Caputxes. O de cómo Osvaldo se hizo Ser.

Como cada día hábil, Osvaldo camina a su casa desde el trabajo. Toma passeig de Gràcia (a esa hora la avenida está libre de turistas) y con las manos en los bolsillos mira hacia el estanco: Jaume, su colega de la universidad, opera como vendedor de “paper” y tabaco hace algunos meses, producto de la incipiente crisis económica y mental que atraviesa el país. A las 12:09 la mirada de Osvaldo busca encontrar a Jaume antes que este último lo haga, ya que si no lo ve detrás del mostrador no entrará a buscarlo (jamás lo ha hecho).

Afortunadamente hoy Jaume está ahí, ordenando cromáticamente los mecheros bajo la vitrina. Osvaldo le sostiene la mirada un segundo desde la vereda, mueve la cabeza hacia abajo sin sacar las manos de los bolsillos, como acostumbra a saludar a través de los vidrios, y prosigue su camino.

Llegando a la esquina enciende su cigarrillo, sincronizado con los dos semáforos que cruzará y las cuatro calles que quedan por recorrer después de eso. Terminará, como lo hace de lunes a viernes, el cigarro en la puerta de su casa; con la misma mano con la que Osvaldo siempre se deshace de los blancos filtros, tomará las llaves del bolsillo derecho del pantalón y abrirá la puerta saludando, ya con la nariz en alto, al portero del edificio.

Osvaldo obedientemente sube uno a uno los escalones que lo separan de la puerta del piso que comparte con su mujer y su perro, Garufa. Escucha desde el primer escalón (que sube con el pie izquierdo sin dudarlo un momento) a Garufa ladrar; la nobleza de los perros siempre le dio a Osvaldo una mezcla de falsa culpa e irritación; nunca logra decidir si la nobleza canina es fruto de la bondad cristiana o la estupidez.

Decide, por hoy, alterar los patrones habituales y sacar al pobre diablo ladrante a pasear antes del almuerzo. Al abrir la puerta un ruido seco que proviene de la habitación lo sobresalta (igualmente Osvaldo nunca está pensando en nada que no pueda ser interrumpido, por lo que el sobresalto es mínimo). Probablemente, al abrir la puerta la corriente de aire empujó alguna otra hacia el estruendo haciéndola estallar en chasquidos individualmente imperceptibles.

Su mujer (que no está en la cocina, ya que Osvaldo ha tomado la correa de Garufa que siempre deja sobre la heladera y no la ha saludado) debe estar en la habitación, secuestrada por la pereza de abrir la puerta culpable del sobresalto hasta finalizar la tarea que no podemos determinar ahora (ya que, como dijimos, la puerta se encuentra cerrada).
Osvaldo saluda, avisa sobre el paseo imprevisto, y recibe de su mujer una respuesta entrecortada, por los autos que transitan Travessera de Gràcia y los ladridos de Garufa que mueve la cola, el culo y la cadera acompasadamente (por momentos también sus patas, al tensarlas, se deslizan a ritmo en el piso prolijamente encerado; hasta cabría pensar que las gotas entre ellas son ansiedad materializada).

Comienza a bajar las escaleras con el pie derecho y toma la correa con la mano izquierda; atrapa al perro ya casi en la puerta del edificio; aprovechándose de su imbecilidad habitual le coloca la correa y abre la puerta de calle parándose unos segundos en el umbral que lo separa del ruido de las motos.

Irritado y sorprendido de sí, palpa su bolsillo izquierdo y descubre que le faltan los cigarrillos. Indignado aunque un poco más tranquilo (sería algo así como una indignación privada) se toca el derecho: tampoco están allí. La ira se apodera de Osvaldo, que repite una y otra vez: “No me lo puedo creer. No me lo puedo creer”.

Tener que atar a Garufa, o pedirle al portero que se encargue de él unos minutos, es un exceso que jamás se permitiría. Se reprocha haber decidido, contra su inercia habitual, dar el paseo antes del almuerzo. Pero nuestro hombre es astuto y no pierde el tiempo enredado en historias contrafácticas. Castigándose por el error, decide entrar con el perro al edificio y subir con él también hasta el piso (sabe que a Garufa le costará soportar el imprevisto y se volverá intolerable. Entonces, el arrebato del paseo adelantado junto a la punición del fastidio que le producirá a Osvaldo el can, equilibrarán las cosas de modo que todo volverá a su neutralidad elemental).

Abre la puerta de casa y suspira repetitivamente, sabe que tendrá que explicarle a su mujer que se ha olvidado los cigarrillos; que no puede pasear al perro sin ellos, que no cree que dejar de fumar sea sano en un caso como el suyo, que no estaba pensando en otra mujer en el momento del olvido, que ha tomado la medicación esta mañana.
Para completar el castigo, Garufa gira en torno a él y da saltitos hacia la cocina. Osvaldo ya fuera de sus cabales se agacha para tomarlo por el pescuezo y sacarle la correa, pero un mal movimiento hace que pise una media azul recostada sobre el mosaico encerado y, con un estruendo al nivel auditivo del portazo de hace un rato, cae con un grito, de espaldas.

Olvida por un momento al perro, y mira la media inocente, dormida como una tripa vacía y azulada sobre el mármol blanco de su hall de entrada. Se odia a sí mismo por segunda vez en el día, ya que se da cuenta que antes de salir también vio a esa media, insolente. Para colmo, algo en ella lo detiene: una etiqueta que versa “hecho en Argentina”. Él, aún siendo nacido y criado en San Telmo-Buenos Aires, no tiene medias argentinas. Su mujer, asturiana sin viajes en su haber, tampoco.

En vez de levantar la cabeza del suelo mira hacia atrás y ve, patas arriba, a su esposa que lo mira desde el marco de la puerta recién abierta. Si no estuviera viendo de revés, y desde abajo, el semblante de ella explicaría toda la media azul sobre el mármol blanco. Pero sólo llega con esfuerzo a hacerse una idea de la mirada femenina que lo escruta y la atribuye a lo sorpresivo de su paseo adelantado con Garufa, la vuelta inesperada a buscar los cigarrillos y su nefasta caída en el hall.

No logra abarcar el rostro de su mujer, pero algo detrás de ella explica finalmente todo. De izquierda a derecha (y esta vez sí favorecido por el ángulo de perspectiva que permitió su caída) ve pasar por la puerta, a dos metros de su esposa, un pene con piernas y camiseta. El semierecto y furtivo péndulo duda en el umbral una micronésima de segundo al, probablemente, percibir que ha sido interceptado por el campo visual de Osvaldo (aún así el miembro viril prosigue su camino, tal vez confiado en un golpe de suerte por el cual el cuerpo en el mármol no se haya percatado de su presencia, tal vez porque ante otra posible realidad lo más importante es esconderse en unos pantalones que no revelen su paradero).

De su laringe, el español argentinizado de Osvaldo grita “Puta. Me has cagado. Me has cagado. Te voy a recagar a trompadas”. Como un completo idiota repite exactamente la frase dos veces más, mientras se incorpora tirando la correa (que pudo, ahora sí, sacarle al perro) por la ventana de ese piso de 1910 que alquilaron con tanto esmero hace algunos años. La mujer se acomoda sutilmente la babeada ropa interior, apoyada contra el marco verde de la puerta, sosteniendo en la mano izquierda un preservativo lleno pero sin nudo aún, tal vez todavía tibio. Lo mira ahora a Osvaldo de frente, se para derecha y bajando la vista acaricia la cabeza de Garufa que percibiendo el ambiente tenso decide irse a la habitación. Parece sonreír, pero es sólo una alucinación, las situaciones en la vida a veces rebalsan, mas no tanto.

Osvaldo gruñe. Esquiva todo contacto visual con su mujer y de tres zancadas cubre la distancia de tres metros que lo separan de ella, la empuja hacia un costado y entra a la habitación. Como en una película, espera encontrar a la impertinente y ancha erección enemiga, exagerada en la cama esperando paciente una segunda (o, quién sabe, la tercera) embestida de la mujer. Más su suerte jamás permitiría escena semejante: lo único que encuentra es la ventana abierta y la cortina que, gracias a la corriente de aire que la acaricia, le indica el camino que tomó el fugitivo falo. Se inclina por la ventana con el ceño aún endurecido y ve, al otro lado de la calle, al pene impertinente y ancho ahora escondido tras un cierre relámpago, subido a una moto ya en marcha. Con dos bocinazos agudos y el acelerador apresado bajo una bota tejana, súbitamente se aleja doblando en la esquina.

Se vuelve hacia la habitación conyugal, testigo de recientes felaciones y la promesa amorosa de un cowboy afeminado. Está desierta. Su adúltera y puta mujer probablemente esté haciéndose un té marroquí, de ese que ella misma compró en Cádiz en unas vacaciones hace poco tiempo, en las cuales (todo se le hace a Osvaldo más evidente) no hubo habitación que atestigüe labios rojos sobre su pene, ahora humillado hasta la base.
Garufa lo mira con ojos engrasados, la tristeza del labrador lo contagia. Osvaldo repentinamente se da cuenta. Renueva las tres zancadas hacia la ventana del hall, y milagrosamente logra rescatar de entre unas plantas, que la adúltera escogió la semana pasada, la soga para pasear al perro. Vuelve a la habitación y una mirada burlona lo detiene. Es allí donde termina de decidirse: Con un movimiento veloz (ya muchas veces antes ensayado) pasa la soga por la parte delantera del pescuezo y lucha contra las patas que con su desesperación lo lastiman. Aprieta decidido la soga, no es mucho el esfuerzo físico que requiere que la trompa sorprendida y asustada empiece a despedir una espuma blancuzca y los ojos se hagan más redondos. La muerte es aburrida y una sola, tanto para los nobles como para los adúlteros.

Garufa, que presenció la escena con la solemnidad que caracteriza a los de su raza, ahora toma la soga ya abandonada en el parquet de la habitación y busca la mirada cómplice de Osvaldo. Éste, toma el cuerpo de la muy hija de puta y pacientemente lo cubre de papel film transparente, depositándolo tres horas después en la bañera del piso que tanto les costó encontrar en las páginas de avisos.
En una hora siete tiene que entrar a trabajar (cree que el horario partido es un invento insalubre) y decide tomar un café en la esquina con su amigo Jaume, que de vez en vez logra escaparse unos minutos del estanco colocando un cartel de “en seguida vuelvo” en la puerta de vidrio que Osvaldo nunca se atreve a franquear camino a casa. Toma las llaves y esta vez procura no olvidar los cigarrillos. Enojado con Garufa, cree que está en su derecho de negarle el paseo que inicialmente pensaba darle, aunque el perro con la soga en la boca comience a ladrar; lo deja entonces, encerrado en el baño con su mujer, tendida y envasada.

-nada relevante acontece en el café con Jaume-

Faltan diez minutos para el comienzo del segundo turno en el restaurante, Osvaldo no caminó al trabajo como todos los días: se encuentra aproximadamente en el medio del segundo vagón del subte de la línea verde, a veinte segundos de que el conductor invisible comience a aminorar la velocidad y anuncie la llegada a la estación Plaça Catalunya y sus respectivas posibles combinaciones. Lo que empieza desde sus dientes como un balbuceo se escucha en su última frase por todo el vagón, y tal vez un poco más allá: “(…)eo eo é. A trabajar Osvaldo. Después nos ayudarán los caranchos. Hoy la maté. Eo eo é.”.

A las 21:03, el cuerpo de su mujer imperceptiblemente comienza el lento pero inexorable proceso de descomposición natural. Mientras tanto, Osvaldo se posiciona detrás del cocinero contemplando las manos que con papel film, cubren un roast beef. El restaurante abre sus puertas al público más selecto de toda Barcelona (y sus alrededores).

Get Domestical: Foto policromática

Psts iuuu… la tv.
Mrmrr – mrmmrmr- mrmr: subo la persiana

Desde el Living: “.. que estoy en territorio apache…” (guitarra acústica). Recuerdo:
-Hay quienes se meten para adentro, y estamos los que nos metemos para afuera.
-La vida para afuera, pero no para los otros, para el “más afuera”, para el titiritero (no, no! Dios no eh!) Ante las presiones es más fácil olvidarme de mí que de la mirada de los otros.
Masa y Poder, Elías Canetti. Sobre la mesa de luz, al lado de la cuchara.

MTV, otro reality guionado, mejor Mute. Huele a perfume.
El living, me olvidé de callar la música: “Take you as you are, have you as you are, take you as you were”.
Puré instantáneo, medio tomate, una lata de atún, una banana. Agua tibia, las sábanas enrolladas. 13:08. Braguitas verdes gigaaantes, sábado sin horquillas ni rimmel; la mano sobre Ezeiza, Horacio Verbitzky, sobre Los reventados, sobre La posibilidad de una isla. Sólo la mano.

El teléfono: cortado. Internet: cortado. Entra un poco de sol en la habitación, sólo en esta época del año. Silencio, pero el living: “…sin piedad dejás atrás, un séquito de vana idolatría…”. Calláte. Calláte ya.
Pero no me muevo. Cierro los ojos y recuerdo: todo mojado, en el lavarropas hace horas. La mano sobre Ezeiza es la mano sobre el vientre: giro fetal. La mano sobre el vientre es la mano que desenrosca la sábana. La sábana sobre Verbitzky, sobre Los reventados, Así. Todos adentro: pero la vida para afuera.

Silencio, pero el living: “…su soledad es una vieja enjuta, rodeá de hijos de puta…”. No resisto. Una pierna baja y, ciega, se aferra al parquet. Giro y miro al techo, me levanto. 13:38. Mareo de horas de reality guionado mute: puto sábado de programación continuada.

Como no intencionado: de paso hacia la cocina un click en el i-tunes. Silencio (del verdadero, no soporto apagar los parlantes y saber que la música sigue reproduciéndose en silencio). Exceso de mandarina en la boca, y regando las plantas. Las semillas cítricas que vuelan desde mis labios hacen ruido en el techo del primer piso. Rociador: juego. Beso una hoja de palta, cuelgo la ropa mojada (me la paso por las piernas, está fresca) me saco las braguitas verdes y las meto al lavarropas.

Baño: abro el vapor: fffhshsssssshhh. Trago la buscapina con agua caliente de la ducha. Jabón líquido: muy pequebú. Pero “Carlo se vendió, al barrio de Lanú…” y la guitarra invisible que toco bajo el agua.

Gipsy Punk

Mientras caminamos por el Clú Ciudá, on the way al escenario(s), hay gente extraña que regala mate taraguí o que itinera entre el stand top de Phillip Morris acolchonado (donde podés tomar en tus manos una guitarra eléctrica y sacarte una foto que después suben a una página para que te busques a vos mismo entre mil fotos y desde esa página se la mandes a tus amigos y después phillip morris tenga una gran base de datos para rompernos las pelotas) y otros stands similares (rock&pop, mega, etc).


Los Tipitos hacen lo suyo, Los Auténticos igual. Todo está dispuesto para que este sea un festival como tantos otros, hasta que podamos poner los ojos en aquello que vinimos a contemplar: los bíceps del cantante de Calle 13. Llegado el momento, será evidente que perrear es imposible: la fiebre de estrógenos adolescente mojará mi camiseta y ls cabelleras rubias Sedal por primera vez sudadas me taparán la mitad de los abdominales de nuestro tótem boricua.


A esa altura mis amigas habrán desistido, pero mi ímpetu punk y mi terquedad violenta (siempre impulsada por estupefacientes o recitales) me harán luchar, utilizando todas mis destrezas pogueras en contraposición a la temeraria imposición de las fans con el día de mi cumpleaños en las mejillas, hombro con hombro con las malditas niñas hasta llegar a traspasar con un brazo la valla. Claramente Calle 13 no era para tanto, es tan sólo ganar.


Pero antes, mucho antes, vi el mejor reci del año: Gogol Bordello. Contra los argumentos de mi amigo Ido, quién vapulea la actitud, algo en este cantante ucraniano pirata le ponía espíritu punk a la noche, mientras insistentemente un violín se hacía presente y, como un balde de cerveza en la cabeza, segundos después de esa intro la primer canción se rompía en mil pedazos de colores astillándose el los oídos del público sorprendido.


Una mezcla de Kusturica y The Clash nos hizo saltar sin descanso, al ritmo de una tailandesa y una china que apretaban las piernas mientras hacían estallar un bombo y unos platillos, el toque mágico e inolvidable de un violinista salido de la segunda guerra mundial y un acordeón imparable rociado de aceite. Contra toda la cultura de letra argenta, la mitad de las canciones en lenguas del este mezcladas nos hacían, por fin, olvidar su importancia, para abandonarnos a la pura voz de tinto del cantante y su bigote que se movía con un tic de fonos incomprensibles bien piratas. INOLVIDABLE. Así fue Gogol Bordello. Así se la dejó picando a Los Fabulosos después de un gol que nadie vió venir pero que levantó un Pepsi que pintaba como cualquier otro.


Para los curiosos: www.myspace.com/gogolbordello

http://grupomuu.com.ar/2009/11/09/gogol-at-the-pecsi/

Tip: Hay una buena versión de "mala vida" en un CD que se llama Eastern Infection, pero recomiendo bajar antes que nada Super Taranta!

















Non, Je Ne Regrette Rien

Hace poco escuché en el colectivo una conversación poco interesante sobre la tenencia de un perro, último bien tangible y repartible de la pareja conformada por la muchacha de los pechos ficticios y el ente abstracto al otro lado de la línea. La charla terminó con un simple: “Mirá Pancho, todo lo que decís está de más, porque yo no me arrepiento de nada, así que venís a buscar al perro y la cortamos con esto”.
Querría obviar toda caída en la fisura sensiblera que propone el “todo lo que decís está de más” y quedarme con el “yo no me arrepiento de nada”.

Según la Wikipedia, el arrepentimiento es “una sensación que se experimenta tras darse cuenta de que se ha cometido un error. Este sentimiento puede causar distintas emociones, tales como la culpa, la verguenza o el remordimiento. Puede afectar a la persona en distintos grados, desde ser algo pasajero, sin mayores consecuencias, hasta provocar el suicidio del arrepentido” (Las bastardas son mías).

Esta definición deja de lado, evidentemente, el arrepentimiento de aquél que alguna vez nos dijo “me arrepiento de haberle puesto tanto de mí a esta relación”. Ese tipo de arrepentimiento conlleva una voluntad ya no de redención, sino más bien de provocar en el otro aquél arrepentimiento del cual la Wikipedia versa su definición. No sólo eso. La cita, completa en lo que respecta a una caracterización no religiosa del término, no alude a las disculpas. La persona afectada por el remordimiento puede llegar al suicidio. Sólo así dice. Sería interesante reformular esa última frase por “Puede afectar a la persona en distintos grados, desde ser algo pasajero, sin mayores consecuencias, hasta provocar en el arrepentido la voluntad de pedir disculpas”.

Mágicamente el no arrepentirse es motivo de vanaglorio. Edith Piaf canta en Non, Je Ne Regrette Rien, “Je me fous du passé!” ( puede traducirse como “Te voy a devolver el perro, mierda!”); los Jóvenes Pordioseros no se arrepienten “de haber venido hasta acá/ de haber viajado una hora” (nada más) para volverla a ver, Gilda no se arrepiente de ese amor aunque le cueste un órgano y en Nao me arrependo Caetano dice “Eu não me arrependo de você/ Cê não me devia maldizer assim” (Sacando el lamento constante del bahiano, cosa que hace evidente que las cuarentonas lo dejen, creo que se acerca un poco más a lo que tal vez nuestra muchacha en el colectivo quería decirle a Pancho).

No me arrepiento de nada
en este último contexto, que es el que nos interesa y el que, ahora sí, se relaciona un poco con el “todo lo que decís está de más”, no tiene que ver con un “no me voy a suicidar por esto” ni tampoco con “no me siento culpable, así que metete la lengua en el culo”. Lejos de sentimientos de culpa o verguenza, es en todo caso una de las tantas manifestaciones de A mi manera, canción que tanto agrada a la gente de más de 60 años, preferentemente en su traducción al español que, como las traducciones de la editorial Terramar, nos llega (en la mejor de las circunstancias) del francés al inglés, y del inglés a nuestro idioma. Creo que explica mejor que yo la frase chorreante de grasa que subliminalmente sobrevolaba el comentario de nuestra jóven viajante:

Estoy mirando atrás /Y puedo ver mi vida entera/ Y se que estoy en paz /Pues la viví a mi manera... (...)
Jamás me arrepentí /Si amando di todos mis sueños /Lloré y si reí, fue a mi manera.../ Que pueden decir, /o criticar /Si yo aprendí a renunciar /Si hay que morir /Y hay que pasar /Nada deje sin entregar /Porque viví /Siempre viví a mi manera

Si el ávido lector llegó hasta acá sin vomitar el desayuno del mes pasado y no se arrepiente de haber leído, puede hacerse merecedor del premio “Le mome Piaf”.
Eso sí, no deje de buscar la versión más acorde a su género musical preferido en nuestra selección de versiones de “A mi manera”, o más bien “No me arrepiento de nada, así que calláte y lleváte el can”.

Versiones*:
(Algunos títulos son míos)

1. Cacho Castaña "A mi manera"
2. Sid Vicious (Sex Pistols) "Booze my way" (Letal)
3. Don Omar "Siempre perrié a mi manera"
4. Gipsy Kings "olei aididitmaiwei olei" (cho sei, que no vendráns, por eso chá...)
5. Elvis Presley también "Booze my way"
6. Nina Simone "my way" (tamborilero)
7. María Marta Serra Lima "A mi manera" (por ATC!!!)

* Son las versiones que chusmeé guiada también por la wikipedia (jamás encontré una versión de my way de Radiohead o de los Strokes, alguien dirá si la wiki iba bien o no).

Wiki tiró la data: "La identificación de la canción con Sinatra se volvió tan fuerte, que la canción se tranformó en un ícono, y así el Gobierno Sovietico de Mijaíl Gorbachov bromeando se refería a su política de no-intervencionismo en los asuntos internos de los demás países firmantes del Pacto de Varsovia como la "Doctrina Sinatra".

Globos

(Octubre: problemas inspiratorios)


I
¿Y si soltáramos un globo de gas por cada pelo que se va por el lavabo?


II
Contaré entonces una historia que se me ocurrió mientras pensaba en cualquier cosa con tal de no rascarme la psoriasis. "Había una vez un cura que se ató un montón de globos inflados con helio y decidió viajar por la costa de Bras…" ah... ¿posta?


III
- Mirá negro, tengo que decirte algo. Me parece que estoy embarazada...
- Nuuuu miraaaa Marcela! largaron un montón de globos!!!!!! ves??? los ves??? Eh ¿porqué llorás ahora? ¿ves que no se puede compartir nada con vos? siempre andás depresiva.

IV
Todo lo que sube tiene que bajar. Tengo un vecino señorfuncionariopúblico que me presentó a su cuñada ministradesalud. Un día íbamos con ella casualmente saliendo de lo de la peluquera del barrio, esa que atiende en Aráoz entre Güemes y Charcas (sí, la que por la tarde en secreto atiende a domicilio). Bueno resulta que ella, un poco maleducada a decir verdad, iba con uno de esos aparatitos en la oreja izquierda escuchando el programa del mediodía de Lalo Mir. Me estaba comentando lo que este tipo decía sobre el próximo show del imitador de Marco Antonio Solís cuando algopum-lehizoplaf en la cabeza. Era un cacho de globo, sabés? Así, un plástico, naranja. Yo lo primero que pensé fue “acá nos cae encima el finado del cura brasileño ese que se colgó los globos”. Y claro, es justo eso que le dicen “resignificación” lo que me pasó esa vez, ahora cada vez que veo un globo no pienso más en los cumpleaños, pienso el pobre tipo ese, que debe andar ahí muerto por la selva. En una de esas se lo comieron los indios amazónicos, o capás todavía anda cagado de hambre, ¿qué sabés? Mirá a los de Viven, los tipos de esa película estuvieron como 13 días ahí meta nieve y nalga; este cura de la inanición se debe haber comido los dedos por lo menos te digo. Yo igual lo llegan a bajar y me caso, con eso te digo todo, te digo. Tanto ímpetu, tanta fuerza de voluntad no se ve hoy en día. Eso sí, debe estar un poco loco también, lo llevás a tu casa y después de tanto tiempo al aire libre se te pone como gato enjaulado. Bueno, la cosa es que cayó el globo del cielo y cuando miramos para arriba nada, nada eh, yo creo que…


V
Quiero creer que hay algo allá arriba, algo con silueta de lugar. Ese espacio a donde llegan todos los globos de gas que presurosos se escapan de las oenegés en busca de su destino último.

Bent

When there is only lust, there are men.
When you can only trust, that is when:
jump and bend, into my bed.
When you don’t enjoy, just pretend.
When you forget, the message you send.
Dumb and bent, come. Clean my head.

When you run, hope I won’t mind.
When the gun, slides from your hand
falls and bangs, shoots your glands.
I’ll heal your heart, sow your crust.
I’ll see your mom lick out your lust.
She must come. She must.
I wasted my hands into the moist, at last.
She forgot your number, sick girl, too fast.




La piba de papel

A la piba de papel le faltan las guadañas de unos dedos que froten su piel de arcilla, pero no se inquieta. No le importa. Se conforma con el relato de las decisiones ajenas. Se conforma y con las sábanas hace una carpa de celulosa y tinta; a la mañana despierta entre páginas arrugadas bajo las cargadas caderas. Consume y se sume en sintaxis
hasta el hastío,
hasta que la aplastan,
hasta que los verbos no bastan.
Áspero el papel de la resma Ledesma.
Ásperos los dientes.
Pero si hasta el vientre…
…todo áspero es papel en potencia, siempre.

No será depósito de decisiones nupciales ese vientre acartonado y, abandonado el delirio de la trascendencia humana, no hay razón para ayudar a que una mano ajena se pose ahí, con la inútil excusa de propagar la especie. Qué chabona.

La piba de papel prefiere no simbolizarse, sino repasarse en voz alta.
Ante el placer, escéptica, contemplativa e impía:
Se queda con ser motivo de fantasía;
fantasía que sabe, por sus propias ordinarias condiciones, absurda.
Se queda con mantener diestramente el secreto y, despidiéndose misteriosa, acariciar la cabeza de sus adictos alegando una trama argumental casi poética (casi patética) de diferencias irreconciliables por la cual el goce sólo conduciría a la destrucción de los personajes al final. (Nota del trad. : Otra piba aburrida, temerosa del fracaso).
Ante tan nauseabunda realidad, es mejor empujar a los fieles por el trampolín de un amistoso “adiós”, y seguir leyéndose, oral, yéndose, con un zarpazo de barco que se lo lleva todo.

Ley Nº 384 art. 3: Para ser deslumbrante NUNCA revelar el artificio.
(En el margen derecho se lee, en tinta azul: “inolvidable”. A continuación, una carita feliz)
Sabe que no será su mano receptáculo de un mechón de pelo que huela extraordinario, “No, piba. Podrías tomarlo con los dedos equivocados y ser motivo de frustración ajena”.


Abandonada gentilmente la praxis a los otros, procederá a escribir cómo las manos son inútiles, ¡Ni hablar de los mechones de pelo aromáticos! ¡Insolentemente frágiles! Mejor para precipitarse es la carpa literaria de cuatro patas a la que se aferra, como colgada de la rama de un cerezo-vientre privado de posibilidad frutal.
Y cuando por fin su piel no sea más que cuaderno y se le terminen las palabras, le sonreirá una vez más al relato de las decisiones, como una amigable intrusa en “la vida”, homenajeándolas humildemente.

(telón)

La resma Ledesma se acaba,
y las putas hojas no hablan de nada.

A la piba de papel las horas se le pasan.

Siesta

- No encuentro la posición…
- Yo puse las manos arriba de la panza.

Plaza Armenia está siempre llena de chicos, aunque sea jueves. De a ratos viene un olor a caca de perrito con tierra, pero uno se acostumbra. Ya casi llega la primavera, o por lo menos eso anuncia el sol que pica un poco en la cara. Aún así, el clima no permite todavía sacarse el suéter, aunque se llene de pasto. Todavía siento el helado de chocolate con almendras en los labios. Hay un desnivel en el suelo hacia mi derecha. Unas rejas y más allá, demasiado cerca, Nicaragua y sus taxistas que se saludan.

- Yo también puse las manos arriba de la panza, pero la panza me creció tanto este año que los brazos se me caen a los costados. A ver. Quedáte así. Sí. ¡No! ¿Qué te movés? ¿No ves que me agarra la neurosis? Ahí va…

No me es difícil dormirme al sol. Es más, el naranja de los párpados cerrados me induce al sueño. Decido que es más cómodo ceder y mover la cabeza hacia mi derecha, aunque anule la posibilidad de que la piel pierda algo de su blancura invernal.

- Che, despertáte.

La odio un rato, después comentará que dormí más de media hora. Sin abrir los ojos, escucho voces cercanas de chicos jugando. Quiero preguntarle por qué me despertó, y en cambio digo “Se fue el sol. Matá al nene”.
Sin mover la cabeza pero esta vez abriendo los ojos, veo al nene mirándome con la cara más seria que alguien de 5 años puede poner. En verdad, tal vez tenga 3 o 7, nunca fui buena con las edades.
El nene estaba demasiado cerca, y ahora implora que retire la orden que impartí a mi amiga. Me da lástima haberlo asustado y quiero sonreírle, pero me paralizo cuando veo que los padres están todavía más cerca que los chicos.


- ¿Qué onda? ¿Nos vamos?
- Si, volvamos y hagamos unos mates.

Sincronizadamente miramos a los nenes, a los padres y nos miramos a nosotras mismas. La complicidad es grande. Las dos nos reímos, es bastante desagradable para los padres ver a dos chicas cirujas llenas de pasto y de ojos hinchados pidiéndose mutuamente matar al nene. Al mismo tiempo algo me dice que esos cuarentones extrañan estar tirados en esta alfombra verdosa y se avergüenzan de habernos despertado.
Nos levantamos de a poco. Yo me vuelvo a tirar dos veces, remoloneando como si estuviera en la cama.


- Mirá como se besuquean esos dos. Ésa, la del uniforme. Que están acostados. Ahí.

No me quiero levantar, apuntando a la pareja busco una distracción para mi amiga. Miro a la colegiala una y otra vez. Él parece contarse los nudillos de la mano derecha señalándolos uno por uno, probablemente acompañando el conteo con un relato estúpido, besos intermitentes y sonrisitas afeminadas.

- Estás envidiosa.

Prefiero cuando manejamos implícitos, pero sí, un poco. Ella me acompaña:

- Mirá, ahí hay otros besuqueándose.

Nos ponemos el tapado. Claramente no nos sienta bien el tapado después de una siesta linyera desmoronadas en la plaza.
De camino a casa, tenemos que pasar frente al banquito donde la segunda pareja avistada juguetea. Como escudo y como siempre, le pido un cigarrillo. Ella tarda mucho y, sin saber bien cómo, pasamos delante de la pareja sin crisparnos. De alguna manera encontramos algo más interesante de qué hablar.

Doce

Pronto no quedarán sino personas y cosas inofensivas,
lastimosas y desarmadas en torno a nuestro pasado,
tan sólo errores enmudecidos.*


Camino rápido, con el cigarrillo semiprendido en la boca, con un brazo rígido aferrada a mi mochila y con el otro extendido, agitándolo, mirando suplicante al conductor del 12. La mala predisposición para abrirme la puerta me es indiferente, sólo quiero sentarme y escuchar música. Deslizo las monedas obedientemente y, como una máquina tragamonedas, siento una gota de sudor que cae por mis lumbares. Imagino como la gota diligente se disuelve, rozando la cadera, entre las fibras de mi jean.

Sé, porque es rutina (y de las rutinas se aprende poco, pero se aprende) que en una de las tantas cuadras que haré saltando en mi asiento amortiguado de cuero identificable, te voy a recordar. Como siempre será una sola policromática imagen que se repite una y otra vez, yuxtaponiéndose, como un dibujo animado inmóvil. Hace tiempo que la animación dejó de tener sentido, que tus caras se superponen con un sonido de ametralladora continuo y seco que me indica que el tiempo en el cuadro transcurre, pero las figuras estáticas, aunque vivas, siguen interrumpidas. Si intento detener el movimiento del papel el efecto es devastador: tus rasgos comienzan a hacerse borrosos, y se me escapan. A veces a esto le sigue un baldazo de alivio, alivio de no verte; pero la imagen obstinada vuelve a emerger y con ella sus multiplicadas facsímiles infinitas, una sobre otra, a velocidades cinematográficas.

Comencé hace unas semanas el segundo experimento de extirparte de mi vida, por lo menos de mi vida cortada como un bife, es decir, de mi vida cotidiana. Esta vez, a diferencia de la anterior, opté por no informártelo. Tal vez así si fracaso no tendré que verte verme fracasar.

Algo me dice que todo funciona “de pelos”, porque hace dos semanas que, al subirme al 12, el recuerdo-cuadro yuxtapuesto una y otra vez es el mismo: no varía, no me toma por sorpresa. Supongo que sería natural decirte que no es ninguno de los repugnantemente tristes y, si lo pienso en el conjunto, es de los menos significativos: Es (como creo no podría ser de otra manera) el primer día que decidimos, por arte de tu inercia y mi escepticismo, dormir juntos. Nos veo, mientras el 12 toma Gallo y dobla en Güemes, buscando a pie un Bar, a esa hora de la madrugada en que los bares cierran, y mirando de refilón a nuestro amigo en común que se va después de las primeras tres cervezas, semidespidiéndose, extrañado un poco de las circunstancias. Una y otra vez pienso en tu cara esa noche, cuando tu risa de dibujo animado no significaba nada; pienso en mis gestos aturdidos cuando todavía no significabas nada y en las ganas de que duermas en mi cama sin que signifique nada. Como verás, en estos días fui reviviéndonos rebobinativamente, siempre hacia atrás, siempre al primer gusano, primitivo y superficial.

Esa madrugada es mi último recuerdo recurrente, al que algunos días me abrazo como el último tablón de este barco que se hunde. Lo que pasa es que, a veces, dejar de extrañarte se siente como un delito, y la angustia que se robó tu forma cuando dejé de verte pasó a ser un refugio, escudándome de otras nuevas y amenazantes tristezas.
Mejor malo conocido que siento volando.

Te escribo para contarte que ya me olvidé del resto. Que no me acuerdo siquiera qué tenías puesto. Ni sé más de ese día en que quisiste exhibirme a tus amigos y olvidé sus nombres. (No olvidé así sus caras. A decir verdad logré saludar a una parejita hace poco en una plaza).
No me queda ni siquiera la imagen que me acosó en los días más fríos, imagen cruda, escarchada de julio, tiritante de palabras huecas. Sigue siendo gélida, sí, pero inaccesible. Me gustaría explicarme mejor: es que ya no siento palpitante mi desnudez de arterias verdes pegada a vos y vos pegado a tu instrumento; ahora solamente nos veo a los tres desde la ventana descomunal de tu casa, como una película que de tantas veces narrada olvidé. En estas últimas semanas llegué a dudar si alguna vez hubo un lapsus en que nos besamos cada día realmente; si es verdad que a la tarde nos invadían rayos de luz de la plaza, cacheteándonos el sueño; si es verdad que me gustabas tanto.

Solamente subo al 12 y me veo una y otra vez jugando en ese primer Bar, con mis dedos en las órbitas de tu oreja, fisurando la posible amistad, presentando mi orden de allanamiento para registrarte, a ver si de una buena vez querías besarme. Invitándote a dormir, sin jugar todas mis fichas; más bien incendiando el casino. Jugando con fuego, le dicen. Uno nunca se da cuenta de los desgarros irreparables que puede provocar el fuego en la cabeza.

Después del Bar, en el 12 no hay nada. Fue otra mina la que en estos meses respiraba entrecortado cada vez que sonaba el teléfono sabiendo que no eras vos; no estoy segura tampoco de haberte llamado, ni quiera sé el número de tu casa y mucho menos en qué piso vivís. No recuerdo el color exacto de tu pelo, ni qué tono de rosa tenía mi cara cada mañana en tu espejo. Me cuesta pensar que fue mi cuerpo el que lloró varias veces al ritmo de tu respiración dormida, contemplándome, patética, patrullando mis próximos movimientos heroicos. Si no es autodesctructivo, man, no es amor.

En este tiempo tan íntimo como reciente, deambulé avanzando de espaldas día tras día, volviendo de a poco al Bar, recreando uno a uno todos esos minutos humanos en el camino. Este rebobinar liberador me acarició la espalda y, de manera inversamente proporcional, cada imagen que me abandonaba tras mis pasos me acercaba más a ese día de pub barato, gusano primitivo que hoy me queda, recuerdo suelto en el bolsillo, dispuesto a que lo consuma en tres pitadas.

Tengo que confesar que ya no me acuerdo de las últimas lágrimas de otoño en un banco de la plaza mientras los chicos aspiraban pegamento y los perros cagaban desechos calientes sobre el pavimento. No podría decirte con qué ansiedad en otro tiempo bajaba en el ascensor para encontrarte. Ese día de calor, con la camisa en la mano y, con el sudor centelleante, pegado a tu instrumento; la verdad es que olvidé, como olvidé lo que quería decirte cuando nos alejamos, esa palabra mágica que te haría extrañar mis chistes rancios y mis desayunos miserables. Esa palabra irreal.

Hoy solamente está la mueca de nuestro amigo yéndose del Bar inaugural, mirando nuestro primer beso, un poco atónito, un poco aburrido. Sólo me queda ese Bar de Corrientes (ya sé que está en otra calle, ya sé que nunca más lo vi, que ese bar es un enigma; pero decidí llamarlo así). Estamos nosotros, desconocidos, dándonos la mano como quien no quiere la cosa, pateando las 6 de la mañana de ese invierno lamentable lleno de candelas urbanas que nos guiaron en silencio a despedazarnos un rato.

Ese es el último cuadro, el que me queda. Y un día de estos, sé que voy a perderlo también, entre los rebotes de mi asiento de cuero del 12, entre el tabaco suelto en mi bolsillo. Sé que distraída tal vez meta este recuerdo con las monedas en la máquina de mi 12 rutinario, y convertido en boleto no te vea nunca más. Aunque me de pena. Aunque lo sienta como un delito. Voy a verme desde arriba, como si fuera otra, besándote en el Bar de Corrientes. Incendiando el casino, invitándote a dormir. Hasta podría eventualmente sonreír.

Quién dice, tal vez uno de estos días me bajo del 12 después de ver tu nombre escrito en el último asiento, preguntándome quién carajo eras.

* Si está mal citado, es culpa de Iacobus Tarqui. (AL)

Tristes ocupaciones

(Hoy: Nada de literaturnost. "The surreal real life")

He pasado los últimos días bastante ocupada, cosa sorprendente ya que fehacientemente he descubierto que la trascendencia de cualquiera de las ocupaciones que he tenido en mi vida no ha pasado de ser una trascendencia de unos meses, récord. La materia que tengo colgada hace un año y medio dejará de trascender cuando la rinda, eso es claro, por lo que no cuenta. Es por eso que estar ocupada es algo que encuentro generalmente bastante estúpido, con todo lo que implica el término, por lo que prefiero reformular mi primera frase (al mejor estilo Masliah) por la siguiente: He pasado los últimos días bastante entretenida y alejada de mis divagues masturbatorios espirituales/mentales, no siempre escindibles.

En fin. Hoy, después de estos días que en un lapso ya determinado de antemano olvidaré, prendí la televisión. Mi voluntad de cambiar de canal se vió afectada por la medida inabarcable de la distancia a la que estaba el control remoto, y mi voluntad de ver televisión por la voluntad de la televisión misma. O por la que tuve la última vez que la prendí, donde sorpresivamente decidí ver un canal de aire.

Ví entonces, con la boca llena de comida china (chun-za-mien-feng-shui), una entrevista a dos españoles que visitaban la argentina. Un título que no pude retener bien, me introducía en el tema: era algo así como “turismo sexual”. El entrevistador pregunta cómo han conseguido nuestros dos visitantes hachís, a lo que ellos responden que lo han hecho trayéndolo. Mientras uno fuma un “peta” el otro sin mucha delicadeza arma dos imperfectas paralelas líneas blancas de cocaína sobre una edición de Emecé de “El Aleph”. El entrevistador pregunta si saben lo que Borges representa para los argentinos (yo sonriendo también me pregunto "qué representa Borges...") y el español de camisa negra contesta algo como “pues un punto en el mundo”, mientras jala la primera con mucho arte, y con un cartón enrollado. Seguidamente invita a su amigo, el gordito que fuma hash.

Paso siguiente: van a un boliche y gracias a las cámaras el gordito logra besuquear a dos o tres mujeres, que entre todas casi juntan la cantidad de piezas que exige una dentadura, y una buena cantidad de agua oxigenada en las melenas rubicundas, color franela. Aros en el ombligo, tantas veces salivado, con brillantes; pieles morenas en pleno invierno y transpiración en el bigote mal depilado son las delicias del gordito que mira a la cámara y exuda una que otra frase halagando la belleza argentina. Hay algo en mi arrogancia que me impide sentirme parte de ese halago.

Un hombre que se dedica al turismo habla intermitentemente de cómo los extranjeros le preguntan por “las chicas”. Se parece, más de lo que puedo soportar, a Caetano Veloso, y paradójicamente su apellido es Galoto, una especie de garoto en japonés. Su discurso es más cercano al del Excelentísimo que al de los dos españoles. Aún así, lo que me repele del conjunto es saber que el productor del programa crea que está mostrando algo único e irrepetible, como si cosa así pudiera hacerse. Me repito, a falta del productor para decírselo: Nada tiene más carga significativa que lavarse los dientes. De ahí en más, se vive.

Decido apagar la televisión y hacer un mínimo esfuerzo, maniobrando con el tenedor y las páginas, por volver a la lectura. No puedo decir que una cosa tenga más carga ficcional que la otra, pero prefiero imaginar que en el libro la fiesta no sigue mientras tanto yo no siga pasando las páginas. Tal vez por eso el mundo sea menos mierda cuando está escrito.

Capelletinis Verdes en el Trono

Los chicos verdes sí que sabemos de moho. En nuestra salsa.
Miércoles 22 de julio de 2009. Algo pasadas las 22.00. Chico Verde (Zql) y Ombligo Verde (OV) y la aventura cibernética de sus vidas. El mundo peligraba.


OV: ayuda!!!!
OV: tiré un plataso de capelletinis mohosos al inodoro y lo tapé!!!!!
OV: el moho los vuelve goma!!!!
OV: que hagoooooooo????
Zql: sopapa
Zql: por que hiciste eso?
OV: no me preguntes cosas que no nos van a llevar a ningun lado. praxis praxis praxis
OV: no tengo sopapa
OV: tirame otra chance
Zql: sopapa o un alambre destapacaño
OV: alambre destapacaño???? me estas cargando man??? que es eso???
Zql: algo que evidentemente tenemos los campesinos del conurbano solamente
OV: y, cagan duro en el sur, no?
OV: che que mierda, sabés?
Zql: en realidad se tpan los caños de la calle
OV: la vecindad me hace el poto si tapo las cañerías
Zql: tenes que buscar una vara flexible y dura
Zql: plastico sirve supongo

OV: no no eze, no se fueron por el inodoro (ahí claramente me chuparía una teta). la cosa es que si ahora hago pupu, la termino de embarrar....
OV: este... literalmente....
OV: entendes? esta ta-pe-te
OV: tapado
OV: una vara...
OV: a ver…
Zql: o sea, no se terminaron de ir por el inodoro
OV: claro claro
OV: se ven un poco
Zql: algunos entraron, se apelotonaron y te lo taparon
OV: no sabes el humo que larga el moho! lo sabias?
Zql: si los reducis con una vara y tiras algun quimico destapacaños deberias estar bien
OV: de repente plim cuando lo tiré por el hueco empezo a salir un humito verdoso!!!
Zql: casa de articulos de limpieza
Zql: jajja, hacia cuanto que los cocinaste?
OV: si... le echo una lavandina superpotente
Zql: liquido destapacaños
OV: estaban ahi hace mucho... estaban de mucho antes de que comieramos nosotros capelletinis
Zql: no es 100% efectivo y es re toxico, pero vale
Zql: jajajaa
OV: ¿? pero no tengo eso che, vos te me hacés el mr músculo y yo lo unico que tengo para echarle es fernet vittone (lo más toxico que hay en casa)
OV: ahi vengo
OV: voy a intentar algo delicado como desconectar una bomba de protones
OV: mission accomplished: los extraje con mis pequeñas manos introduciendome a los tenebrosos recovecos del inodoro
OV: oh yeah.
Zql: jajajjajajajaa
OV: no more capelletinis in my shit
OV: jajaja me voy a comer
OV: volveré
OV: (me voy a comer los capelletinis)
Zql: seguro que esta actividad te abrio el apetito
OV: si, claramente. faltaba un gusanito....

Polifonía II

I.
(Laura)
“Con los labios entreabiertos, fascinada, me descubrí mirándome al espejo y comprometiéndome a llorar. Hace mucho que no lloro. La necesidad de lágrimas me supera, y tengo la habilidad de saciarme. Sólo enfocando mis ojos, y mi imaginación, hacia mi propia mirada (no las pupilas, no las pestañas; la mirada), descubro algo ahí, un espacio neutro que me angustia. Nunca se va, siempre está ahí esperando anhelante a que, cada una estipulada cantidad de espacio-tiempo, la contemple, le de forma de pera y llore. Es una mirada que me dedico a mí misma, pocas veces descubierta por terceros –o segundos, en el más racional de los casos-. En el encuentro mis facciones anticipan una mueca de derrumbe, un abismo de sinsentido que amenaza con hacerme perder entre las sábanas algunas semanas, sin ver nada más que las líneas imperfectamente paralelas de la persiana, sin sentir más que mi mano rozando rítmicamente mi entrepierna, en posición fetal, confundiéndome con las montañas de ropa linda abandonada en la cama. Lo que me hace llorar no es ese estado de resaca emocional, sino la pelea contra ese abismo de frazadas: la caída al vacío no significa más que un alivio, una renuncia: la entrega total al derrumbe. Lo que me hace llorar tal vez sea el sinsentido de la pelea contra el vacío, contra lo neutro de consentir a la vida. Ese secreto neutro es un caudal de lágrimas”.

II.
(Carolina y Agustín)
- ¿Qué vale más que una despedida? Es lo único que puede acercarse a una mínima noción de futuro. Es un efecto, una sensación de reencuentro. La imposibilidad del futuro, la sensación de imposibilidad del reencuentro momentánea es efecto de futuro.
- ¡La inminencia del beso! Eso sí que tiene futuro en sí misma, es intrínsecamente una promesa de contacto, aunque dure poco. Es la única promesa entre dos personas que puede sostenerse.
- Es que no existe, el beso no es futuro. Y ahora que lo pienso la despedida tampoco. Muchas veces cuando me despierto tengo una sensación de que reacciono con tres segundos de retraso a los movimientos de mi cuerpo, y me doy cuenta que eso es lo más futuro que tengo, el cuerpo que se traslada por inercia. La inercia es futuro. Y el futuro en la inercia no es más que un presente diseccionado.
- ¿Y el pensamiento? ¿No es futuro? Es potencia. Me mareo.
- La muerte. La muerte es el futuro. Pero seguro ya lo dijeron muchos pelotudos antes que yo. ¿Vamos a casa? Me está dando frío.

III.
(María)
Estiro las piernas, muevo el brazo dormido y sonámbulo. Vibrante, empieza a despertarme desde el codo con sus cosquillas. “Brazo de mierda”, pienso con los ojos cosidos. Giro y me reinstalo boca abajo en la cama, ahora más fría, por mis movimientos violentos. Pongo la almohada en mi cabeza –las manos sobre la almohada y la manta hasta cubrir las manos-.

Seguidamente recuerdo, y siento la náusea de abismo en el pecho. Tuerzo la cabeza hacia la izquierda para cerciorarme de mi realidad maldita y lo veo, haciéndose el dormido, con cara de llorar. La puta que lo parió.

Hago el esfuerzo, le sonrío, simulo quedarme otra vez dormida. Los dos siempre consentimos en actuarnos, más por su integridad emocional que por la mía: en nuestra obra no asumo emoción alguna. Esto claramente no podía acontecer de otra manera, para eso vivo. Primer acto: estoy soñando ya, y él probablemente tenga esa mueca de resignación que lo caracteriza. Se siente más hombre así. Duro y rendido.
Angustia. Me doy cuenta que, aprovechando el simulacro, una mano decidió pararse en mis lumbares; no lo consiento. Quiero pegarle con cien años de soledad en la cabeza, pero me levanto precipitada y torpemente, y me voy al baño: diplomática, acabo de señalizar la dirección de la situación.
Andáte de casa, que yo me quiero matar.

Uno viejito... (de a dos también)

Situación: a punto de rendir el final de literatura argentina II (alguna mañana de julio del 2008), J la gata y el Ombligo deciden no repasar ni un poquito y jugar un jueguito... "yo digo una palabra, vos agregás otra y así, a ver quien recuerda más". Despues nadie quiso ganar y nos recordábamos como venía la cosa cada vez que alguno metía la pata. Todo porque nos estaba gustando lo que hacíamos.

Hace poco encontré el papelito, que prometía hacerlo escapar del olvido, perdido entre mis cosas. Y creo que para no perderlo otra vez nada mejor que hacerlo vox populi.

Untitled

"Casa tomada por extraterrestres imberbes ¡Váyanse! ¡Consíganse cultura! ¡Rompan todo! Caminen sobre cuerpos olvidados en aquella guerra.
No lastimen mi cuerpo desnudo con marcas intelectuales.
No latiguen mis ojos maltrechos, católicos, argentinos con rubicundas melenas.
No laceren esta barbilla puntiaguda con saña carpintera.

Aquí me pongo serio y comienza la revancha. ¿Recuerdan mi intervención afilada sobre la masacre azul?
Bueno, así como las sardinas escapan solas, acompañado de latas regresé flotando, sumergido, incoherente: vacío".

Estrella fugaz

Corriendo con un titán, detrás.
Sobre manchas de alquitrán “y resbalar”.
Sentir de un soplo en la oreja.
En el tímpano de mi fragilidad.
Pero no, no puedo engañar.
Soy la roca volcánica.
Y más.
Soy equilibrista, de los demás.
Sostén, de algo trascendental.
“Una fisura, y…” -me engaño-
“el mundo puede estallar”.

Mañana
voy a querer perpetuar
momentos de debilidad
para forzarme a llorar.
Putita.

Estrella fugaz. De mí, fugaz.
De otros, estela verde que se va.
Un segundo: y reventar. Un segundo.
No más. No pido más.
Por un fugaz, dejar de implotar.
Vomitar. Comida no. Inmundo mundo.
Por un segundo, o un poco más.

Última pantomima, cabaret
“¿que decís? ¡Bailá!”
Dejar de pensar,
Labios flotando de Fernet.
Mueca de angustia fugaz,
¡el artificio! ¿se notó?
Me caigo de espaldas
Me aburro. Me auspicio.
Ya no importa nada, nada más.
“Te voto, Mauricio”.
La reina del ballet,
la que trae un talladet.
La que le atuza el bigote al cafisho.

Me escondo del titán.
Roca del volcán, a cara lavada,
me acuesto con el capitán.
Mi sangre, cuajada. Soy “tan”.
Me acuesto con el sultán.
Y vomito, negra, mi vida pasada.

A cara lavada. ¿me querés?
¿Me querés a cara limada?
¿También? No te creo nada.

Ahí viene el titán, ahí entra:
Me pide que le rinda cuentas.
Me pide que le rienda suelta.
Un segundo, se me suelta
el trapecio, a mí,
equilibrista de los demás.
Y me caí.

Así, tirada en tu subsuelo.

¿Qué mierda mirás? Vos, menta.
Vos, sonrisa de felpa:
tu boca
delta
de una tormenta.

¿No me querés querer, así fisura?
¿Te gusta verme caerme inerme?
La puerta dura, diez puntos de sutura.
Caracoles, un viaje, Finn y Verne.
El finnnn. Al fin verme. A cara lavada.
Caradura, sos un caradura.
Tenés dura la temperatura.
De cabaret, pero carne pura.

Enjuagada la calavera.
A cara desencajada.
A manos lavadas.
Me voy, con el titán, detrás
Me voy, a pagarle al capatáz.
Pero no puedo fugarme
sin armarme para preguntarte:

¿Seguro que no vas a poder
quererme, a cara lavada?

Verano fue (Escrito en dupla)

Camino, como si fuera a llegar pronto, a tu camino. Intersecciones. No vamos jamás a encontrar ese oasis donde bebernos. La vida es a veces tan filamentosa, como si tuviera demasiadas nervaduras donde perderte. Pero aún camino, llegándome ahí, verde. Tengo también yo otro lugar a donde ir, pero es paralelo al tuyo, nada que ver, nada que beber. Por eso creo que las grietas son el único lugar. Donde por fin te pierdo, es allí donde logro encontrarte, vegetal. Tus raíces allá, lejanía; acá mi pelo que se ramifica en tus manos y oscurece como tus manos mis ojos. Deformándote la manera de verme sin beberme. Verme verde. Buscáme, si simplemente vas a poderme sin podarme. Podés verme, ahora. Intersección de nervaduras; encontrarme no es oasis sin desierto. Es tragarnos, fluidos, es arena y morder. Las grietas son el lugar donde volcarnos para regar otros caminos, para descansar las ramas de tus manos en mi pelo y darle a tus hojas un otoño más, última intersección.
Camino como si fuera a volver a la estación anterior. Verano fue quemar tus naves, tus hojas y mi pelo. Ahora ya no hay más que esperar.




Noctambulismo productivo: O. V. y Zarpullido de papel insomnes juegan cadáveres tramposos para remar sobre las olas de las horas a-eme, en las que los párpados no cierran hasta las 4 (con suerte).



Foto: "Intersección" A. C. (Tigre, BsAs, 2009)

Inminencia

Éste es el momento en donde la charla se vuelve nimia y las dos sillas paralelas se sueldan. Las palabras ya no tienen importancia: se escucha mal, la música está muy fuerte, las voces se mezclan en un rumor de cuatro tiempos. Aún así se sigue hablando, y -con un poco de delay- se percibe que la importancia de las palabras reside en que se hicieron brisa sobre los otros y propios labios. Es inminente el silencio: la concentración depositada en esos otros labios y el estímulo de las ya cada vez más entrecortadas palabras que parece soltar, bloquean cualquier tipo de intento elocuente de conversación. Hablar. No importa de qué, pero hablar. Mantener esa brisa, la que franquea la boca con un perfume de Menthos y alcohol, que no cierre la boca jamás.

El acercamiento acompasado de los rostros es de una lentitud que hace de los movimientos un deslizamiento imperceptible a los ojos de los cuerpos lejanos a esta corriente dócil, la que, con su intensidad creciente sobre la piel, rosada y entreabierta, es prueba empírica de la proximidad progresiva.

Incertidumbre. Silencio. Uno se decide, elige contar un secreto, y a pesar del volumen de la música y la poca atención de los cuerpos que enmarcan la mesa, que hacen de la siguiente acción algo claramente, en términos comunicativos, innecesario, pone su boca en el lóbulo izquierdo de su Otra. Es un secreto que requiere respuesta, es un diálogo secreto, vegetal. Otra responde al secreto con una nueva brisa en la parte alta del cuello del Uno, y una risotada final eriza el vello de éste último. Al retirarse roza con su mejilla la mejilla y desliza una palabra extraordinaria que brinda un nuevo soplo cálido de Menthos a la boca de Uno.

Uno ya ha tocado reiteradas veces con su mano la cintura de Otra. Otra la recibe con entusiasmo, deslizando suavemente su cuerpo un centímetro hacia Uno para que la mano calce exactamente donde las manos deben ajustarse. Esta vez, Uno no retira su mano. Otra no retira su cuerpo tampoco, y decide, cansada, subir las piernas a la silla de Uno, amigablemente, haciendo una imperfecta cruz con las de él, ahora rígidas. Más risotadas. Lo más agradable de la situación, es la proximidad de sus torsos. Es evidente que Uno no está cómodo pero un insistente imán atrae el pecho de ella a la parte baja de la axila de él. Otra podría dormirse horas en esa posición. Que nunca cierre su boca. Jamás.
Ella sigue hablando. Él cuenta los tiempos de las exhalaciones entre palabras para robarse su respiración.

Me encanta esta canción.

Silencio. Inminencia. Otra abre la boca y fija la mirada en Uno, acerca su frente hasta tocarse con la de Uno, une el lado izquierdo de su nariz al derecho de la nariz de Uno. Su labio superior acaricia el de Uno. Sus dedos se pierden detrás de las orejas endurecidas de Uno, portales de los recibidores que ya no escuchan los cuerpos chocando, la música, la masa acústica uniforme y acompasada. Uno, con el tórax lleno de aire, apenas logra enviar una señal a su diestra que aprieta la cintura de Otra. La otra mano ha muerto, a su izquierda, a pesar de los insistentes intentos de resucitación.

Otra dice me gustás. Otra dice me gustás mucho. Otra dice ¿No me vas a dar un beso?

Todo lo que Otra dice se codifica en leves roces en los labios de Uno, aturdido, que sólo puede perderse en los ojos de Otra que se unen y separan por su proximidad inquietante. Otra no es más que código Morse desarrollándose en su boca, exigiéndole la praxis inmediata. Exigiéndole que zambulla su mano izquierda, ahora inerte, en el peinado delicadamente tallado de Otra.
Uno comienza a respirar, inhalación que en un principio es disimulada y culmina tres de los prolongados segundos después, explotando con un resoplido que peina el flequillo de Otra hacia atrás y descubre sus ojos húmedos expectantes. La mano izquierda de Uno revive, agarra fuerte la muñeca de Otra; sus otros cinco dedos se pierden bajo la camiseta de Otra, presionando, ésta vez sin contarlas ni multiplicarlas, las lumbares ahora dóciles. Uno abre la boca y mira fijamente a Otra. Otra contiene el aliento, pisa el trampolín cerrando los ojos. Ya está, ahí están, se ven desde lejos. Un pequeño salto, y se hacen mierda.

Ultimátum (Tienes un e-mail)

Viernes 23, 21:45

Hola amor!!! Como estas? Yo recién llego de laburar, me aumentaron el sueldo! Vos que siempre decías que me lo merecía y que era una pelotuda por no pedirlo. Por acá todo bien, hoy empecé a pintar el depto, está quedando lindo, amarillo, como vos querías. Ayer en el parcial me fue bien, la verdad no veo la hora de terminar la Facu.. bueno, me voy yendo que estoy apurada, tengo que hacer las compras antes que cierre el chino. Cuidate, mañana te cuento más….



Sábado 24 23:51

¡que mail cortito te mandé ayer! Perdonaaaame! Hoy es Domingo, bah, casi. Faltan diez minutos. Está bueno pensarlo Domingo, porque siento que pasé un día (sábado) sin escribirte, no?
No, ya sé que no… pero bueno, de alguna manera vos habilitaste este espacio cuando me dejaste… o por lo menos nunca me contestaste indicándome que te molestaba que yo siguiera escribiéndote… no te voy a decir que no esperé en un principio una respuesta, qué se yo… sé ahora que el hecho de que no me contestes, para mí, tengo que admitir, terminó siendo un alivio, y tu casilla un lugar donde depositar todo esto que día a día cargo, aún los días en los que vengo cansada, y no tengo muchas ganas de escribirte, pero decido contarte que hice en el día, para que no te falte algo mío. A veces igualmente no puedo evitar pensar en que dejaste de usar este mail, a veces porque se te cerró la cuenta, otras pienso que será porque te cansaste de mí. Ya sé que no tengo que pensar así, sino, me hubieras dicho que la corte, no? Una vez, antes de que te vayas… dijimos que teníamos que ser sinceros… así que probablemente, hoy, nada más no quieras responderme. No voy a indagarte e indagarme sobre las razones de tu silencio, prefiero dejarlo librado al día en que respondas. A veces, también, me da miedo que respondas, capas sea el fin de este escribirte día a día, y no sabría que hacer… estos diez meses, desde que te fuiste, fueron un infierno, llegar a casa y sentarme frente al monitor es un alivio fabuloso.



Domingo 25 15:00

La semana pasada no te conté algo porque estaba un poco enojada, pero ahora me siento mejor como para decírtelo. Ví de espaldas a un chico muy parecido a vos, hasta tenía tu misma campera y una mochila negra como la que te regaló Luis para tu cumpleaños. Iba con una chica, de la mano, riéndose. Yo tenía la ventana del colectivo abierta, y hasta creí escuchar tus carcajadas. Estuve varios días muy mal, pero bueno, como verás trato de no hacértelo saber, porque sé como soy, así de celosa… y ahora bueno, claramente me doy cuenta que fue todo mi imaginación, es obvio que estás muy metido con el trabajo, o eso fue lo que me dijiste cuando te fuiste para no volver. ¿Para qué dudar de vos? Si siempre dijimos que seríamos sinceros. “La sinceridad ante todo” decías.
Hijo de remil puta eh, y la reverenda concha de tu madre… bien que tuviste cuatro o cinco excusas para no haber sido sincero cuando te curtiste a Micaela no? No? NO? Que no querías decirme la verdad antes de saber cuál era la verdad, que necesitabas espacio, que la pija en la punta del cerro Castor.
Perdoname, que se yo porque me pongo así… pensé en borrar la línea anterior, pero no sería sincero de mi parte… Mejor me rajo un rato, mañana te sigo escribiendo.


Lunes 26, 22:38

¿Qué hacés? Yo recién llego del laburo, estoy agotada! ¿Cómo va todo? Espero que bien, yo acá ando, quedé un poco mal por lo de ayer, no sé como te mandé ese mail, que pelotuda que soy… pero bueno, te repito: creo que no puedo ocultarte ninguno de mis sentimientos.
Hoy un compañero me invitó un café, y acepté. No te pongas celoso, te lo cuento porque creo que, aunque ya no estemos juntos, nos queremos y queremos lo mejor el uno para el otro. Estoy contenta, es el primer chabón que miro desde que te fuiste, y por un rato me sentí muy bien. Espero que no te haga mal lo que te cuento, sé que es difícil, a mi se me hace complicado soportar la idea de que tal vez hayas conocido a alguien. Igual, creo que si así hubiera sido me habrías escrito algún día para contármelo, no? Siempre decías que había que ser sincero… así que bueno, mucho más para contarte no tengo, estoy con un café en la mano, fumando, escuchando el cassette de lentos que teníamos en el auto (siempre lo pongo para escribirte). ¿Estarás leyéndome? Desde el viernes me quedó la imagen grabada de tu casilla de mails llena, todos sin leer, y vos allá, en tu nueva vida, lejos de todo esto. Ojala tu nueva vida sea hermosa, y ojala a mi me espere buena vida también, aunque por ahora no hago más que extrañarte, diez meses extrañándote. ¿Qué son diez meses al fin? Se terminó el cassette y ya me estoy llenando de pensamientos tristes, mañana sigo…



Viernes 30, 21:32

Holis! En cual andás? Perdoname que no te escribí en estos días, que raro, no? Es la primera vez que paso tres días sin escribirte… es que estuve con varias cosas y bueno, tampoco es que me vas a extrañar tanto. El otro día cuando salí de la facu me crucé a mi compañero de laburo, y nos fuimos a almorzar. Estuvimos charlando como dos horas, después nos fuimos a caminar por los bosques de Palermo y nos terminamos metiendo en un cafecito hasta las 8 de la noche. Me contó de su vida, el conté de vos, aunque no de los mails. A veces me da mucha vergüenza esto que hago de seguir escribiéndote, y mucha más contar que desde que te fuiste nunca recibí un solo mail en respuesta. Siempre termino diciendo que vos y yo tenemos muy buena relación. No sé si es una mentira, che, al fin y al cabo tal vez ahora estemos un poco distanciados, pero bueno, son momentos de desconexión, eso no significa que no nos llevemos bien, no? Che me voy yendo, estoy un poco cansada de tanta charla hoy, y tengo que cocinar todavía, un beso grande, que andes bien. Cuidate.



Jueves 5, 23:03

Álvaro:
Otra vez pasé días sin escribirte… esta vez más. Es que tuve muchas cosas en la cabeza, muchas cosas que pensar. Este mail probablemente sea el último, si es que lo logro. Supongo que por lo menos tengo que decirte que voy a intentar que lo sea. Entiendo también que tal vez sí los leas, y ahora que se van los extrañes, pero no puedo seguir esperándote más. Diez meses en esto es bastante, aunque yo también te voy a extrañar. Éste va a ser un paso difícil para mi, tuve que tomar ciertas medidas: vendí la computadora, mañana se la llevan (se la vendí a Graciela, la vecina del D, te acordás?). Me voy de viaje, el mes que viene y por un par de meses, me va a despejar la cabeza. Me voy a visitar a mi compañero de trabajo, que se va a vivir a Méjico, si, es raro, no? Pero bueno, parece que de alguna manera nos entendimos. Es muy duro despedirme así de vos, pero necesito hacerlo ahora, antes de irme. Algún día tal vez, a mi vuelta, me tome el 36 y en un semáforo te vea cruzar la calle con tu mochila negra, y algún otro día tal vez también, pueda saludarte y volver también a escribirte, de otra manera. No me extrañes, sabés que siempre voy a estar de alguna manera pensando en vos, pero la espera me mata día a día, como mis mails. Pensé en despedirme por teléfono (no sé si seguís en lo de tu vieja) pero me pareció que en vez de una despedida iba a ser un comienzo de algo diferente, mejor por acá, por donde, tengo que admitir que así fue, monologué diez meses seguidos. No sé si voy a poder superar esto, lo nuestro, lo que ahora entiendo que ya no está, pero necesito intentarlo. Diego (mi compañero) es un re chabón, y tal vez la última mano que me tiendan antes de que la luz fluorescente de este monitor me consuma. Sé que todo se dio muy rápido con él, estoy igual de sorprendida que vos, ni yo me lo esperaba así, pero siento que es, de parte de la vida, un gran ultimátum. Siento no sé porqué que tengo que jugármela, una vez más, aunque jugándomela todo haya salido tan mal con vos. Él también necesita un poco de atención, y es la primera vez que en todo este tiempo sentí que alguien necesitaba de mi compañía, y eso se sintió muy bien en la boca del estómago. Ojala puedas tomártelo con calma, y si algún día necesitás hablar, no dudes en escribirme, aunque sinceramente siento que estoy carreteando para despegar, y cuando me vuele no sé si voy a poder volver. Ahora da vértigo, pero es lo mejor. Bueno, no quiero que mi mail de despedida se extienda tanto, podría decirte tantas cosas y repetirte tantas otras, pero creo que no hay necesidad, solamente te mando una sonrisa y espero, esta vez de corazón, que para vos las cosas sean y hayan sido, más fáciles.



Jueves 5, 23:04

MAILER-DAEMON@yahoo.com
Asunto: Delivery failure.
Hi. This is the qmail-send program at yahoo.com.I'm afraid I wasn't able to deliver your message to the following addresses.This is a permanent error; I've given up. Sorry it didn't work out.

alvaro_83

:65.55.37.72 does not like recipient.Remote host said: 550 Requested action not taken: mailbox unavailable.



..."please fasten your seat-belts"...

Dos de Marea

Dos para leer, aunque sé que esto no se hace. Pero es que las de Marea son altas letras del rock -asumo que existe la posibilidad de que solo gusten las letras-. Las dos son de "Las aceras están llenas de piojos" (2007).


Mierda y cuchara

Cuéntame, dime, ¿Quién te ha colgado el mar de las pestañas?
Y ahora dársena de estiércol se tornó la comisura de los besos.
Sed de limón, cimbrear como las espadañas
y en el hueco de mi espalda y la pared cuelga tu nido del revés.
Y cada huevo parido es nada y cada beso en la boca es nada.
Como si no hubiera pasado nada…

Un reguero de luna será nuestra casa,
de esta luna tan puta de pechos de plata.
Será el arrullar de la libertad,
que tiene cogida pa ti y para mi en la goma de sus bragas.

Cuéntame del llover, de los días de mierda y cuchara,
de la rara podredumbre del querer, cuando no falta de nada.
Porque sé que el saber no sirvió para dañar tus labios,
y que te sobra todo lo que va después, de "yo te quiero" y "yo, también".
Y mi costilla arrancada es nada, y cada trino quebrado es nada,
que fuimos solos y seremos nada…

Aguacero de soles caerá en nuestra cama,
que sólo quiere amores de piernas mojadas.
Y dejarnos prender, que no es menester
ponernos en pie, tú como luna en celo y yo como una cabra.

Regaré, sin querer, con silencio, de estrellas, tu cuarto,
que no anhela más que el grito del papel, en el que he escrito mi quehacer,
que nunca más servirá de nada si su tronido se queda en nada
cuando su savia ya no riega nada…

Un reguero de luna será nuestra casa,
de esta luna tan puta de pechos de plata.
Será el arrullar de la libertad,
que tiene cogida pa ti y para mi en la goma de sus bragas.


Me corten la lengua

Me dijiste “píntame” y pinté una luna
luna de cuarto menguante con guante de podar,
que con la otra mano agita cacerolas
con el ruido de las olas que las tiene enamorá
y lloraste al verla: “imagínate que te pinto yo a ti
un sol radiante y lo pongo delante pa cuando no estés”

que me corten el gaznate si no veo que se baten
mariposas a tu andar
si no lloro una bahía cuando estés loca perdía
de conmigo cojear.

Te pedí que no me ataras y empezamos
con los nudos en las manos, los grilletes y el bozal.
Que más tarde, cuando el día no ejerza
con la camisa de fuerza nos pondremos a bailar,
y trastabillar entre tanto pie que no sabe trabarnos
ni sabe quitarnos las llaves del anochecer.

Que mala muerte me venga o me rebanen la lengua
si te quise querer mal.
Tú me diste tanta fiebre, yo te di perro por liebre
y nos quedamos en paz.

Que si la noche se estaba encuerando no fue para verme
lo que quería es cincuenta y la cama ¿con quién?, daba igual.
Con troncos viejos que con calaveras, que esconden los dientes...
con dedos largos que nadie les queda para señalar,
con los muñones que escriben derecho en renglones torcidos,
con el olvido que siempre se acuerda de resucitar,
con los relojes que me echan las cuentas y no han entendido
que no me he rendido,
quise fracasar.

Que me ronden moscardones al olor de los cajones
que una vez cerré por ti.
Si palpitan cremalleras al compás de primaveras
que no las quieren abrir.
Que se caiga el sol a cachos, y con él el dios borracho
que te quiso hacer sufrir.
Que te echó su mal aliento que yo transformé en cemento
para hacerte sonreír.



*....y un video de yapa, "ciudad de los gitanos" con intro de Manolo Chinato, que es un poeta español que siempre estuvo muy relacionado con las bandas de rock (Extremoduro le hizo un cd tributo poniéndole música a algunos de sus poemas). En fin, a mi me gusta esta canción, no pongo la letra para no hacer el post tan largo, pero merece ser leída: es un poema de F.G.Lorca que, en realidad, es más largo y algunas estrofas están en otro orden (está en Romancero Gitano).

http://www.youtube.com/watch?v=_0ZJ6kOJhUM&feature=related

Uno para todos... y todos para mi.

A continuación...
Es colectiva
la creación,
que estriba
en una idea.
Usted vea:

Cinco gentes toman mate menos una. Dos toman té. Hay un solo saquito en la mesa. Dos dicen gracias, dos siguen tomando. Hay una rama arriba de la mesa pero no es árbol, hay ingredientes para brownies pero hay tres fiacas y dos gripes. Oink. Deciden las gentes jugar un juego de escritura colectiva. Presupongo preservación de las especies y las identidades. Prefiero presuponer mal, que amanecer con San Pedro. De domingo salió más o menos esto, con más colores y menos solemnidad en el trazo...



I.

Cae siempre en el piso cuando vuela ese coso violeta sobre la pileta profunda que yo cavé.
Muertos pájaros había hundidos. Voló hacia donde estábamos y nos pegó como si fuera un boomerang violeta, y entendimos que no había que retroceder sino decidirnos a pegar hacia delante. Plus Ultra. Pegar faso. Clavarnos un churro, quemar ¿qué? Sino, las naves. No hay plata. Las llantas, las zapatillas, polvitos mágicos. Reparemos. Salgamos a la calle, a buscar a Paquito, el hijo bobo de la pasta, y si no lo encontramos pataliemos. Un jalonazo, uno solo. O quizás muchos más jalonazos. Pero salgamos a comprar, así, salir, re locos, y ver volar cosas violetas, cayendo.

II.

Sol anaranjado que brilla mucho en ese lienzo. Pero ayer no salió tan anaranjado como solía. En vez de salir hacia el poniente descansando, decidió mirar hacia atrás. Pintar. Se obligaba. Ayer nomás, encontró una luna en el anular. Un anillo, dos aretes, tus aretes, y un. Un cuadro con formas chotas. Pero tenía que pintar. Su obsesión con la pintura era obesa, obsesa, él era un cabeza. Su frente, enorme, sólo pensaba en caliente, en bombos y matracas y pomos amarillos, brillantes soles peronistas al óleo. Con toques de Evita y manotazos del General, viendo al sol anaranjado brillar en el lienzo.

III.

Una mañana fue el ritual. Nos fuimos a Tigre con las chichas, que tomaban gusanos tequilos. Limón parecía el centro y, y, ¡uh! Cayó desde el otro lado.
Nos expectoramos fuerte, arrinconados donde estábamos ¡boom! Las chicas nos asustamos como changos. Chanchos. Chotas. Pitos voladores casi encima nuestro. Vuestro padre que estás en los cielos: en las nubes color rosa como un chancho volador. Chango, dámelo ya, padre. Por los pibes, copáte, y dámelo. Lo gauchita que soy no es gratis. No acepto tantas excusas, tampoco gusanitos tequilos, no más, ahora preferiría bichos de arroz. Para el ritual iniciático en el Tigre, no estuvo nada mal.

IV.

Cajeta con concha dije. Y me puse colorada, porque nunca había hecho una -¡Hey!- ¿Cuál es él ? El judío, el circuncidado, tenía la cuestión escondida. Podría mirar para ver si descubría cómo los otros eran. Ellos. Los judíos, los marranos, siempre tienen ¿o no tienen? Pijas, digámoslo ya. Pijas que parecen -no sé- impares, zoomorfas, soldaditos mutilados. Pero igual son mías, las judías. Pero… esa mirada sorprendida por ver las evidencias de un error inesperado. Error de otros zoomorfos que ahora se perdían como imbéciles. Ya nunca sabré, lo circuncidado que podía llegar a ser.

V.

Libro antiguo que una niña vio en cuatro patas. No, en cinco. Sí, travesti. Braguetas buscaba en seguida, y sacudía con furia. Furibundo, libro con ganas de abrirse, dilatarse. Ella seguía leyendo pero mientras tanto se estimulaba. Espiando a Juan por la rendija se dio cuenta, se avivó de su excitación. Exit. Se fue a la ducha, seco y exótico era lo que había visto. Seco y con pelusas pudorosas en el ombligo. Profundidades de pudor que abrazaban, completas, sus ganas. Era humana, en una fantasía insoportable. Solo pensaba en cuanto le gustaba la furia travesti de Juan. Sólo unas páginas.




Autores muertos:
Jonás, el Bombero Incendiario y Iacobus Tarqui (Agosto Literario)
Natule (No se asusten de las palabras)
Zarpullida (Zarpullido de papel)

Deseo y resbale.


*No confío en el contenido de estas palabras, se me hace bastante desagradable leer las rimas... pero es que quedaba "¡tanlindo!" enmarcado así que no tengo opción.

Oniris. (O el acoso del silencio matutino).

No. No. Pienso en nada.
Siento Su fragilidad. Siento arrancar, una moto.
No puedo nene, no puedo nada.
¿Que por qué te busco? No, histérica no, ninfomanía, ni tanto… es tan sólo un fallo en el sistema.
Soy el envase de lo que alguna vez pudimos ser.
- Si te estimulo es solamente que… Soy como una pistola descargada que se dispara.
- “Eso lo escuchaste en una canción. Lo sabía”.
No lamentes haberme conocido, es otra vez, es otra fisura. Una grieta en mi ilegalidad.
Nada-más-que-no-puedo-nada, nene. No soy extraordinaria. Nada más Wikipedia.
“yo solamente quiero hacerte compañía. Podemos tomar un helado. Te llevo a tu casa, después. Nada más necesito una pierna ajena para descansar mis manos”.
Es que a mi me cortaron las piernas. “Ja”. Me gusta hacerte reír.
Pierdo el contacto. Lo pierdo. Con tacto.
Tu tacto. Tácito. Despacito. Gracias por el helado, gracias.

Sss… sábanas …ssss…. sábanas

Despierto. Siento alivio en las piernas, vibrantes de desfilar en sueños.
Me deslizo por toda la cama, recorriéndola, reconociéndola, reconociéndome. Siendo, siéndome. Siento. Las rodillas se tocan. Siendo que se tocan: Neurosis.

Wikipedia “Existe una confusión generalizada sobre el término “neurosis”. Por un lado se aplica, como síntoma, a un conjunto heterogéneo de trastornos mentales que participan de mecanismos inadaptativos ligados a la ansiedad. Por otra parte su uso popular (como sinónimo de “obsesión”, “excentricidad” o “nerviosismo”) ha provocado su extensión a terrenos no estrictamente ligados a la enfermedad mental”.

Ya no puedo mantenerme en sábanas.

Me silla y me bufanda: con un cigarrillo y un café: a la máquina.
Bip-bip.
Antonella/documentos/sueños y catarsis-privado
(sonrío)
Word
Tecleo:
(tec-tec-tec)

“sueño 10-5-09. Un él me gusta mucho, pero no puedo (no es claro si lo conozco o no). Me pregunta en qué pienso, pero no pienso en nada. Le digo que no, que “no puedo”. Que si lo buscaba era por un fallo en el sistema. Que ninfomanía no, que helado sí, que algo de Wikipedia (o es que eso de la neurosis… cuando desperté...). Pone cara de alborotado y alborotado está en verdad. (No quiero que se arrepienta, me asaltan la libido los flacos que se desnaturalizan). Sueño con palabras. Con tacto. Tacto. Tácito. Despacito. Hay helado”

(Tec-tec. Tec. Tst)

Siento que hay más ahí. Termino el café. Eso que había se me va. Es difícil recordar. A veces invento. Sueños… el café está horrible. Alrededor la mirada. Tengo que arreglar la toma de luz. Que frío que hace hoy lareputisima.




Tiiiiiiiii-Liiiii-Liii-Lit Tiiiiii()
- ¿hola?
- Soy yo, …sabés?
- Ah… ¿cómo estás?
- En el quiosco, al lado de tu casa. ¿Querés tomar un helado?
- Sí. Sí. Ahí bajo.




Llaves. Cigarrillos. Encendedor. Plata. Celuno… no. Mejor lo dejo.
Salgo.
Vuelvo. Baño. Me miro al espejo, perfume, tranqui, que no se note que tal vez te esperaba.
Salgo.

Sss... sábanas …sss…. Sábanas.


No quiero abrir los ojos.
Qué frío la reputísima,
qué frío.





Entrar (Medias y Sombreros)

(Este texto fue estrenado por la voz de COCÓ el sábado 16 de mayo de 2009 en el marco del Medias y Sombreros. Convengamos que ella hizo de estas palabras algo digno de ser escuchado. pero bueno, valía la pena ponerlo para el que no estuvo ahí y se la perdió).

Entrar

Yo pensaba en algún tema agradable para discutir horas y horas.
Él exploraba discos viejos, sin decidirse por uno.
Se decidía, y por los Tribalistas. Estaba bien. Más que bien.

Traigo la cerveza, giro para buscar los vasos.
Recuerdo el giro de un trompo que le robé a una compañera de colegio. Carolina.
Giro y siento una mano que me aprieta fuerte una nalga.
Con una carcajada en la mano, me aprieta medio culo.
Con otra carcajada suelta, y una palmadita que me dispara a la cocina. Silencio. Principio básico de la violación tolerada.

Abrí las piernas, vení, mostráme el pasillo, ese que me lleva a tu habitación. Dijo.
Invasión. Desplegar la entrepierna es anunciar su entrada.
Pasá. Dije.
Y entró por mi pasillo con las manos al nivel de sus hombros, acariciando las paredes.
Recordé a los chicos que salen del colegio enrejado y pasan los dedos por los hierros rápido al ritmo de su andar.
Recordé una imagen de abuela tocando el arpa.
Recordé pero él empezó a inducirme a un hormigueo, con ese rasgueo de guitarra por encima de las rodillas.
Y en la puerta le sugerí, como en las películas, un beso con la mirada.
Aunque él entienda que un beso compromete más nudos que entrar a mi habitación, aunque yo también lo sepa así y sea ésa mi razón para sugerirlo. Quiero nudos entre nosotros.

A más de medio camino de mis rodillas el arpa se volvió un combate de manos que se multiplican.
A más de medio pasillo de mi habitación, a más de medio trecho de la invasión.
Grito que no.
No, no. No.
Y hago una cruz con mis piernas sobre mi puerta.
Y aprisiono las rodillas con mis antebrazos.
Recuerdo, ovillos de lana jugando con gatos.
No quiero recordar, no quiero que él se vaya.

Vení, está bien, te dejo, vení.
Si no entra él, entra la desesperación, y ya es tarde.
Vení, entrá, pero no me dejes pensar, no juegues a la entrepierna enrejada como un chico.
Invasión, de cada hemoglobito, de cada falange, de cada axón.
Su entrada termina de fragmentar mi corazón, si es que existe cosa tal, si es que existe en el centro de la faringe un corazón.
Recuerdo una historia de una princesa austro-húngara que en su primer encuentro sexual imaginó a un jabalí que embestía una y otra vez sus genitales, y terminaba por masticarle el sexo.
No quiero recordar.
Prefiero soñar que mañana despertamos con nuestras piernas haciendo una cruz.
A puertas abiertas, los antebrazos bajo la melena sin ovillos, sin gatos.
Los chicos libres, sin colegio, como los axones, absolutos, como las falanges, emancipadas.
La habitación en reposo, como aquel jabalí, ahora sosegado.
Y él que se va, por el mismo pasillo por donde lo dejé entrar.
Y se lleva todo el eco del arpa,
Se lleva todas las manos
El frío de mis rejas
Los quemados axones
El pasillo penetrado
Las falanges en derrumbe.
Y no me deja nada.

Recordé que antes de su llegada, tampoco tenía, en absoluto nada.










Flyer. Autoría de Guada.

Divagues sobre el sexo. Apartado I

- Todo, todo, se condensa en el Pito. El Pito es el gran secreto. ¿No te parece?
- Si, si, a ver... Me parece... ¿Me pasás más ensalada? Gracias.
- Es que las minas tenemos muchas presiones sociales en cuanto a la estética, muchas más, aunque ahora una parva de vagos digan lo contrario, que los chabones, peroooo…. Creo que en el momento de los postres, llegás a la cama, y chau, ya está, lejos complejos. Ese flaco esa noche quiere estar con vos, una vez que estás en bolas ya estan las cartas sobre la mesa, no hay más secreto después del mondongo caído y las tetas que faltan.
- Pero ahí viene lo del pito, si…
- Si, el pito. Es el gran secreto. Para los chabones ahí empieza el quilombo. Que si se para o no, que si es grande o chiquito, negro, blanco, rosado, fideo, etcéteras… y ojo. El gran problema es que muchas veces los estereotipos que sufrimos las minas después con el amor se disipan. Pero los chabones la sufren peor. Porque es real, los pitos chicos históricamente son una cagada, los problemas que tienen son reales: El tamaño importa.
- No sé, ¿te parece?
- No estoy diciendo que cuanto más grande mejor, no. Del pito medio al más grande hay una gran gama de grises donde el que tiene un calibre 22 puede hacer muchos más malabares que el que porta un 48. Pero el que tiene pistolita de agua tiene pistolita de agua, o sea, el pito chico es una situación jodida. Yo te puedo pinchar con una aguja o con un escarbadiente, pero no te puedo pinchar con un corcho.
- ¿Y no hay nada cultural en el medio…?
- Y no. Servime agua. Gracias. Mirá, yo no sé de ninguna cultura milenaria perdida en Tukichuntán que valore los pitos chicos, y aun si así fuera, sería todo un mito, porque en el momento de los bifes es biológicamente necesario determinado tamaño. Todo partiendo obviamente de la base de intentar utilizar un pito chico de la misma manera en que utilizaríamos un estándar. Ahora si viene Alessandra y sus teorías y plantea que pegándole sopapos a la coqui con el pito chico se llega a un clímax cohetedelespacio telekinético tántrico capás le creo. Pero no, partiendo de la base en que el chabon quiere sexo puro y duro y estándar, se necesita por lo menos un pito estándar.
- Pero… ¿Tan chicos pueden ser para que no pase naranja?
- Te cuento la anécdota mi amiga de España X (no se dicen nombres para resguardar la privacidad del involucrado). Ella dice “Ya oooostia métemela”. Y él: “es que ya estoy dentro”.
- uf ¡Que garrón!
- Si, es un categórico garrón. Que se puede remontar, se puede, creo yo, pero no se puede hacer oídos sordos y ojos ciegos e intentar tener una relación sexual común y corriente porque vamos, la pasamos mal. El chabón va a necesitar ilustrarse en ciertas áreas extra.
- Y las minas no tenemos ese mambo…
- No, las minas no, pero tenemos un inconveniente diferente. En la relación sexual no tenemos el secreto, el secreto viene a la hora de terminarla. Las mujeres gozamos de esa gran capacidad de simular, no importa lo que los pibes digan, que “se dan cuenta”, que “saben”. No. No te das cuenta, y no puedo evitar que me de risa que digan que sí se dan cuenta, porque hay minas que eyaculan, minas que no, minas a las que se les contraen los músculos, minas a las que no, y entre todas esas minas estas cuestiones también son fenómenos intermitentes, a veces si a veces no, a veces te acalambrás y a veces no hay un solo síntoma físico aunque hayas concluído en condiciones de felicidad. Pero pensá esto, creo que de ahí viene esa concepción de la mujer como la mentirosa…
- ¿Posta? No sé, ¿Tan importante es saber que el otro terminó?
- Y si, vos imagináte por una vez ser el flaco, traspasaste la barrera del tamaño y capacidad pulmonar, viene todo bien, ella acaba, o “acaba” no sé, pero vos nunca en la vida lo vas a saber irrefutablemente, o sea, no hay evidencia empírica de que las mujeres acaben. Y sabés lo que es no tener NUNCA evidencia empírica? Creer en que las mujeres acaban es como creer en Dios.
- Es verdad, por eso siempre nos preguntan “¿Le viste la cara a Dios?”.
- Si. Y mentimos y decimos que sí.

Capítulo XXI “De Ciencia y Sombras”

- Hola, si, mirá yo tenía turno con el doctor Frías… si… espero.

La sala de espera del hospital es un poco fría. Como el doctor Frías, pienso, luego existo. Existo en la sala de espera, pero cuando espero siento que ocupo un no-lugar. Más aún cuando tengo el teléfono apagado, lo siento, es la verdad. Será el eco de haber vivido tanto tiempo en una, que de tan pequeña, casi-ciudad, que Buenos Aires sin que nadie sepa donde estoy (hoy martes, turno con el doctor) me da vértigo.

- Señorita Dorcone… Dor-Co-Neeeee
- Si, soy yo.

Hace una semana que mi columna no responde. Hay gente que tiene la línea divisoria del trasero más alta y otra más baja, pero podemos llegar a una aproximación estadística que facilite la comprensión. Por favor, tóquese la “semiraya”, esa parte un poco ambigua que no es ni raya ni no-raya, y vaya con su dedo mayor bajando por esa zona hasta encontrar (presionando un poco) el fin de su columna vertebral. Coxis. Es mejor hacerlo parado. O Coccix. Ahí es el dolor. Ahí comienza y se extiende hasta cubrir toda la parte superior de mi Sacro, con unas interrumpidas electricidades hacia mi pierna derecha y otra descarga menos aguda en dolor pero de mayor frecuencia hacia la zona lumbar.

- A ver… sacáte el buzo y acostate boca arriba. Te voy a mover… asi… la pierna, te duele?
- Si, a ver… si, cuando hacés así.
- Bueno, date vuelta boca …abajo… genial. Te duele?
- Si, más abajo. Si, ahí me duele. Siento como electricidad.
- …
- …
- Relajá las piernas. Ahí bien. Te duele ahí, no? Si… bueno. Vamos a ver las placas.

Al médico vine porque la verdad es que ya no daba más. Pero no me gusta, siento una violación de la intimidad bastante importante. No porque me moleste que Frías me haya puesto las manos científicas en el trasero y me lo haya amasado, no. Pero el mundo del dolor es el mundo de la intimidad de uno, y a veces uno va al médico espontáneamente, sin comprender que cuando el dolor que hace las de compañero por una semana desaparece, lo único que queda ahí es un vacío muy grande. Nostalgia.

- Dioxaflex.
- Si, estuve tomando.- Es un poco mentira. Un poco, nada más. Porque tomé algunos.
- Me gustaría hacerte otros estudios, sería prudente.
- ¿Porqué? ¿Qué tengo?
- No es conveniente hacer suposiciones antes de tiempo, este…. ¿Tu nombre era?
- Laura
- Mirá Laura, hay unas sombras en las radiografías, sería bueno repetirlas, y hacer algunas más, y quisiera hacerte una tomografía. ¿Te parece?
- Está bien.
- Bueno, andá acá a la vuelta, por Gascón, que ahí te hacen las placas y te dan turno para la tomografía. Y no te preocupes, puede no ser nada, nada más es bueno estar seguro.
- Está bien.
- Nos vemos la semana que viene.
- Está bien. Nos vemos.

No está nada bien. Para empezar hay mucha cola en Gascón para las radiografías. Placas. Placas. Quiero fumar un cigarrillo. Segundo: tomografías. ¿Qué onda? ¿Sombras? ¿Este Frías pretende que yo le diga a mi vieja que me van a hacer otras placas, ni hablar de una tomografía, porque tengo “sombras”? No creo que pueda convencerla de que Daniel Agostini sale bailando entre costillas en mis radiografías. Humor. Bene, bien. Estoy bien. Pienso en este último tiempo, era obvio ¿Qué otra cosa podría tener? Sombras. Me río.

A veces biene bien el no-lugar. No prender el teléfono. Ser la única persona que sabe en este matemático momento donde está parada. Ser inencontrable, inhallable, inlocalizable. Caminar las 30 cuadras hasta casa, acompañada sólo por mi sombra.

- ¿Y? ¿Volviste? ¿Cómo te fue?
- Bien, bien.
- ¿Qué tenés?
- Sombras.