Llevo un amor en la axila

Llevo un amor en la axila, despegado del relieve –relieve hacia abajo, del desrelieve- de mi ombligo. Él lo acaricia despacito porque tiene un lunarcito que fosforece que le gusta, y yo le digo que me espere con las pestañas. Y desde este momento -ESTE que ya vendrá cuando termine de decir COSAS- se me fragmenta la memoria. Colapso colateral, creo yo, de estas cosas:

“¡Acartonado está mi vientre!” soltaste. Y yo egoísta y aprovechándote, descubrí que en tu rechazo no se sienten los cuatro hachazos convencionales del rechazador.
Saltá mis piernas cortas, vení, y sentáte en nuestro jardín. Que cuando te duela todo el edén, nos sale unoconveinte reír ¡Que inconveniente! Dale, serruchame caricias, hoy que me olvidé esa, la canción. Y si tenés un rato arropame las rodillas, que tus inyecciones me acalambran la ilusión.
Sentado vos, desplegado, sos sostén de este error desvelado, abriste mi gesto de risa veloz. Hoy hay estímulo: Sentada, te despliego todo todo mi corredor.

Macho campeón (así como intentar escribir una canción)

Mi carne fue carruaje para vos
Soy carne de tu cañón
Campeón
usaste mis dos llantos, mi motor
Y así darte una prórroga del rock
que te tiene acorralado, ganador,
y revienta tu centro de más valor.

Hoy yo quiero dejarte rajar así
Sin ratoneras de escenas Ameliè
que te cuenten que yo sí, yo te viví.
Eso dejamelo a mi, matador
mientras espero que llegue el día
para llamar a la banda y reír
de vos
campeón.

Y mientras, la carcajada final.
De burbujas amarillentas,
con el humo de los dientes
desde los dientes, suculenta.
Voy a recordar una a una tus destrezas
En la cama
Y me voy a repetir
que tu sexo no valía nada.
Si acabaste cagón, campeón,
llorando por una y todas las mujeres a la vez
y sabés, que pocas se portan como yo.
Así que no, nada de perros mojados por hoy
Dignidad, conquistador.
Que todos llevamos el corazón
así, en la mano como vos.

El que ríe último ríe mejor,
a esta la tenés ahí.
Sabemos que te quise, si
y decís que me querés, si si
Así que no te preocupes, triunfador
En el fondo sólo me río de mí.

¿Y que pensás? ¿De esta hacer una canción?
Más bien haría un rulo de este cartón
Metételo en el culo, hacé el papel de puto
otra vez, y dejame mi teatro de reventón
con mi cama, de nuevo, de luto
y mi caparazón en sacudón,
hoy siempre por vos.

Y yo quiero dejarte rajar así
Sin ratoneras de escenas Ameliè
que te cuenten que yo sí, yo te viví
eso dejamelo a mi, matador
mientras espero que llegue el día
para llamar a la banda y reír
de vos
campeón.

Hey, vos sos mi campeón.
Que te lo pague Dios
Por hoy sos mi campeón
y yo carne de tu cañón.







...Occipuxis y Traquecio...

Hoy

Hoy me sentí muy lejos de casa. Eché una postal al buzón y mi pecho se hinchó de vértigo, sentí como si hubiera echado una botella al mar.

Andalucía alucinógena. (Abrazo al pensamiento atropellado, mañana cuidamos las formas).

Quién hubiera creído paisanita del rock que hoy te encontraría tiritando, sentada en una sillita de mimbre, en una terraza, en un café bajo la Alhambra, pensando en cualquier cosa lejos del Califato y Carlos V que no es Carlos IV, pensando hacia adentro:

…aún tanto camino interior por recorrer, que llegar hasta aquí desde allí no fue difícil y, sin embargo, algo del miedo a un porvenir igual de incierto que esta suerte de España espontánea queda en el centro del alma. Intermitencias de un pensamiento libre y un accionar coherente con él llegan hasta mí, y no hay porqué estropearlos, aún intermitentes, ya que esa libertad es la que me tiene hoy escribiendo en Granada con un billete de ida a Sevilla, y nada más. Aún así, no hay más por ahora que unas, repito, intermitencias subrayadas, algo me falta para liarlas, y es ese escurridizo amor propio, la seguridad de andar por el camino que yo misma siento trazarse dentro y la intensidad emocional para seguirlo pase lo que pase. Todavía necesito que alguien con certificados y credenciales me diga que tengo razón, que todo va bien, que me quieren, y a no malentender, que quiero el amor y la aprobación de los demás, pero no quiero necesitarlos, que necesitar lleva al alma a perderse hacia adentro pero por caminos estúpidos e innecesarios.

Quiero entonces romper con esta intermitencia, sentir la libertad de pensamiento y la apertura emocional para realizarlos como una realidad interior plena y constante, como un modo de vida asimilado, no anhelado. Que no, no tiro todo a la mierda en un ataque de ira contra mi misma, bien soy consciente que esto es una escalera y que mi cuota de libertad conseguida en mi canasta fue imaginada y luego concebida con ardor y ha llegado a costar cara en ciertas ocasiones ¡Vamos! Que tengo claro que esto es un camino, que lo elijo, que me siento bien cuando me encuentro en él, y que me encuentro a tiempo de subir mucho más. Pero a su vez, la visión clara de mi objetivo, de eso que está arriba de la escalera esperándome con saliva en la boca él, o yo, o los dos, ese escalón último del grado de evolución de esta práctica al que puede llegar uno, descompone mi estómago de ansiedad y hace que acelere a veces mis pasos, equivocándome de cuando en cuando, cuando es casi todos los cuandos a veces.

Y me enrollo las ideas y pienso…Si tan solo pudiera por momentos deshacerme de esta claridad en mi visión y disfrutar, lejos de mi saber, de una caricia vacía de la intensidad de esa conexión plena que anhelo pero aún así bienintencionada, del beso automático pero beso al fin. Parece que no puedo alejarme de esta búsqueda, que es persistente: por momentos duerme pero no desaparece, no logro abandonar esta toma de conciencia. Y cierro los ojos y lloro charcos por dentro y pataleo con la melena en las manos por sentirme diferente, y actúo y sigo los pasos de otros, y de esos otros más me alejo entonces.

Persigo el misterio de las pequeñas cosas, del abrazo ese, el bienintencionado y aún desconectado, pero no sé disfrutarlo. Día a día mi entrenamiento para develar su misterio mejora: trago la fruta antes de posar mi lengua en su piel, y el misterio se vuelve como una buena introducción a una canción de rock que no hace más que perder intensidad, decae, es efímero. Cuando el misterio dura más de lo pactado con mi ansiedad, y aunque no llego a saborear la fruta sí logro retenerla en mi boca con los dientes bien apretados, viene la desesperación. No puedo soltarla, y aprieto los dientes fuerte, y no, no puedo soltarla, aún cuando se escapa de mí como todas las cosas, me retuerzo sin poder soltar. Y siempre en el mismo lugar, día y noche esperando, con la lengua de la punta humedecida.

¿Cómo se hace? ¡Hey! ¡Solicito un abrazo! ¿Qué planilla se llena? Porque no me gusta patalear, aún cuando acepto, comprendo y hasta abrazo las patadas de los demás. No quiero pedir nada... "quiero que salga de vos". Estoy desconforme.
¿No aceptar esta actitud de disconformidad histérica que siento y castigarla, mientras no pretendo lo mismo de los demás, es síntoma de egolatría? ¿Por qué lo pregunto si en mi mente hace ruidos de afirmación? Siempre exigí mucho más de mí que de los demás, ¿Creo ser mejor? Y aún cuando pataleo porque ya se hace inevitable esta pelea interna con la realidad, no culpo a nadie. Que frustrante saber que en el punto más profundo de una realidad situacional X y de uno mismo, es este último el que se lastima, siempre más allá de los demás. Herir es, en los otros, parte de su camino, como parte del mío fue provocar situaciones en otros que desencadenaron su dolor. No lamento ser una persona de cambios, pero sí comprendo siempre que para cambiar hay que romper con ciertos hilos que a veces nos atan a otras conciencias. Pero yo siempre soy responsable de mi ruta, y no de esa lanita cortada con el otro cuando me moví, y cambié. Una vez que entiendo esto, ahí si que me quedo sin alguien a quien ponerle el mameluco a rayas de gran culpable. Sé que pueden herirme, pero soy yo a quien le duele. Sé que pueden rodearme de calor y hacer mi escalera más acolchonada, pero soy yo la que sanará al fin, el alivio será mío. Que duele el dolor de aquellos a los que sentimos parte de uno, es verdad, pero hasta ese dolor es de uno mismo, aún cuando sane al mismo tiempo que el otro.Que sí aunque me digas que no. Que sí.

Me doy cuenta de repente que se hace de noche. Que esto es viajar, porque me siento bajo la Alhambra, como tantos otros, pero yo veo una ventana rota en una casa bajo la torre primera, con el sol en el párpado izquierdo y el sabor acre del café en la boca, todavía. Y no puedo revelarles esto, no puedo, y veo la ventana rota y sé que los otros en sus tantos otros viajes siempre se sentarán, como yo, una y otra vez en el mismo lugar, y verán algo asimétrico.



La Alhambra, Granada, Andalucía, octubre 2008.

Barcelona cuesta arriba

Una colometa se acerca, y para cuando recorro con mi lapiz la última A, vuela. Más bien salta, en un arrebato patético, al saberse escrita. Las palomas de CatalunYa son muy recelosas, y Barcelona es el lugar propicio para aparentar cierta autenticidad que no se deja tocar.
Semanas pasaron desde mi llegada, 5, cinco. Mitad lánguidas, mitad iluminadas y una mica revueltas. Hoy encontré mi Barcelona, que contra toda espera y ovillo de ansiedad, no es para mi la fiesta de la pluralidad de la que tanto me susurraron, no es tampoco sólo el túnel mágico de venecitas caprichosas de Gaudí, ni el germen de la revolució catalá y sus cortes de pelo sin cortes de ruta, no. No gótico misterioso, no.
Barcelona es mi cuesta arriba por Paseo Sant Joan, las campanas gritando la una de la madrugada, gotas de un chaparrón anunciado como crónicas mortales de la pubertad del otono. No hay Enie. Y mis ganas de saltarme los semáforos. Barcelona no tiene onda verde en sus avenidas, y eso a mi me molesta.
Es esta la ciudad de los balcones de hierro oxidado y agobiado de tanto rulo y flor, de lazos rígidos. Es un catalán que me pide "un tallat si us plau" con violencia maquiavélica, aguardando secretamente que yo no tenga un indicio de lo que me está pidiendo, porque así es la revolució catalá. Y yo pregunto a Nuria en la cocina, y preparo un cortado cargado de espuma y amor, y lo llevo a la mesa con una sonrisa: comento que estoy aprendiendo catalán y recibo a la media hora 50 centavos de propina. Así desbarato cada día su rebelión. CatalunYa independiente.
Barcelona es mi bicicleta barata, de los 15 ruidos y una bocina de lo más simpática. Es topless y africanos vendiendo carteras, corriendo de los leones y la policía. Esto es ruido de motos y clasificación de basura. Escaleras de mármol y primeros pisos que en realidad son segundos. Es la planta que compré con flores de la primavera que cruza nadando el atlántico, el sillón roto donde duermo la siesta de los últimos rayos de ayer, que había sol.
Es encontrar los muebles perfectos para tu cocina abandonados en Carrer del Sol y jamás llevar a la boca pan sin aceite de oliva. Tomar Estrella tirada hasta reventar en sudor, cuesta arriba, por Paseo Sant Joan, y las campanas que gritan la una de la madrugada.
Barcelona es el metro, donde somos uno de cada color, pero mejor blanco que paqui o indi, porque se llevan tu bicicleta sin permiso. Es esto un bar por habitante cuadrado y cada coche fúnebre de banderas rojas y amarillas que pasa por mi balcón.
Pero, ante todo, es cuesta arriba, por Paseo Sant Joan, a la una de la madrugada cuando las campanas me gritan que me salte los semáforos, la bicicleta de los 15 ruidos y su bocina simpática y sus libélulas dibujadas y mi sudor que se mezcla con las gotitas de un chaparrón anunciado, crónicas mortales de un verano que se fué y 5, cinco, semanas que se estiran con la pereza lánguida de aquel acordeón, cuesta arriba.

Verdespedida. De cerca.

Y si, gente linda, llegó el día. Escribo porque creo necesario darle un gluc cierre a esta etapa del ombligo. Parece por lo que me cuentan que la gente cuando viaja cambia, no lo sé, pero soy paranoica y siempre tengo un “por las dudas” en la mochila. Por las dudas alegato final.
Todo suponiendo que el viejo continente sea benévolo en migraciones, porque se sentiría extraño volver con la frente marchita. Todo suponiendo entonces.
En breve las temperaturas de mi cuerpo serán distintas y sin la amortiguación de una primavera sentiré un shock de short y sudor atrás de las rodillas.
Es hora, todo se cierra sobre sí mismo y no hay más verdad que la de un avión y un alejarse de todos y de todo, hasta de la íntima que conmigo siempre y que, contra toda estadística de plan, decide respirar un tiempo más de este aire argento. Hay. Un alguien que me espera el 2 de septiembre en una plaza algo en un lejos. Otra verdad.
Adiós a los todos, otro adiós a las cosas. Nada más lindo en el irse que el volver, el narrarlo, Benjamín. “Abróchese el cinturón/ Please fasten your seatbelt” Y éste, es un irse radiante: me voy más enamorada que nunca de la ciudad droga que me consume y su gente que este año me descontracturó las ideas occipitales. “Prohibido fumar dentro del avión”. Por las dudas, me pongo el caparazón: más verdes que nunca, sacudimos el hollín, nos embriagamos el 29 y dejamos la literatura para otro día…

Aluz (Point of lovely sun)

Punto en que el sol
osmosea tu ventanal.
Abrís tus ojos negros encandilándote
a propósito
para despertar la piel
rosada de sueño, tibia.
Mi piel te arde,
me hacés moverme
de la huella que grabé
en tu espalda
con el cincel de mi piel,
que te arde.

Punto en que el sol
te enciende los pies.
Afuera, frío,
sos, afuera de la cama.
Tu boca cerrada, blanda.
Hinchada de sueño,
de sueño como tu piel.

Punto en que el sol
me da una mordida en el cuello.
Y despierto. Punto
en que el sol se besa
con tu mano, tibia
en mi pelo. Juega:
sábado de sueño, sos,
vegetal extraño
entre mis dedos,
equilibrio dulce
en el centro del abdomen.

Punto en que el sol
sucede ocaso sabático,
de mi pesadez de valija,
que desvalijaste.
En su lugar queda
punto en el que el sol
te despierta,
para que otra vez seas, frío
afuera de la calma.

Punto en que el sol
osmosea otros ventanales.






Impacto Natural

Abre el cierre de la carpa y saca la cabeza: verde desierto, todos están probablemente charlando a ojo pegado en la cocina, a cincuenta metros de la carpa, cincuenta metros gélidos. Nadie entra en el camping a esta hora. Se escucha un silencio de pisadas a lo lejos que astillan ramitas y hacen girar las piedras. Cierra el cierre, congelado entre sus dedos, y se viste problematicamente dentro de la bolsa de dormir, la camiseta al revés, el suéter al revés- pero al revés cada uno de manera diferente, de las dos maneras en las que uno se puede poner algo al revés-.
Cuatro días sin peinarse. Hoy, que es el quinto, se soluciona fácil: rodete que por poco no se hace solo. Un pchhh de desodorante, el cepillo de dientes en el bolsillo del chaleco, cigarrillos, encendedor; hay que salir equipado, a nadie le gusta tener que volver a la carpa a no ser que se hagan las 3 de la siesta. tssss tssss tssss Las pisadas sobre el rocío, y los palitos, y las piedritas, y la perra que viene a saludar con su vaivén de cadera y sus ojos de bizcocho. Sus ojos de dáme un bizcocho.
Toma el primer mate que le ofrecen sin haberse lavado los dientes, como siempre. El baño está ocupado, como siempre. Se sienta, y no, arriba otra vez, pasitos afuera: ya llegó el colectivo de las 9, ese que viene de Esquel, el que trae a los mochila que arrancan su recorrido “de abajo para arriba”, que apuran la caminata por llegar a Bolsón y después extrañan el alerce. Relojea por la ventana: otra vez divisa el suéter, más propio del norte que del sur, el suéter que dice “yo fui primero al norte, después vine al sur”, o “yo me compré este en Palermo, ¿Qué? ¿me equivoqué?”. Y el pantalón a rayitas, casi siempre negro pero esta vez más osado, multicolor, contrastando con las topper grises de guácala- Pies que sufren, ella que sufre por ellos, sabe que saben que en casa su dueño, nuevo amigo de ella, dejó unas zapatillas más dignas de caminata que las lonitas estón. Su amigo, si. Que empezó a dejarse la barba hace un mes para pararse, así, en la puerta del primer camping de su vida. Siempre me pregunto si suamigo sería igual de simpático si ella le hablara allá, inesperadamente, en su urbe, lejos del sur, en su “bondi” a la facu. Pero decido que sí y entonces ella le pone calidez a la charla. Suamigo se va a la parcela, con sugrupo, con suguitarra, con suasombro. Ella lo envidia por esto último, pero no dice nada. Lo envidia como envidia a la gente que todavía no leyó ESE libro, porque sabe que todavía pueden pasarle la lengua a cada página suavemente. Y con esa envidia se lleva a la perra a la costa.

Con esa envidia se lleva a la perra a la costa y planea de qué manera va a intentar hoy desautomatizar su percepción del lago. Pero llega y se distrae tirándole palos al animal y juntando filtros de cigarrillos- por cada filtro ella salva cientos de litros de agua, ella es copada-.
Se acuerda de la desrobotización planificada hace un instante y se sienta a experimentar: las nalgas empiezan a percibir las marcas de las piedras, se mueve de lado a lado suavemente y todo se vuelve más cómodo. Los codos sobre las rodillas. Juega con el encendedor y prende un cigarrillo para espantar los tábanos: es enero.

ahora

Mira el lago entrecerrando los ojos: lo mira fijo: respira y aguanta el aire tomando conciencia del estómago: busca una mariposa en el estómago: hace juegos respiratorios de esos con los que se controla un orgasmo: mira el lago: busca obtener el mayor campo visual posible: no: se concentra en el cielo: no: respira saboreando el aire: no. Se aburre, y más envidia a suamigo. Toma una decisión que no siempre es la acertada a las 9 de la mañana: se desviste y corre al agua.
Sube sube sube el agua hasta su ombligo y se le congela la entrepierna: esto no está funcionando. Se zambulle en el lago y cuando sale busca la sorpresa en las montañas: no, no hay manera. Aún cuando logró desautomatizar por un momento su percepción del agua, no pudo así con el imponente patagónicopaisaje.
Inexplicablemente mojada entra a la cocina al grito de un nuevo mate, está irritada, frustrada, aburrida. Hoy la entiendo más que nunca, y le susurro que experimente con la bicicleta. Sale corriendo, agarra una y pedalea a toda velocidad hacia la villa: el cigarrillo que le complica la vida le complica la subida, pero pasa la estación de servicio, pasa la intendencia, pasa la escuelita, pasa la salita, agarra el camino de tierra y con una gran coleada ola de tierra que le tiñe los dientes se baja de la bici y se sienta en la orilla del arroyo: no funciona, no hay impacto perceptivo. La ansiedad le exprime los intestinos, esta vez no espera. Vuelve pedaleando a los silbidos invasivos hasta la costa y entra al camping por el lago. Mojada y cansada se sienta a ver la cotidianeidad en su estado más crudo. Toma uno, dos, tres mates amargos y se pone a charlar.

después

Se hizo de noche. Sin linterna se va con Oli para el lago. Sin linterna pero con cerveza. Sin linterna pero con sueño. Se agarran del brazo para pasar entre los sauces y guiarse buscando no pisar los charcos que conocen y reconocen: los sauces se abren y de repente se ven, nítidas, las caras. Hay luna llena, y su blancura dentífrica se cae sobre el lago aceitado que baila pintado de estrellas. Una nube de tierra que viene del camino se desliza sobre el agua y sus pasos invaden el escalofrío de los álamos. Y se queda muda. La lengua seca. Hoy no quiere que canten con Oli la costa entera al ritmo de la cerveza, hoy no quiere que se rian a carcajadas de las historias del día: hoy quiere perderse en los racimos espesos de estrellas que cuelgan de las montañas y poner el dedo tembloroso en el merengue de la nieve allá, lejos, en las cumbres, mientras aprieta con fuerza las piedras con las palmas a los costados de las caderas. No. No le pases la botella todavía. Hoy se le seca el iris con la brisa que pica el lago y le hace perder las orejas en un zumbido de frío. Hoy se siente toda agua, toda cloroplasto, toda piedra. Se le abre el pecho en dos con un atracón de aire en el que se ahoga toda la luz de la noche y en cuanto suspira vuelve. Eso fue. Eso era todo lo que demandaba, eso y saber que la intensidad que buscaba se da, íntegra, a la inversa: no entra, sino que sale por los ojos; no se respira, sino que se exhala; no se toca, sino que se arroja como una piedra a la luna del agua. Si. Pasále la botella. Ahora que entendió que el tambor en el pecho se toca al impacto de la naturaleza, y no a la inversa, y no, no a la inversa.




Enero 2008



Cadáver Delicioso (Jueves 3 AM)

En el ascensor se me ocurrió una idea, pero nunca pensé que podría terminar en esto. Acá van los 12 cadáveres (en el sentido metafórico, no los 14 cadáveres de la cerveza) que transcribí con paciencia, a veces con falencias, lo admito, lo siento; pero siempre respetando los errores cometidos por todos en esta fatídica noche. Los presentes, los que quedaban luego de la partida de siete lacras escurridizas y el faltazo de otros, los que tienen aguan... se se, nah:
Chespi Pérez Laguna,
Luisi la uruguaya Abrach,
Guada trabajo mañana Arriegue,
Gula lenteja Castillo,
Verde del espacio Vila,
y yo, "opio".

Acá van:

1- "Y cuando terminó de escuchar, se dió cuenta que no había entendido nada, puede ser pensado como nada, le cabía como nada. SEEE CHIQUI. Pará un poco que machos somos todos. después tu jermu te pregunta en dónde estuviste, y ahí te quiero ver, macho. Aunque hoy, papito, la gravedad funciona demasiado bien. ¿Pero estuvo bien? ¿Me decís que no te trauma un poco el que tus padres hayan sido sodomizados por simios espaciales? Simios espaciales que siempre sabían bien como terminar, con coito ininterrumpido, ad infinitum (y más allá)".

2- “Ahí! En el subsuelo, está el capitán del espacio. Rodolfo Enrique Gómez siempre quiso ser astronauta. Pero no le daba el currículum. Odiaba hacer un currículum, le parecía estúpido explicar porqué se dedicaba a doblar bombachas que todo el tiempo prometían de todo, plata, maricones. Pero al final no logro nada. Hay de todo por acá, monos. Ay, el hombre primitivo. Solo necesitaba encontrar su comida para ser feliz. ¡Feliz cumpleaños a mí!”.

3- "Y si la ola se brota sola, la ola se exprime. o sea que implota y se derrama hacia adentro. Si. Decidido, podemos taparlo con una manta y gritarle este texto y sino también podés comer bolas de papa, yo no te lo recomiendo. Que si fumás el porro del mexicano tengas algo que bajonear. Compré doce alfajores y no me comí ninguno- dijo Javier, el bajista de la banda- así no toco el bajo ni en pedo. Pedo con olor a sandía, de ese que siempre le inspiraba ganas de insultar a un extranjero sordo".

4- “Karina Mazzoco empezó a bailar en el cuarto de luisa. Yo no pude creer la misma. La miro por el espejo y se entusiasmó una vez con su defecto de siempre querer comer más de una ración de ravioles de espinaca y sesos de vaca y un chinchulín maduro se llevó de la carnicería barrial doña Rita. Bolchevique inmaduro cruzó la calle y pidió un asado con fritas en la parrilla al paso de enfrente, claro. El vino mientras se calentaba en las bodegas ocultas del local del tano. Y como quien se olvida del cigarrillo prendido en el living, grita. Luego empezamos a acostumbrarnos a ese grito, bardos, cualquier cosa. Quiero que me llegue la verdad y poder compartirla. Lo que sigue es mi verdad. Es así. Por eso no me hago ilusiones. Ya no soy tan ingenua”.

5- “Dicen que todavía queda un pajaso* que hace reír. ¿Lograré encontrarlo? ¿a quien? A ese seguro que no. Pero al otro espero que si. Quiero. Le dijo Guada a Jota el 12 de julio. Más luego de los juramentos de amor eterno, Guada cometió adulterio. Y fue condenada de inmediato: fue sentenciada a ser adulta. Y sí, ser adulta es un crimen de tiesa humanidad, nos recordó Carla mientras comía los restos de la noche pero en la mañana anterior. Posterior también. Ya fue. La cosa es no querer que pase nunca más. Vamos a tocar, ya no podemos volver atrás, los trapos están puestos”.

6- “Creo que lo perdí. Seguro fue por algún bolsillo roto del saco. Un saco púrpura y largo como el de la señora aspericueta. “Aspericueta no es una palabra, vieja”, le dijo iracundo Facundo Luis a su maestra de primer grado. Luisina sintió que el curso se le iba de las manos calientes, manos que en otro tiempo ¡Chack! sus dedos, rastrillan la arena seca cara seca seca… cayó cara y perdí todo mi ser. Las circunstancias caóticas me parece que tienden en mi contra. Yo no, jamás me gustaron los domingos, es que mi abuela cocinaba polenta, aun sabiendo que él quería comer ravioles de seso”.

7- “Lagrima Rios nació en 1924. año de separación de los países Whisky y Cola. La guerra de liberación de Cola fue muy dura, varios soldados chapita dieron su vida. Murió así, solo y despistado, pensando en portaligas y mariposas de lo que más te gusta, que se tapen la boca todos los que siguieron esto desde el principio. Empiezo. En sus marcas, listos, ya. Tiempo, no vale mirar. Vale mirar si yo te aviso antes. Las putas no se quejaban en esa época. He metido ratas en esfínteres pagos y nunca dijeron ni mu: estás despedida”.

8- “Ámbar era la piedra en la que quedaban fosilizados los mosquitos de Jurassic Park. Pero también es un color ¿No sabías? Y no, supo que no sabía nada de mujeres ni de hisopos, los hisopos eran los complicados. Pero el otro gato no maulló treinta a tres veces resucitó a los tres días. Cruz. Creer en dios es retrógrado, para ser progre solo hay que practicar mucho sexo oral ¿Qué? ¡No hay forma chango! ¿No ves que no escucho? Gil. – Vos, il- Che loco estas puteadas ya no hacen gracia. –Ah, pero te zarpás ¿No ves que el barco ya se fue?”.

9- "X trabajaba haciendo malabares en los semáforos. La vanidad lo arruinó: no podía parar de hacer malabares. de niño no, pensaron todos. Mejor que sea peluquero pidámosle. yo te dije que no le pidas peras al olmo, y no me escuchaste cuando fui al baño descompuesto por verte sacar los verdes para pegarlos debajo de la cama. Al living. Fútbol de primera fue nominado dieciséis veces al martín fierro pero todos sabemos que está todo arreglado. Igual aguante macaya. No, a araujo no lo banco de la plaza, siempre vacío y pútrido, escupía soledad fétida y lúgubre, pero nada solemne, más bien dejémoslo así: las cosas hablan entre ellas, no por sí solas".

10- “El CPU de Antonella está en la ventana. Los pájaros quieren acceder al messenger, viste. Como migran, les quedan por todos lados parientes; parientes que solo se interesan por los ravioles y sodomización de niños que en el derrame suben por los techos, estamos pensando en que piensan que no lo sabemos. Caen. Es la ley de gravedad, papito, podemos intentarlo otro día, que comenzó con una biblioteca que quise construir y que ya se desarmó. El robot destripado sobre la mesa de trabajo dijo un último voto: “entiérrenme con mi dinero”. Puto dinero, que solo compra putas cuando quiero comprar lo que el puto dinero no puede comprar”.

11- “Caprichos. Todos caprichos, le dije. Entonces se levantó y con gesto entusiasta me increpó: Acá ya no quedan más peronistas. ¡Qué gorila! Made in Argentina. ¡Pinga! ¡Chango, no hay forma! ¡Deforma! Digo, ¡Deforme! Así juega a la pelota mi balde ¿Balde? ¡Vomitá! ¡Vomitá de una vez! Y escupió con el esófago gritando “Ah aaaaaaaah aah aah haaaaa”, el glorioso aullido de Tarzán, al final es el único que tiene razón en todo esto, che. ¡Era joda! Le grité”.

12- “Los peatones circulaban en una trama de tiempos modernos, actuales, hoy. Así no se puede. “¿Así cómo?” Así, sin más. Claro a vos porque te gustan las pendejas. Qué es más claro, que no se dan cuenta, que esperan todo el día a beto. Porque beto se lo merece. Vamo a lo del turco, escaviamos* un rato, y después nos vamos para el pute ¡Por Beto loco! Por Beto había roto todos los vidrios del colegio de monjas putas. No sé porqué sufrí esa fantasía, fantasías todas. Se cortó el mambo. Bueno, nos vamos todos”.

Ojalá lo hayan logrado, sepan disculpar las faltas. Los admiro si llegaron hasta acá. Hasta la Próxima! ¡Hic!

Síntomas (empiezan creo así)

Todo un día con gases*. Sabiendo, como todo el mundo, que el aire es condicion necesaria para la vida, descubro de qué manera, cuando se cuela en el lugar equivocado, produce un dolor similar a los nervios preparcial. O son los nervios preparcial los que dan gases. O es el brócoli y el coliflor, y el choclo, y la naranja que no logró tranquilizarlos. Todo eso, y la banana con dulce de leche, el mate, las macitas de queso, sumado a la angustia existencial del miedo a tirarse a la pileta. Como comer sandía y tirarse a la pileta. El amor da gases, wAw… el amor es como los nervios preparcial. El amor por el amor en sí, y me cago en todo. Literalmente. Como racionalizar lo irracionalizable: una puntada de aire en la boca del estómago: a qué concientizar las sensaciones, si igualmente son como los gases, por lo involuntarias. Por lo invasivas. Por el choclo y sentirse solo cuando todavía no se llegó a estar acompañado por completo. Por la banana con dulce de leche preparcial y una rascada de espalda que da escalofríos en la panza: como los gases. Rodillas contra la parte de atrás de las rodillas y coliflor: manos entrelazadas y coliflor. Como comer sandía tragándose las semillas y despertarse con una mano en el otro. Vértigo: los gases dan vértigo. Esperar da vértigo, a qué esperar si es todo involuntario. Y esperar no. Y los gases sí. Y las rodillas contra la parte de atrás de las rodillas a la mañana con una puntada de aire en la panza. Y la panza florece como el coliflor. Involuntariamente tengo una panzada de amor. Las manos entrelazadas dan gases. Los gases dan vértigo: las manos entrelazadas me dan vértigo.


*Por gases se entienden aquellos que nunca se manifiestan, los reprimidos, los deprimidos, los retenidos, los repetidos. El embarazo de gases. La gaseosa batida que vuelve tirante el plástico y la piel. Se le ruega no imaginar pedos: esto es puro gas interno que interviene en la actividad ordinaria de los neurotransmisores y produce efectos como lo que se manifiesta verbalmente en este caso. ADVERTENCIA: tomar plena conciencia de la muerte completa, íntegra, sin lugar a discusión, de la autora en este caso.

Interpretación de los sueños I

1. Si corre y corre y nunca lo alcanza: usted tiene una fijación con las jirafas que vio de niño en el zoológico. Si usted es pobre tiene una fijación con las cucarachas. De una u otra manera usted tiene una fijación que probablemente se encuentre conectada con la homosexualidad.

2. Si lo corren y lo corren pero nunca lo alcanzan: el otro, que tiene una fijación con las jirafas/cucarachas, esta soñando con usted, y ve en usted un objeto de deseo inalcanzable. Esto se relaciona intimamente con la homosexualidad.

3. Si lo corren, lo corren y finalmente lo alcanzan: usted está presenciando un orgasmo. EL OTRO está teniendo un orgasmo. Las jirafas/cucarachas producen este efecto sobre el otro, NO sobre usted. EL OTRO es el homosexual, no usted.

4. Si corre, corre y finalmente lo alcanza: el otro, metamorfoseado en jirafa/cucaracha. El otro es diferente. El otro es homosexual. NO usted.

5. Si se le caen todos los dientes: no caben dudas, usted es homosexual.

Pollitos y gallinas

Miguel- y entonces el pollito feo se convirtió en una hermosa gallina que ponía unos huevos redondos, blancos como la leche.
Mati- pero pá… si era un pollito… ¿Cómo…?
Miguel-… en realidad era una pollita, pero se le dice pollitos a todos los…
Mati- ¿redondos los huevos? Ah… entonces nosotros nunca compramos los huevos de las gallinas hermosas que…
Miguel- Es que esta era una gallina especial.
Mati- … y las gallinas especiales ponen huevos caros… claro, ahora entiendo.
Miguel- Si, sí, entonces el pollito que no tenía amigos…
Mati- ¡Pará! Me dijiste que era una gallina pá.
Miguel- … se hizo un monton de amigos y…
Mati- ¡Pará papá pará!
Miguel- ¡pendejo de mierda calláte la boca y dormite de una puta vez!- ¡Plaf! (sopapo)
Mati- …mhrlug… yoh...
Miguel- te dormís ahora calladito por pelotudo. – ¡Plaf! (otro sopapo, ahora con placer)
Mati- pero si no dije nah… - ¡Plaf! (ahora ya es un vicio)

Mati sueña que camina por un gallinero con un alfiler, pinchando los huevitos redondos de un montón de gallinas hermosas que antes eran pollitos. Los huevos blancos como la leche ahora sangran. Escucha a su papá gritando afuera del gallinero: Mati se encerró y papá no puede entrar. Empieza a pincharles los ojitos a las gallinas, para que no lo vean lastimar a los huevos. No más pollitos que se vuelven gallinas, no más. Abre el pestillo de la puerta del gallinero, entra papá, llorando. Papá es un gallo con cabeza de papá, pero con cresta. Lo patea, y se le salen unas plumas mientras aletea ¡Plaf! Lo deja a papá desplumándose y sale corriendo a carcajadas del gallinero.

Papá lo despierta para ir al jardín. Calladito. El alfiler tiembla en la mano de Mati.

Vurvuja Vilavial

¡Volá!
Venosa vocal, viendo viendo viendo
la veta para vulgarearme.
Violeteáte a otro, Venus vaginada. Mi voluminosa viboruda, visor de tu vida, ya no te voragina más: virilizada en las vidrieras de las ventas de vacunos.
Voluntad vudú, con tu vibratero verrugoso, con tu vasija vacía, tu Verlaine veloz, tu valor verbal. Vos. Virus de mi vara, vegetalizaste el vitral, vaciaste en tu vientre el vino vertebral, vedado por tu vaho a vainilla.
¿Virginarte? ¡Volá!
Vendé el volúmen de la viola, vendé tu valija de vellosidades, y para variar, vendé tu vulva volcánica al vértigo: viuda sin velo, violadora vertical, visita vampírica, viento voltáico.

Mi lucha

- Vos sos muy racional, hay cosas ombligo que no se pueden racionalizar…
- ya lo sé, hay cosas que no tienen explicación argumental
- pero la buscás…
-puede ser…
(silencio)
- si, si, sos muy racional, tenés que relajarte
- pero estoy relajada, tampoco es que me enrosco
- pero cuando te pasan cosas no racionalizables te ponés nerviosa
- ¿te parece? Yo creo que aunque no les encuentre explicación no me altero…
- pero tampoco disfrutás a pleno como cuando encontrás tus argumentitos…
- no sé… ¿porqué será que me pasa esto?
- ¿ves? Estás racionalizando otra vez…
- puta madre

Dar a trastorno

Lo tiró desde lo alto
de su occipucio.
Y lo dejó
liquidar ese tobogán,
trazado,
en su trapecio,
por su talón tardío.
Transportando
un arco en la espalda
para atenuarle
el desplome.

Mejor así, lejos, fuera.
Va
A demoler otros barrios de dedos,
que podrían haberlo recorrido
entero
y sin embargo
prefirieron adormecerse.
Treintaytres trenes en la tráquea.
Atravesada por un beso trifásico.
Triunfo de la trompa.

Hey vos! vos, ahora, inter pelado.

Tocále un Sol antes de revestirte
Si mentir no cuesta y fuiste
Alpiste tostado en su ensalada.
Si, si bemol, traicionás. Te cae mal.
Enredado, histérico
te rompiste una rodilla
y te corriste a pata de palo,
siempre en tu mismo lugar.
Tremendo trovador a tracción.

A-tarde-cer de un suicidio

Hoy me colgué de una antena de televisión, y mientras me suicidé teatralmente dos veces en ¡STOP! motion con el empujón de una amiga, hice tres anillos de vapor de vértigo, y me arrepentí. Demasiado fría la caída, literalmentescalofriantemente paralizante el atardecer. Sentada hice compañía en blanco y negro...







Foto: Valeria Villanueva (Valero para los compinches)


Claramente en este post lo importante son los comentarios.

Instrucciones para enamorar-se II*

Tomarse la calma con calma,
no olvidar: el tiempo es un truco.
Donde la mente
cuelga de un hilo de baba.

Y si había llegado la hora de los postres, y se nos fue el tiramisú por el inodoro,
a no desesperar-se:
acá están,
las instrucciones para enamorar y enamorar-se.


Embelesar-se pelando el torso de la víctima cual pelapapas con una naranja, para envolver-se en tiritas de su piel, y por una vez poner-se en su lugar. Pasar tres veces la lengua por su labio inferior repitiendo una y otra vez el verbo calor, tocar-se al mismo tiempo la punta de los dedos con la punta de los dedos por entre su pelo.
Dar-se vuelta los ojos como un conejo-cara-azul-de-decoro, pero enlazar las piernas a su cintura y apretar hasta deleitar-se con un gritito.
Guardar-se para sí una gota de jadeo como botín, y esconderla hasta que la muerte los separe-se señor.


Y si esto no funciona, conforme-se con agua hirviendo en los poros, acariciar-se la parte posterior de la pierna, ahí, bajo las nalgas y chupar-se el dedo antes de dormir.

Los de la Plaza

Cuando miró el reloj, pudo ver, desde el costadito del ojo sin rabillo, que se le habían desatado los cordones: se sacudió la comodidad y se agachó. Lo hizo gradualmente, para no despertar a los ovarios que hacía media hora no punzaban con su tic tac. Caminaba despacio, un poco por los ovarios, si, y también porque le gustaba disfrutar de esa angustia de hipo contenido que le producía Caballito: el iris que abrazaba su pupila, pardo encendido, proyectaba un cortometraje de adoquines: otra vez los ojos sobre la plaza.

A lo lejos. A una cuadra. Enrejada. La miraba. Plaza Irlanda.

Plaza Irlanda, que ahora estaba rodeada de hierro, quiso ser el principio del Todo. Si ella se impulsaba hacia atrás, podía imaginárselos: veintilargos años ayer, pelados, con la misma sangre, el mismo alcohol, la misma calle, el mismo rock transitándoles las venas.
Pero ella no quería largarse antes de tiempo a sentir, porque Plaza Irlanda por sí sola se le atragantaba una cuadra antes de llegar; se le atragantaba el barrio entero y todas las calles por donde alguna vez pudo haber pasado, ida, ida y vuelta.

Entonces pensaba en el tío, que estaría esperándola, allá, en Andrés Lamas, tres cuadras después de la plaza. Pensaba que mejor no pensar, que mejor pensar en la receta del pastel de batatas, que mejor dejarse llevar por la manía de no pisar las rayas que separan las baldosas, pero que juntan una mugrecita totalmente identificable para ella. Y así, neurótica, pasar la plaza rapidito, como si hubiera desaparecido la calesita que no deja de dar alaridos de Xuxa, esa canción que hoy suena en sus oídos, apretando con fuerza el pedal de distorsión que lleva en la mano, enterrado, por cualquier eventualidad.

En eso se concentraba. En eso y en que iba a prender un cigarrillo, ahora, a mitad de cuadra, para no tener que frenar en la plaza: lo prendía con todo el glamurr que podía, aún cuando estaba sola. Muy en las extremidades de sus alvéolos sabía que fumaba solamente por lo bien que le quedaba, ella tenía una cara hecha para fumar, las manos para fumar, la voz para fumar. Toda ella era humo, y con eso cortaba su dulzura involuntaria, esa mística que poco a poco se desvanecía en la nicotina.

Llegó casi al cordón de la vereda cuando, al fin, encontró el encendedor, mientras mordía el cigarrillo con una suavidad que sólo ella, que era toda humo, podía manejar, y bajaba un pie al adoquín: era admirable su mezcla de delicadeza y gracia para sostener con una sonrisa el Phillip Morris un poco arqueado, cigarrillo como perro descaderado. De pronto

CLAAAAAXON

Se le mete un susto por el oído derecho, estrella los dientes, quiebra el cigarrillo, se le humedecen las axilas, siente un frío de morder helado de limón en la frente y una bofetada de ellos… ¡ELLOS! Ellos que la miran desde la vereda de enfrente, esperándola en la plaza.

Sabe que algo se rompió, mira su muñeca y sabe que es el reloj. El reloj y no sólo el reloj. Sus manos ahora son minúsculas, se siente más cerca del adoquín y lo está. Algo se rompió, y ellos tienen la culpa. Ella se conoce, y los reconoce, más jóvenes, más eléctricos, más vivos. Se le termina de meter el miedo por el otro oído: ahora se da cuenta, tiene 4 años. Por tercera vez en su vida.

Desaparecieron las rejas de Plaza Irlanda.

Cruza corriendo, porque entre todos ellos está él. Él, que horas atrás le puso una curita de Kitty en la rodilla, que la hizo girar y girar bailando los Beatles en la casa de Nicasio Oroño. ¡Cómo le gustaba dar vueltas y vueltas! Y esos dos pares de ojos que se besan se oprimen en un baile de doble hélice. Esos ojos de ella, de él, iguales como todas las gotas de agua.

Pero el encuentro dura lo que dura un segundo de los transitorios, él no la reconoce, o hace como que no la reconoce. Indiferencia. Ella se olvidó del tío, del cigarrillo, de los adoquines, ni siquiera sabe qué son los adoquines, quiere llorar la vereda entera, quiere inundar la plaza y corre a la calesita que gira y gira: no va a frenar para ella, es algo que le enseñaron muy bien en Garabatos, y salta con el impulso de la carrera dándose la cabeza contra un anca blanca con herradura pintada, mejor así. Mareo.

Árbol, árbol, señor, árbol, papá, poste, ellos, árbol, árbol.

Se tira de la calesita y la curita de Kitty queda arrugada en la tierra naranja. Sigue corriendo sigue corriendo, siguecorriendo. Los escupe. Sabe que es la única oportunidad que tiene para escupirlos, es ahora o nunca: los escupe por la plaza, por el rock, por la droga, por Plaza Irlanda, por llenarle la sangre de mierda, por Caballito, por Nicasio Oroño, la guitarra regalada y cada puto grafitti. Los ahoga y se ahoga escupiendo la angustia. Y vomita los pies de su papá, vomita la curita de Kitty con tierra naranja, Mareo. ¿Y lo abraza?

Se acerca un carro a pedal de esos que alquilan en frente a toda velocidad, y

CLAAAAAXON

Escupe el pedazo de filtro que le quedó en la boca, el conductor del Escort verde terminó de proferir la antibiblia a los gritos: “¡que te vas a matar piba!”. Sus manos son otra vez las de uñas comidas, vuelven las rejas a la plaza, el encendedor en la izquierda y las curitas de Kitty... las curitas ya no existen.

El tío la espera con mates, la guitarra y un par de evocaciones por las cuales nunca va a poder resignificar ese vacío de cuatro calles. Todavía no caminó la plaza pero ya se prepara para ver el alquiler de carritos a pedal, que sigue ahí, aún cuando está concentrada en no pisar las rayas que separan las baldosas.

Y siempre la duda de si lo vomitó o lo abrazó, o tal vez las dos.

Pequeña Bailarina


En mi ombligo, Elton no se discute, Simon & Garfunkel tampoco: por eso, no encuentro mayor necesidad de argumentar porqué les dejo esta tremenda letra de mi favourite canzioni (?), ¡Que lo dulce vuelva a estar de moda! ¡Y Sandro! ¡y las bolas de espejitos, los oxford y velas rojas!


Y los anteojos de Elton! (facha: Bowie un poroto)


Tiny Dancer (1971)
Blue jean baby, L.A. lady, seamstress for the band
Pretty eyed, pirate smile, you'll marry a music man
Ballerina, you must have seen her dancing in the sand
And now she's in me, always with me, tiny dancer in my hand
Jesus freaksk, out in the street
Handing tickets out for God
Turning back she just laughs
The boulevard is not that bad
Piano man he makes his stand
In the auditorium
Looking on she sings the songs
The words she knows the tune she hums
But oh how it feels so real
Lying here with no one near
Only you and you can hear me
When I say softly slowly
Hold me closer tiny dancer
Count the headlights on the highway
Lay me down in sheets of linen
you had a busy day today
Blue jean baby, L.A. lady, seamstress for the band
Pretty eyed, pirate smile, you'll marry a music man
Ballerina, you must have seen her dancing in the sand
And now she's in me, always with me, tiny dancer in my hand


Para verlo/escucharlo (1971, muy muy pendex, si alguna vez lo fué):
Si deseas ver a Elton manipulando el piano haz Click Aquí


Para escucharlo en una escena de Almoust Famous (C.Crowe, peli que para ser dominguera para mi es altamente recomendable, complejidad:nula, intertextualidades: mil, pero con varios errores):
Si deseas escuchar la canción más groupie, inspirando a una banda a reconciliarse, haz Click Aquí

Para verlo en Los simpsons... bah no lo pude encontrar. snif.


Recordar es perderlo todo

Con tanto esmero
armé un castillito
de pelusas verdes.
Y ayer,
de un solo soplido,
se volaron todas
Y ahora ando un poco perdida, es verdad.
Busco en cada espejo de colores
Una palabra dificil
robada de otras universidades
algun reflejo verde de eso que tuve.

Un accidente lo tiene cualquiera, y ahí…
Recordar es empezar a perderlo todo.
Esas pelusas que en otro tiempo
trajeron alegrías
a mi ombligo,
hoy me vuelcan el corazón
en un plato de sopa caliente.
pelusas del color del maitén
que se quedan conmigo
flotando en mis contornos planos
con su energía aerostática.

Y así descubrí cómo se queda uno sin palabras.

Alrededor de la Mosca


Tomo a sorbitos de mi taza, y me distraigo con un punto en la pared: es una mosca del tamaño de una cabeza de alfiler (no de los de bolitas de colores). Tiene un ala torcida, que apunta hacia su misma cabeza. Esa mosca, es deforme. Soplo para ver si vive una vida normal de mosca y sí, vuela como olvidándose de las asimetrías.

Acabo de ver una anomalía biológica sin inmutarme: una mosca, es una mosca. Pero se me descarga otra pregunta mucho más interesante (que la mosca) en los sesos: ¿Qué hacemos los seres humanos cuando vemos un fenómeno similar en algun individuo de nuestra especie?

Desencajando las piezas de lo “políticamente correcto”, y deshaciéndonos también de los conceptos sobre la liberación de los sentimientos, ¿qué actitud es más admirable? ¿Aquél que mira a un hombre sin brazos ni piernas y le pregunta directamente qué le sucedió, mostrando así el verdadero sentimiento de desconcierto ante lo extraño? ¿Aquél que ve a una mujer sin nariz con el rostro incinerado y oculta totalmente su sorpresa? ¿Es más valorable esta ultima actitud? Podríamos pensar que es una manera de intentar hacer sentir bien al otro aún cuando nuestra primer reacción es de asombro, es una manera de cuidar al otro de sí mismo. Pero otra vez, ¿es la actitud más admirable? O es aquel otro el que debe cautivar nuestra atención, quien muestra su sorpresa (no estamos hablando de horror prolongado, sino del sentimiento que experimenta la media) y aún así luego de manifestarla se relaja y poco a poco se olvida de las diferencias.

Qué mosca más vivaracha esta, cómo se me pasó una hora de la mañana….

Rod Stewart, me juego por decir que te banco



Jueves, 10 de abril. Un calor duro que se clava por la boca y se escapa por las axilas. La vergüenza no me deja agarrarme del pasamanos del 5, que me lleva por Rivadavia, no tan rápido como hoy quisiera. Después de dos meses, y después de haber perdido el avión ayer, llega mi mamá a visitarme. Y yo intentando llegar a mi clase de Griego.
Luego de entrar media hora tarde a la sesión Torres y pasados diez minutos de escuchar sin escuchar y mirar esos rulos blancos de tiza, sin reconocer uno solo, tomo conciencia de la situación: Hoy vamos al recital de Rod Stewart (un poco para acompañar a mamá, un poco también porque mamá y yo somos como la misma cosa, debo decir).
Son las 6 de la tarde y sigo en la facultad, a las 9 arranca el movimiento de nalgas Stewart y tenemos altas probabilidades de perdernos en el camino a Vélez por mi cuasi nula habilidad en transportes. Me voy de la clase con un jocoso “ya fué”, no puedo no estar con mamá en estos momentos cruciales de su agitación.
Llego a casa, y me entero que gozamos de entradas fila 29: No las robamos, lo juro, todo gracias a un amigo de la familia. A las 8 estamos en nuestros asientos de plástico que teóricamente deberían haber costado $440, y nos salieron $25 del taxi. Nos reímos de la situación fruto de la suerte/destino mientras Iván Noble canta para 12 personas, y yo, viendo la amargura que me rodea, de gente a la que no le motiva Rod, pero tenía que estar, le hago el aguante al ex caballero y tarareo Olivia. A los diez minutos aparece mi peor pesadilla: Juanse (ni siquiera los Ratones Paranoicos, este es un Juanse solista). Al grito de “Que venga Pomelo Rock ´n Roll NA NA NAAAA” con mamá intentamos boicotear al ex rolinga, hoy con una facha símil Cerati luego de haber sido atacado brutalmente a mordiscos. No conocemos ninguna canción, eso es una buena señal: a todo esto Juanse rima destino con camino y yo quiebro.
De golpe y porrón el estadio es un hormiguero: descubro que la gente literalmente abomina a Juanse y por esa razón parece que decidió entrar en los últimos 5 minutos de su pestilente show. Las luces se extinguen y una intro en la pantalla que alcanza todo el escenario nos advierte que Rod está por hacer su aparatosa aparición.
It´s a Heartache… pero en vez de mirar al escenario me distrae mi mamá: no grita, no salta, no mueve las pupilas -¿respira?- me tranquilizo: hay un signo vital haciendo burbujitas por sus ojos, acabo de descubrir a un fanático. En el momento de mi vida en el que pensé que ya no existían los de pura cepa, se me revela mi madre como materia prima para todo esto, y cuando pensé que iba a escribir algo sobre el megashow de Rod, me doy cuenta que ese algo que podría llegar a representar otro algo en mi vida era eso: otra vez mi mamá sublevándome el día
Año nuevo ombligo nuevo! Ojalá en realidad pudiera concretarse, pero la verdad es que seguimos siendo la misma pero con diferente aroma, nos gustan los disfraces (me fascina la primera del plural, es re elegante). Que disfruten el viaje: las salidas de emergencia, abajo a la derecha.

... y un video de yapa: tarde de vagancia y frambuesas en el camping, mini cover de Amelie.

video

Voz en off: Mamá, Fran :) y Santi.

Suspiro de Clorofila

A pesar de mis sonrisas diastémicas, hay días en los que siento la angustia. Mi angustia es un tanto más vegetal que la felisbertiana: sé que ahí está, viva pero seca. Y aún cuando paso días sin regarla, cada tanto la miro y da un ultimátum de nuevos brotes. Tengo épocas de cosecha, sí. La vida sería entonces demasiado agobiante para transitarla al sol –porque yo, como todo vegetal, fotosintetizo mis cavilaciones-. Esto explica un poco mis sonrisas: sigo creyendo que mañana puede florecer mi ombligo.

Cuba electrolítica

La mujercita. Cómoda goleadora de la noche, cuba-libre es su DT. Los ojos color granadina y la sonrisa chueca. Un bretel que se desmorona a propósito, el jean manchado de vereda y de pasto -de pasto, no césped, pasto-. Mueca de publicidad de jabón en polvo, la mujercita ríe.
Yo, como un estúpido, me pierdo en su bebida marrón, translúcida de hielo derretido, atravesada por sus dedos y su cigarrillo mal apagado. Me pierdo en su hombro que baila empujando al bretel, en los ojos de la mujercita que esperan el momento en que el bretel caiga. Me pierdo en la palabra bretel – bretel bretel bretel, ya perdió sentido ¿Viste Mario?- .
La mujercita se aburre, y cuando es así, no desliza los dedos por la punta de su pelo como las chicas de Alto Palermo, no se rasca la cabeza mientras fuma como las chicas de Caballito. Ella cuando se aburre sencillamente se dedica a hundir la mirada en los demás –no, Mario, literalmente no-. Le entretiene acobardar, dedicarle puntualmente 5 minutos y treinta segundos a cada individuo y después entorpecer el cruce de córneas, para siempre.
Y yo, bueno, me siento un pelotudo. Espero calentando la cerveza con las manos, a ver si hoy, me dedica un aburrimiento de cuba libre. Y la mujercita sigue siendo, para mí, inaccesible –no, Mario, no pienso en ella todo el tiempo. Más bien me envuelve, como un poncho pampa, cuando ya tiene el rimmel arruinado y puedo imaginar el olor a alcohol de su aura y las pequitas de sudor en su piel-.

Hoy entré al bar con María: nos presentaron hace unos meses en la casa de Mario. Después de un tiempo de intentar una reunión visual con la mujercita, María invadió mi almohada. La mujercita sigue igual, esperando que alguien logre alimentarle la mirada. La miro y me vibra la mandíbula: pensar que habría rematado mis brazos por ella y hoy, me punzaría comprarle una cerveza.

Recuerdo III (Boeing y vasitos)

Desde que, a los cuatro años, me llevaron a vivir a Esquel, Buenos Aires para mí siguió siendo una constante. Los reyes magos en la montaña venían siempre con una yapa de viaje en avión a la gran urbe: las azafatas te daban la mano con una dulzura que muchas veces se desvanecía apenas los ojos vidriosos de mamá te perdían de vista.
Una que otra vez los huérfanos del Boeing (así se sienten los chicos que viajan solos en avión, te lo juro), conseguíamos ver la cabina del piloto. Pero costaba mucho concentrarse en los botoncitos de colores, las lucecitas y palanquitas ¡Porque Los Pilotos te hablaban cara a cara! ¡Nadie manejaba el avión! Las azafatas creían que después de eso, los huérfanos nos tranquilizábamos porque nos íbamos pensando en que algún día querríamos manejar el Boeing, ¡y no! Nos ibamos nada más con la comprobación de algo que veíamos año tras año: nos sentábamos otra vez, aterrados de saber que nuestras viditas estaban en peligro, y yo, que había visto pedacitos de una película en la que un avión se caía en la cordillera, (¡ahí donde volaba yo!) entraba en pánico, y entraba en el pánico como entran los cowboys en los bares de puertitas vaivén, ¿entendés? Entraba de golpe y se me petrificaban las orejas y mis piernitas colgantes dejaban de mecerse y me convertía en una montañita de piedritas.
La azafata muchas veces merodeaba el pasillo y me encontraba así dura y me preguntaba que me pasaba: yo no podía contarle, ella era cómplice de los pilotos que no sabían manejar, los había visto cuchicheando, ¿o qué? ¿Se pensaban que yo era tonta?

- Me duelen los oídos

- No te preocupes corazón, yo te voy a dar algo que te va a calmar, ¿si?

Y yo pensaba: “Mentira azafata cabeza de tortuga si me vas a dar dos vasos para ponerme en las orejas y me vas a decir que eso ayuda”… pero mucho no podía pensar porque ella llegaba rápido

- Tomá vida, vos ponete estos vasitos en las orejas así y quedáte tranquilita mirando por la ventana que se te va a pasar, y sino comete un chiclecito y eso ayuda también.

La abuela en estas situaciones diría: “yo sabía, yo sabía”, pero como a mi me molestaba eso que decía la abuela, trataba de no pensarlo. Y también, para hacerle la contra, le hacía caso a la azafata y me ponía los vasitos, yo siempre creí que la abuela presentía, así como esas cosas telecerebraticas, que yo la estaba provocando desde el avión, y pensaba “viste abuela, yo no digo yo sabía, yo sabía, yo no soy pedante como te dice mamá” (no sabía que era pedante, y encima sonaba chancho, pero era eso que yo no era).
¿Que si tenía chicle? Tres tiras gigantes de basucajirafa. Me metía una tira entera en la boca y como me babeaba, me hacía la que miraba por la ventanilla, para que los otros nenes no me vean. Y aunque los stickers que venían con el chicle eran lindos, a mi me gustaba pegarlos en algún lugar secreto de mi asiento. Después de masticar mucho me dolían de verdad los oídos, o por ahí abajo, y metía el chicle gigante en los ceniceritos del asiento (porque antes la gente fumaba en los aviones y aunque yo estaba en los lugares de los que no fumaban igual tenía agujerito, y a veces hasta encontraba ceniza en el hueco).
A todo esto ya me aburría de hacerle la contra telecerebraticamente a la abuela y me sacaba los vasitos de las orejas, además yo ya había aprendido lo que era un pelotudo y nosotros los nenes parecíamos todos pelotudos con los vasitos en las orejas. Además, cuando algo duele de mentira es como que empieza a molestar estar curándolo.
Y llegábamos a Buenos Aires: se veían las piletitas chiquiti i i i i tas, parecían chiclecitos. Y la gente decía ¡Mirá ahí está la cancha de River! Y a mí me daban un poquito de ganas de ser de River porque parecía que la gente era más alegre que mi abuelo, que era de Ferro, pero ya me daba un revoltijo en la panza de que lo estaba traicionando.
Y trák trák trák brrrrrrrrrr psssssss llegamos! Los nenes dejábamos automáticamente de ser amigos, porque era una amistad por conveniencia. Y las ganas de bajarme se me metían todas juntas en los pies y los movía rapidito mientras la gente se iba por la escalera: a los chicos, nos bajaban últimos, para llevarnos de la mano. La felicidad de ver a mis abuelos y los regalos de los reyes magos me hacían dar vuelta la panza de burbujas de gaseosa.
Además… al otro día íbamos a Casa Tía a comprar adornos para el arbolito, aunque navidad ya había pasado, pero esa es otra cosa distinta, otra vez te la cuento.







(relajada lejos del avión,música, nafta,
botitas de gamuza, ji ji)

No te puedo escribir-amOr

Hoy me desperté un poco ayer
Y me di cuenta
Toda tu vida azul Francia

L H A
L a B
O C A
V I J
I A O
O

por mis ojos,
Sin querer…
y EMOCIONÉ de encontrarme ahí
ahí ahí ahí

la imposibilidad de escribirte el verbo amOr, sin sufrir agujeros
me duele en la lengua
pero no puedo no puedo no puedo decir,

un abollado -corazón-

igualmente

me hipnotiza notarte feliz, sabiendo
que te siento tan hinchado en el pecho
que no brotás en adjetivos

así que no te po-e-mizo, amor, te experimento,
siempre, in-crescendo

sonreí

Brote de moja

.................................... anto................. vale..........

foto del instante ap-ret-ad-o, paréntesis

día verdegris. Némesis. ¿Día feliz?

no-sístole. no-diástole

sinfín de catarsis.

el sistema de caricias caído

car-cajada. car-cuajada

todo todo todo en función de la angustia