Verdespedida. De cerca.

Y si, gente linda, llegó el día. Escribo porque creo necesario darle un gluc cierre a esta etapa del ombligo. Parece por lo que me cuentan que la gente cuando viaja cambia, no lo sé, pero soy paranoica y siempre tengo un “por las dudas” en la mochila. Por las dudas alegato final.
Todo suponiendo que el viejo continente sea benévolo en migraciones, porque se sentiría extraño volver con la frente marchita. Todo suponiendo entonces.
En breve las temperaturas de mi cuerpo serán distintas y sin la amortiguación de una primavera sentiré un shock de short y sudor atrás de las rodillas.
Es hora, todo se cierra sobre sí mismo y no hay más verdad que la de un avión y un alejarse de todos y de todo, hasta de la íntima que conmigo siempre y que, contra toda estadística de plan, decide respirar un tiempo más de este aire argento. Hay. Un alguien que me espera el 2 de septiembre en una plaza algo en un lejos. Otra verdad.
Adiós a los todos, otro adiós a las cosas. Nada más lindo en el irse que el volver, el narrarlo, Benjamín. “Abróchese el cinturón/ Please fasten your seatbelt” Y éste, es un irse radiante: me voy más enamorada que nunca de la ciudad droga que me consume y su gente que este año me descontracturó las ideas occipitales. “Prohibido fumar dentro del avión”. Por las dudas, me pongo el caparazón: más verdes que nunca, sacudimos el hollín, nos embriagamos el 29 y dejamos la literatura para otro día…