Recuerdo II

Ambas acaloradas, 16 y 17 años. El mentón apoyado contra las maderas del muelle: de panza al suelo, y a través de las grietas entre las maderas se ven los peces. Es extraño, tristeza profunda en un día de verano, día perfecto. El sol como agujas de placer en la curva de la espalda, en la planta de los pies. Levanto la mirada y mis ojos se cruzan con otros ojos verdes que lloran: conozco esos ojos tanto como la mano de mi palma, y hoy no sonríen. La garganta seca de palabras hace días: no sé que decir: aprendo que, a veces, las palabras son pequeñas dagas, y decidimos que con una mirada equilibramos la tarde. Hoy no sonrío tampoco.
Enderezándonos, dejamos que la mirada se dispare al vacío de la nieve en las montañas: el paisaje del sur puede estar tan paralizado a veces. Los pies se sumergen en el lago, las manos sobre la piel de las rodillas, que tomó la forma de la madera: cualquier mínima distracción sirve para escapar.
Ella me ofrece tirarnos al lago: saltar, sentir las estacas gélidas del deshielo como electrochoques de la muerte. No quiero, no me animo.
Ella salta y desaparece en el agua, y tratando de aferrarme de su tobillo para retenerla, caigo también. Ya en la superficie, con la respiración entrecortada y el frío como un combate en el pecho, sonreímos.

Reflexión Corporal I

Piernas y brazos se ensamblan, órbitas en el cuerpo, el estómago cual níspero de agua, los pies entumecidos por la angustia de un andar, de dos andares, de absurdos y escepticismo. Los dedos de los pies ¿de los pies, de las manos? Con las dendritas en posición transversal, demandando un contacto de piel ajena. Se tocan entre sí, tocan la espalda, tocan rocanroles de verano. Vibra el esternón, hilos de guitarra resuenan en la columna vertical, genitales estremecidos por el contacto de sus cuerdas metálicas contra baldosas gélidas. El ombligo, helado, colmado de verbos que se dilatan hasta las extremidades, calientes.
El cuerpo
El cuerpo
Mi cuerpo
De agua, se enrosca como una babosa, ácido de sal en la piel y la muerte que espía bajo la falda.
Mi cuerpo, de caucho, se estira y se chamusca: los dedos de los pies ¿de las manos? Quemando sus últimas dendritas. Ya no es cuerpo, ya no es masa: es bola de músculo, bolo alimenticio de los dioses: cuerpo masticado, vuelto al plato, vuelto a masticar: bolo que viaja por todas las bocas famélicas de carne.
El cuerpo
El cuerpo
Mi cuerpo
De arroz, de manteca, de urticaria, de amor. Mi cuerpo ya no existe, es tu cuerpo ahora.

Idea de entresueño

El sueño enciclopédico
De saberse emancipado
De amores económicos
De cadáveres deliciosos,
De cuerpos exquisitos
No hay un “te extraño” desnudo
Ni manzanas translúcidas de adán.
Solamente un paraíso-pesadilla
De besos sin barricadas
De abrazos sin piel
De cabellos acuosos
De agua azul de los poros.

Recuerdo

Pinamar: Los pies hundidos en la arena y el mar, que viene y se va…. Los berberechos que me miran con un ojito burbujeante que se hunde – me da miedo que bajo la arena se acerquen a mis pies sumergidos y me muerdan, pero ese es un miedo absolutamente delicioso. Tengo ocho años, mi nombre escrito en la arena, dos metros más lejos del mar que yo. Mi abuelo, en una silla de mimbre que le queda chica, me mira. No lo veo, porque estoy de espaldas, pero sé que me mira y eso hace que los berberechos no me den tanto miedo. Mi abuelo, que antesdeayer me regaló Juan Salvador Gaviota, me espera, para que vaya corriendo con mis piernitas llenas de arena y el pelo de sal a acurrucarme en su silla y ver juntos cuál será Juan Salvador: lo descubrimos, pescando solo, cayendo en picada hacia las olas para remontar vuelo y una, otra, otra vez más. La toalla me envuelve y lo único que asoman son mis ojos, mi abuelo me queda grande. Me dice que Juan Salvador Gaviota es metafórico: no lo entiendo, pero decido que me gusta la palabra, porque mi abuelo la dice con mucha seriedad. Siento la brisa en la frente, y el abuelo que me dice “gorrioncito mojado por la lluvia” con una sonrisa enorme de esas que sólo me hace a mí, yo pienso en que la lluvia no es salada. No importa, el abuelo sabe de lo que habla. Me invita a comer un plato de cornalitos con limón y mejillones a la provenzal: sé que la abuela se enojaría, aunque no sé porqué no le gusta que el abuelo coma bichitos de mar, si a ella no le gustan que no los coma pienso yo. Me gustan los cornalitos, él se pone contento cuando yo me como las cabezas, porque dice que eso es tener coraje: me prometió que mañana vamos a ir a pescar nuestros propios cornalitos con medio-mundo, no entiendo porqué no podemos ir solos. Ahora que lo pienso, me gusta estar así envuelta en la toalla, no me quiero ir… pero la idea de caminar apretados de la mano hasta el balneario de Cholo y sus cornalitos me tienta también, porque para subir la escalera a veces el abuelo me hace upa, y además ya me estoy haciendo pis y no me gusta hacer en el mar porque los peces se pueden enfermar, eso dijo mi abuela.

Bueno abuelo, vamos, antes de que la abuela nos baje a buscar y nos encuentre en el balneario, poniéndole limón a los cornalitos.







caballito julipo


Último día de plaza

Espera, mi papá en la plaza:
Sentado, en un banco gris...
Tarde a tardecer, la guitarra.
Equinoccio azul. Hoy aquellas
Barcas nevadas que estaban
Ancladas allí en El Soberbio
Naufragaron.


Murió. Y así todos murieron.

Palermo, corazón en reparación.

Cuatro duendes clorofilescos, ocupados reparando mi corazón reventado, “I need you, I don´t need you…”. Agujeros en los omóplatos, afligidos y sofocados por tanta mochila metálica.

Día de descuentos en el supermercado, preservativos a mitad de precio, guerra de tomates, boicot de calabazas. Empleadas sin primavera en la boca muerden una larva blanca, futura mosca, mientras fijan las pupilas rojas en los códigos de barras. Día del médico en la ciudad, está prohibido accidentarse, y sino a joderse hasta mañana. El diariero discute nuevos planes económicos mientras el ministro de economía se saca un moco de la nariz en un ascensor con la mano perdida en el escote de una estudiante de veintitrés años y dos meses. Día internacional del bacalao, con lo que a mí me desagrada. Varela Varelita, confitería de solitarios, padece por primera vez un fenómeno de testículos estrellados contra los vidrios que le sonríen al mozo sin corbata, sucede hace un par de meses en la ciudad y según las abuelas del té de las cinco es culpa de la juventud. La empleada de supermercado sale a las seis escupiendo la larva a la vereda y se encuentra con el diariero que le vende la tradicional revista de moda afgana. Diariero llorón, no sabe que ella se suicida en cuarenta y cinco horas, y todavía no se anima a pedirle una salida a la plaza bajo la lluvia de genitales jadeantes. El mozo sin corbata morirá de un colapso sexual.

Y YO………….Duendes estúpidos, no logran dar con la avería de mis ventrículos: mi corazón reventado, ah, cosas que pasan. Decido que me gusta así, vivir con la sangre tibia, que baja por la faringe lentamente y tiñe la lengua de amapola, sabor óxido que me genera la ciudad, que me genera la sangre, no importa, un sabor espeluznante, deliciosamente inevitable.






Foto: "Botánico.La primera" María Estevez, Jardín Botánico 2005.
(Anto avergonzada, pero en Palermo al fin)

La ciudad se cierra sobre sí misma

La ciudad se cierra sobre sí misma, el colectivo se derrumba por un agujero negro al ritmo de los amortiguadores rotos.
El asiento, con un resorte travieso, me molesta en la pierna y la mujer de al lado dice ser una niña índigo. Los apuntes de mi última clase de Lorca gritan por ser leídos, el colectivero grita por querer ser el primero en atravesar Rivadavia.
Dos ojitos cerrados de 6 meses se abstraen en un sueño de manzana pisada con yogurt, dos ojos abiertos de su madre se abollan en medialunas negras de trasnoche, que juegan a llamarse ojeras.
Una mujer plástica habla por un móvil y su intento de risita es más bien una mueca espeluznante de dolor, tal vez por mirarse las manos que delatan edad, tal vez por tantas visitas al escultor que se roba la expresión.
Un anciano se babea sobre el hombro de un ejecutivo con cara de luna que a su vez se babea por la mujer plástica, y se babea por dentro.
Sube alguien no vidente, pide monedas, dos paquetas señoras hipopótamas conversan sobre la pobreza en voz de arrorró y le dan unas doradas… el no vidente las mira a través de los anteojos sin que ellas lo noten.
Ceder el asiento, que te cedan el asiento, machismo, feminismo, machismo otra vez.
Un hombre con facciones de monstruo lee a Sartre, la auto referencialidad de la imagen me hace sonreír, pienso en cuánta gente habrá visto la cara de Sartre para reírse conmigo, pienso en cuántas caras me faltan conocer para reírme con los demás.
Dos cuadras y me paro a tocar el timbre, una cuadra, me paro, me bajo. Como anillo bencénico, la ciudad se cierra sobre sí misma.




...

Para los que quieran refrescar la memoria

Jean Paul Sartre (era el amigo simpático)

Balero de rabia rota

La rabia, toda
toda
De saber roto el mundo y no poder
Amontonar las piezas entre las manos sin creerlas polvo
De jurarle olvido a los desenfrenos y volver
Aunque tu desenfreno sea por suerte uno solo
La rabia sola
sola
De intentar gritar justicia y no tener voz
extender la mano y que te muerdan el brazo único
De tener de flores los ojos, de sangre la tos
Padecimiento de los enfermeros, film de fin súbito.

La RABIA ROTA
rota
Por la gracia de tu risa y tu resistencia
Rota por tus pensamientos de corte astral
Por dar, y sobre todo dar a conciencia
Y también, por tu ímpetu de amistad, visceral

Lo lograste




Instrucciones Para Enamorar-Se



Atravesar el magma tabú que aplaca,
saber lo directamente proporcional:
“a mayor ausencia mayor apetito”.
de alguna manera consentir

Romper con las reglas
por una vez
y mirar
con una lupa
cada célula
de su piel;

Armonizar todos los deseos
en infinitivo,
como operaciones en clave cons-tan-te,
actos eternos: abrazarlo, y también abrasarlo.

desperezar-se
encima suyo
como en un baño de inmersión,
como en un baño de lana.

relamer-se
antes de golpearlo
después
imitar una cara de liebre
para saltar encima suyo como una serpiente

enroscar-se para siempre en su cintura

y apretar, apretar
apretar.

Convulsión de crueldad y gerundio

La Arena desgarrando

Como seguir la curvatura de tu espalda
Con los dedos llenos de vidrio
Lastimando

Las Palabras exprimiendo

Como un contacto que enciende la garganta
Con la abertura de la boca llena de humo,
Masticando

Los Tímpanos entonando

Como trizarte los dientes con mi beso
Con los ojos colmados de lago
Gritando

Me gusta maltratarte, tanto como se te antoja que me deslice como una serpiente escapando de tus caricias. A veces te hago caso, y a veces me gustaría quedarme, desplegarme como un gato para entretenerme con un segundo de tu cursilería. Quiero rasgarte.

17 Rupturas Acentuadas

No me probás
No me gustás
No me gozás
No me gustás
No me rozás
No me gustás
Los minutos no corren, pero se van, y te sigo detestando
...y tus palabritas idiotas de Drácula senil y oloroso...
tu boca llena de espuma que me silba aceite
tus ojos que lanzan abejorros hirvientes
las mejillas como carozos de carne
nariz torcida que gotea sangre
espero, si, que mueras...
que te desangres
de palabras
ahora
V

Antropofagia

A las nueve y media una mujer se inyecta un café, miércoles de mañana
Dos electrolitos verdes en la mesa de enfrente siguen el movimiento de su boca
Él la mira, la reconoce, no se anima a prender su generador
Ella lo mira, se desabrocha un botón más de la camisa.

A las diez, los ojos jugosos emiten rayos ultravioletas
La boca se tuerce, el rostro descompuesto, ella se eleva
Contacto de hocicos de veintidós segundos, él grita y se derrumba

A las diez y diez ella se sienta en el tercer asiento a la derecha del 152, saca un pañuelo descartable, de los más económicos, y escupe el labio inferior que le arrancó como recuerdo. La mujer sonríe todavía con sangre en la boca, dos nenas se asustan y el colectivero se alegra, tradiciones de la capital.

Pacto acentuado

No te enojes si me sonríe tu boca, hay semanas en las que sabe cautivarme.

Y si te busco, un día que llueve, que no se te aplaste el pecho por gritarme que sí, que venís, si sabés que te encanta salir conmigo a mojarte un poco las pestañas.

Que no te duela darme la mano después de haberte lastimado con mis ideas, no siempre sé bien donde morder y a mí tampoco me hace gracia masticar tu vidrio.

Sé donde tocarte la punta de los dedos para que te de un escalofrío, eso no quiere decir que me aproveche de tus pliegues.

Y si uno de estos días descubrís que me querés, que no se te disuelva la lengua, a veces necesito vibraciones de tímpano,

de olor a verano,
de azúcar quemado,

...a que hoy, volvés temprano y me erizás las piernas.

Acoso Dental

Dientes, me despierto y me acosan dientes. Percibo dientes en el colectivo, que me miran, con su mugrecita venenosa, dientes siniestros, bolitas mediocres llenas de palabritas raras. Blancos, asesinos de sonrisas, con cárceles alambradas, lenguas presas de acero, brackets. Son ballenitas de camisa, son maíz, son perlas de Darío… dientes que se desgranan, espacio de los dientes que ya no están, espectros de dientes ausentes, túnel entre los dos que siempre me miran fijo en el espejo. Colmillos negros fluorados, colmillos desgastados por noches de estrés cosmopolita. Bruxismo, palabritas sobre dientes. Hay dientes entre el humo de un cigarro, grises como la lengua, grises como las amalgamas negras. En la esquina veo un encuentro de dentaduras , el colectivero amenaza con estrellar dientes. Dientes como muñecas, de porcelana; dientes como muñecas, de plástico. Ilusorios, completamente falsos como las encías falsas. Me inquietan los dientes, hoy saqué turno con el odontólogo.

Dos veces Todos los días

Cada día me voy


Dos veces

Me gusta cuando caminás a dos metros y cuatro
Sentir el anhelo de querer tocarte y no querer no querer no querer
Me voy, decido que me voy



Todos los días

Y me quedo, porque me gusta que te rías de mí y de vos y de mí otra vez
Encontrar un poro de tu piel del que sale vaporo poro azul a 39 grados…
Tenes fiebre, pero me voy mañana y no me importa
Extrañame



Dos veces Todos los días



Y si no llorás, yo te robo una foto

Foto: Valeria villanueva, "Autorretrato"



Pulgar positivo a través del cablerío


Llámenme Holter
Buen Pulso
Correrlo
Otra vez.
Reír
Antes de
Zarpar.
Olvidarse.
Narrarlo.

Ombligo de Clorofila, (autobiográfico)

La espalda se encorva resistiendo una caricia, hace calor...


Como masticar arena en un día de aguacero, así las palabras saltan mejor… como silencios de nieve, coágulos de sol, cortarse los dedos con el filo de una hoja, y a propósito. Un dolor de oídos y el miedo a que un insecto haya hecho morada en el tímpano. Heces de colectivo entre los dientes, relamerse con la derrota de los transeúntes de paraguas afilados.


Y vos, ombligo de clorofila, porción de vapor que dura sólo un segundo, abstracción de cataratas en tus ojos y el pelo, verde, lleno de gaviotas, lastimás la capital todos los días tres gramos.

Botella al maR

Nos acostamos en la arena
Respirando un agrio aletear de gaviotas
Once cuadras y ninguna sombra
Edificios sin risotadas
Olas evaporadas
Tu sonrisa
sal

Nos sentamos a la mesa
Comiendo cartas gastadas y té de suspiros
Siete noches y ningún bostezo
Dos sorbetes calientes
Manos cansadas
Mi atención
sal

y si nos dormimos en 10
Soñando con el mar y el olor a pino azul
Dos bocas frías y ningún eco
La cama tibia y rugosa
Caras ardidas
Tus ojos

Depresión de contemporáneo

Tiempo que se macera, embriaguez y manchas. Ocaso de un espejismo donde no hay calor, no hay ardor, NO HAY MÁS que repetición y forma.
Y la vida se hace fugitiva para una colisión de labios, eterna para un manotazo sin dirección. Desesperación de no ver, pesadumbre de percibir demasiado; la boca nublada… soy una sonrisa que me habla siempre desde labios ajenos, no soy más que el aceite que opaca mis ojos cuando clavo escarbadientes en otras miradas, cuando la boca se convulsiona de aguadellanto… aceite que me hace ver el movimiento de los días tras una espuma que obstruye, que apadrina. NO HAY MÁS que esto.
Soy amigo de Altazor, soy el antihéroe que persiste, soy ácido quemando y destruyendo, ¡Lector! soy tu mejor pesadilla, tu peor ilusión, y me estropeas con secretos aunque soy traicionero, soy Pavor.
Me escuchan a sietemilmillasmarinas. Me obligan en el Río, El Soberbio vocifera mi nombre y el fin del mundo aúlla por mi presencia. A pesar de todo, no puedo reunir la fuerza para mover mis pulmones de la bruma de los que sólo gritan razón.