reverenda concha de tu madre… bien que tuviste cuatro o cinco excusas para no haber sido sincero cuando te curtiste a Micaela no? No? NO? Que no querías decirme la verdad antes de saber cuál era la verdad, que necesitabas espacio, que la pija en la punta del cerro Castor.
Perdoname, que se yo porque me pongo así… pensé en borrar la línea anterior, pero no sería sincero de mi parte… Mejor me rajo un rato, mañana te sigo escribiendo.


Lunes 26, 22:38

¿Qué hacés? Yo recién llego del laburo, estoy agotada! ¿Cómo va todo? Espero que bien, yo acá ando, quedé un poco mal por lo de ayer, no sé como te mandé ese mail, que pelotuda que soy… pero bueno, te repito: creo que no puedo ocultarte ninguno de mis sentimientos.
Hoy un compañero me invitó un café, y acepté. No te pongas celoso, te lo cuento porque creo que, aunque ya no estemos juntos, nos queremos y queremos lo mejor el uno para el otro. Estoy contenta, es el primer chabón que miro desde que te fuiste, y por un rato me sentí muy bien. Espero que no te haga mal lo que te cuento, sé que es difícil, a mi se me hace complicado soportar la idea de que tal vez hayas conocido a alguien. Igual, creo que si así hubiera sido me habrías escrito algún día para contármelo, no? Siempre decías que había que ser sincero… así que bueno, mucho más para contarte no tengo, estoy con un café en la mano, fumando, escuchando el cassette de lentos que teníamos en el auto (siempre lo pongo para escribirte). ¿Estarás leyéndome? Desde el viernes me quedó la imagen grabada de tu casilla de mails llena, todos sin leer, y vos allá, en tu nueva vida, lejos de todo esto. Ojala tu nueva vida sea hermosa, y ojala a mi me espere buena vida también, aunque por ahora no hago más que extrañarte, diez meses extrañándote. ¿Qué son diez meses al fin? Se terminó el cassette y ya me estoy llenando de pensamientos tristes, mañana sigo…



Viernes 30, 21:32

Holis! En cual andás? Perdoname que no te escribí en estos días, que raro, no? Es la primera vez que paso tres días sin escribirte… es que estuve con varias cosas y bueno, tampoco es que me vas a extrañar tanto. El otro día cuando salí de la facu me crucé a mi compañero de laburo, y nos fuimos a almorzar. Estuvimos charlando como dos horas, después nos fuimos a caminar por los bosques de Palermo y nos terminamos metiendo en un cafecito hasta las 8 de la noche. Me contó de su vida, el conté de vos, aunque no de los mails. A veces me da mucha vergüenza esto que hago de seguir escribiéndote, y mucha más contar que desde que te fuiste nunca recibí un solo mail en respuesta. Siempre termino diciendo que vos y yo tenemos muy buena relación. No sé si es una mentira, che, al fin y al cabo tal vez ahora estemos un poco distanciados, pero bueno, son momentos de desconexión, eso no significa que no nos llevemos bien, no? Che me voy yendo, estoy un poco cansada de tanta charla hoy, y tengo que cocinar todavía, un beso grande, que andes bien. Cuidate.



Jueves 5, 23:03

Álvaro:
Otra vez pasé días sin escribirte… esta vez más. Es que tuve muchas cosas en la cabeza, muchas cosas que pensar. Este mail probablemente sea el último, si es que lo logro. Supongo que por lo menos tengo que decirte que voy a intentar que lo sea. Entiendo también que tal vez sí los leas, y ahora que se van los extrañes, pero no puedo seguir esperándote más. Diez meses en esto es bastante, aunque yo también te voy a extrañar. Éste va a ser un paso difícil para mi, tuve que tomar ciertas medidas: vendí la computadora, mañana se la llevan (se la vendí a Graciela, la vecina del D, te acordás?). Me voy de viaje, el mes que viene y por un par de meses, me va a despejar la cabeza. Me voy a visitar a mi compañero de trabajo, que se va a vivir a Méjico, si, es raro, no? Pero bueno, parece que de alguna manera nos entendimos. Es muy duro despedirme así de vos, pero necesito hacerlo ahora, antes de irme. Algún día tal vez, a mi vuelta, me tome el 36 y en un semáforo te vea cruzar la calle con tu mochila negra, y algún otro día tal vez también, pueda saludarte y volver también a escribirte, de otra manera. No me extrañes, sabés que siempre voy a estar de alguna manera pensando en vos, pero la espera me mata día a día, como mis mails. Pensé en despedirme por teléfono (no sé si seguís en lo de tu vieja) pero me pareció que en vez de una despedida iba a ser un comienzo de algo diferente, mejor por acá, por donde, tengo que admitir que así fue, monologué diez meses seguidos. No sé si voy a poder superar esto, lo nuestro, lo que ahora entiendo que ya no está, pero necesito intentarlo. Diego (mi compañero) es un re chabón, y tal vez la última mano que me tiendan antes de que la luz fluorescente de este monitor me consuma. Sé que todo se dio muy rápido con él, estoy igual de sorprendida que vos, ni yo me lo esperaba así, pero siento que es, de parte de la vida, un gran ultimátum. Siento no sé porqué que tengo que jugármela, una vez más, aunque jugándomela todo haya salido tan mal con vos. Él también necesita un poco de atención, y es la primera vez que en todo este tiempo sentí que alguien necesitaba de mi compañía, y eso se sintió muy bien en la boca del estómago. Ojala puedas tomártelo con calma, y si algún día necesitás hablar, no dudes en escribirme, aunque sinceramente siento que estoy carreteando para despegar, y cuando me vuele no sé si voy a poder volver. Ahora da vértigo, pero es lo mejor. Bueno, no quiero que mi mail de despedida se extienda tanto, podría decirte tantas cosas y repetirte tantas otras, pero creo que no hay necesidad, solamente te mando una sonrisa y espero, esta vez de corazón, que para vos las cosas sean y hayan sido, más fáciles.



Jueves 5, 23:04

MAILER-DAEMON@yahoo.com
Asunto: Delivery failure.
Hi. This is the qmail-send program at yahoo.com.I'm afraid I wasn't able to deliver your message to the following addresses.This is a permanent error; I've given up. Sorry it didn't work out.

alvaro_83

:65.55.37.72 does not like recipient.Remote host said: 550 Requested action not taken: mailbox unavailable.



..."please fasten your seat-belts"...