Recuerdo III (Boeing y vasitos)

Desde que, a los cuatro años, me llevaron a vivir a Esquel, Buenos Aires para mí siguió siendo una constante. Los reyes magos en la montaña venían siempre con una yapa de viaje en avión a la gran urbe: las azafatas te daban la mano con una dulzura que muchas veces se desvanecía apenas los ojos vidriosos de mamá te perdían de vista.
Una que otra vez los huérfanos del Boeing (así se sienten los chicos que viajan solos en avión, te lo juro), conseguíamos ver la cabina del piloto. Pero costaba mucho concentrarse en los botoncitos de colores, las lucecitas y palanquitas ¡Porque Los Pilotos te hablaban cara a cara! ¡Nadie manejaba el avión! Las azafatas creían que después de eso, los huérfanos nos tranquilizábamos porque nos íbamos pensando en que algún día querríamos manejar el Boeing, ¡y no! Nos ibamos nada más con la comprobación de algo que veíamos año tras año: nos sentábamos otra vez, aterrados de saber que nuestras viditas estaban en peligro, y yo, que había visto pedacitos de una película en la que un avión se caía en la cordillera, (¡ahí donde volaba yo!) entraba en pánico, y entraba en el pánico como entran los cowboys en los bares de puertitas vaivén, ¿entendés? Entraba de golpe y se me petrificaban las orejas y mis piernitas colgantes dejaban de mecerse y me convertía en una montañita de piedritas.
La azafata muchas veces merodeaba el pasillo y me encontraba así dura y me preguntaba que me pasaba: yo no podía contarle, ella era cómplice de los pilotos que no sabían manejar, los había visto cuchicheando, ¿o qué? ¿Se pensaban que yo era tonta?

- Me duelen los oídos

- No te preocupes corazón, yo te voy a dar algo que te va a calmar, ¿si?

Y yo pensaba: “Mentira azafata cabeza de tortuga si me vas a dar dos vasos para ponerme en las orejas y me vas a decir que eso ayuda”… pero mucho no podía pensar porque ella llegaba rápido

- Tomá vida, vos ponete estos vasitos en las orejas así y quedáte tranquilita mirando por la ventana que se te va a pasar, y sino comete un chiclecito y eso ayuda también.

La abuela en estas situaciones diría: “yo sabía, yo sabía”, pero como a mi me molestaba eso que decía la abuela, trataba de no pensarlo. Y también, para hacerle la contra, le hacía caso a la azafata y me ponía los vasitos, yo siempre creí que la abuela presentía, así como esas cosas telecerebraticas, que yo la estaba provocando desde el avión, y pensaba “viste abuela, yo no digo yo sabía, yo sabía, yo no soy pedante como te dice mamá” (no sabía que era pedante, y encima sonaba chancho, pero era eso que yo no era).
¿Que si tenía chicle? Tres tiras gigantes de basucajirafa. Me metía una tira entera en la boca y como me babeaba, me hacía la que miraba por la ventanilla, para que los otros nenes no me vean. Y aunque los stickers que venían con el chicle eran lindos, a mi me gustaba pegarlos en algún lugar secreto de mi asiento. Después de masticar mucho me dolían de verdad los oídos, o por ahí abajo, y metía el chicle gigante en los ceniceritos del asiento (porque antes la gente fumaba en los aviones y aunque yo estaba en los lugares de los que no fumaban igual tenía agujerito, y a veces hasta encontraba ceniza en el hueco).
A todo esto ya me aburría de hacerle la contra telecerebraticamente a la abuela y me sacaba los vasitos de las orejas, además yo ya había aprendido lo que era un pelotudo y nosotros los nenes parecíamos todos pelotudos con los vasitos en las orejas. Además, cuando algo duele de mentira es como que empieza a molestar estar curándolo.
Y llegábamos a Buenos Aires: se veían las piletitas chiquiti i i i i tas, parecían chiclecitos. Y la gente decía ¡Mirá ahí está la cancha de River! Y a mí me daban un poquito de ganas de ser de River porque parecía que la gente era más alegre que mi abuelo, que era de Ferro, pero ya me daba un revoltijo en la panza de que lo estaba traicionando.
Y trák trák trák brrrrrrrrrr psssssss llegamos! Los nenes dejábamos automáticamente de ser amigos, porque era una amistad por conveniencia. Y las ganas de bajarme se me metían todas juntas en los pies y los movía rapidito mientras la gente se iba por la escalera: a los chicos, nos bajaban últimos, para llevarnos de la mano. La felicidad de ver a mis abuelos y los regalos de los reyes magos me hacían dar vuelta la panza de burbujas de gaseosa.
Además… al otro día íbamos a Casa Tía a comprar adornos para el arbolito, aunque navidad ya había pasado, pero esa es otra cosa distinta, otra vez te la cuento.







(relajada lejos del avión,música, nafta,
botitas de gamuza, ji ji)

No te puedo escribir-amOr

Hoy me desperté un poco ayer
Y me di cuenta
Toda tu vida azul Francia

L H A
L a B
O C A
V I J
I A O
O

por mis ojos,
Sin querer…
y EMOCIONÉ de encontrarme ahí
ahí ahí ahí

la imposibilidad de escribirte el verbo amOr, sin sufrir agujeros
me duele en la lengua
pero no puedo no puedo no puedo decir,

un abollado -corazón-

igualmente

me hipnotiza notarte feliz, sabiendo
que te siento tan hinchado en el pecho
que no brotás en adjetivos

así que no te po-e-mizo, amor, te experimento,
siempre, in-crescendo

sonreí

Brote de moja

.................................... anto................. vale..........

foto del instante ap-ret-ad-o, paréntesis

día verdegris. Némesis. ¿Día feliz?

no-sístole. no-diástole

sinfín de catarsis.

el sistema de caricias caído

car-cajada. car-cuajada

todo todo todo en función de la angustia