De mi alma el croquis

Pienso mientras suena viejo Caetano:
“Porqué me dejás así tan suelta?”
Y la virgen pasó haciendo aladelta.
Tomé unos mates en baldosa Serrano.

Hoy (fiú) huyeron mis amigos
Camino, concibo y no esquivo,
hoy ni yo querría estar conmigo,
hoy ni siquiera aquél sabría darme abrigo.

Pero no, mejor no hablar de ciertas cosas
Porque aquél se tornó lluvia pantanosa
Confusas razones, borrosas las formas

Oh oh oooooh

Atravieso la vidriera de una casa de pastas.
No hay concordia que me regales,
ni paz sin bozales, chico de rastas

Hoy: Veintinueve día de ñoquis
No hay punkie que trize,
y desperdicie, de mi alma el croquis.

Ya se hicieron, las siete de la tarde.
Ya llegaron. Me arde, me arde.
Me duele todo el cuero.
Las siete, la era en que me sincero.

Puse mi mundo en las manos
Del gas, del perfume, del tabaco
Y le regalé un abrigo al verano
Abrazandome a un deseo manco.

Atravieso la vidriera de una carnicería
De una repleta casa de lencería
¡Cuánto lo inmovilizaría!
Por dos espasmos de portaligas,
por mi costeleta, infinitas regalías.

Cómo no hablar de aquél, Mabel
Todo me lleva a aquél, Manuel
No, mejor no hablar de ciertas cosas
Anteojos de sol y sonrisa fiel
Por favor y gracias, en el lomo las esposas.

Quiero guiarlo a mi mejor parte
Pero en esta capital, tropezarlo es un arte
Es robarle, penetrarlo, abrirle mi Marte.
Quiero ropa interior de felpa
Y el carnicero haciendo aladelta
Otra vez oh oh oooh otra vez

Peace and love to BabylÓn
Soy víctima de extorsión
Porque hoy en peace quedamos.
Instalé mi mundo en sus manos.
Y me dio un vale sin devolución.

Groupie (garabato, mamarracho. y si, mutó)

Si no puedo ser cantante
Coros: no!
Voy a ser una groupie del rock.
A qué sentarme en un redoblante,
y entonar castigada canción.

Escribi-yo

A tu tema: un remate
de siete roces bemoles.
Porque voy a ser el último traste
que mañana toques.
Sol La Do, Sol La Do.

Si no puedo ser cantante
Coros: no!
Por lo menos me hago barniz
de tu guitarra de cuerdas frías,
y armonía
de tu cama, tu desliz
desliz de alegría, cada día.

Escribi-yo

Que a tu piano le sobran teclas
para hacer bien el amor.
Coros: no!
Que por más que humanas letras,
te faltó un simple revolcón.

A tu tema, un remate
De siete roces bemoles.
Porque voy a ser el último traste
Que mañana toques.
Sol La Do, Sol La Do.

no. coros no.

Viernes 6 pm.

Tropiezo con el vacío fatal
Y antes de la caída
Me invitan.
Viernes.
Digo que sí, con criterio animal,
Y que en la bebida,
puse una pena
una solo mía.
Que estoy, hecha una ruina.
Que estoy,
algunporciento ajena.

El compás adolescente.
Entre los dientes
soy un blanco ausente
de dientes que rechinan.
Como mi caballo
valiente,
que relincha, si no siente
vértigos de cama y parapente.

Viernes. Solamente acepto.
Siempre acepto.

Temo que, si me niego,
el pantano enfermo
de mi espíritu veraniego,
se lo cargue febrero.
Temo que el hueco,
que hoy ocupado de lagrimeo
se vacíe de más hueco.
Temo que venga viernes,
Ese viernes que me niego.
Y me trague mi casa
Y me envuelva mi almohada
Y me comprenda aplastada

Y no sepa si es viernes, o ayer, o mañana.

Cascadas chinas y chupadas callejeras

Todo siempre empieza con un colectivo. Y porque no, a veces, con un semáforo.

El 36 estampa violencia sobre la calle Gascón mientras un chico ni-muy-ni-tan se me acerca (o no, solo se acerca al asiento junto al mío) y se sienta. Coqueteo con un cigarrillo, como hago cada vez que cruzamos la avenida Córdoba, esperando una suerte de semáforos benévolos.

Esquina.

Semáforo eterno. Saco las pestañas, los ojos, después la nariz, por la ventanilla. Un hombre camina acompasadamente, sé que es de esos hombres que tienen las axilas amarillas y un gato de felpa con cabeza movediza sobre la gaveta del hipotético taxi Renault 12. El hombre gira la cabeza, hipnotizado por el movimiento ondulatorio de la piel que recubre dos senos que, debo admitir, captan mi imaginación. La muchacha también camina pausadamente. Lleva una carpeta bajo el brazo, uñas esculpidas, tanga blanca con encaje. Y todo desde la ventanilla del colectivo.

El semáforo sigue rojo.

“Te chupo toda la concha, mamita”. Esos piropos tan sutiles como marchitos todavía me toman desprevenida, y de igual manera le sucede a ella ahora. Será la conjugación del verbo, que siendo un futuro (por suerte incierto) también nos hace pensar en un presente en el cual, por dos segundos de encuentro callejero, dos imaginarios chocan gracias a ese piropo, y en ese lapsus hay una realidad paralela en la cual recibimos una no consentida lamida en el sexo. Por eso creo que la reacción de muchas mujeres de más de 30 años es la de manifestar el sentimiento de violación que las sacude cuando caminan (probablemente a propósito, como yo) por una obra en construcción al son de las invitaciones a la intimidad.

La joven es vigorosa y de reflejos vocales veloces, tal vez porque, como a mi, no la paralizan las groserías. “Andaaaaa puto a quien le vas a chupar vos?” y como guarnición un dedo mayor levantado en el aire para que todos lo vean. Después del piropo, las mujeres disfrutamos mucho de este papel.

Nada nuevo bajo el sol, me digo, salvo el semáforo que se extiende demasiado.

Y de repente veo al hombre, que volvió sus pasos al lugar de la chupada imaginaria y ahora mira con una sonrisa la vitrina de una regalería. Fascinado con una cascada de plástico a pila, que hace luces de colores y tiene el tamaño de una torta de cumpleaños de familia de clase media, entra en el local. Miro la cascada/fuente miniatura, probablemente china, más propia de un budista de bajo presupuesto que de un taxista con gatos de felpa en la gaveta.

Semáforo verde.

Y yo que me quedo pensando, hasta hoy, en lo mucho que me habría gustado verlo resurgir de la regalería con la cascada, en una bolsa dorada, con moño rojo.

ir al mar...

Me voy a la playa, con mi mochila que pretende volver, desvalijada. Y voy a traer, en su lugar, un balde de arena, para llorar "un mar de lágrimas" y hacer una buena composición de marea en la ciudad.


Me voy a la playa hoy, y voy a volver liviana, y voy a cambiar mis libros por caracoles, y mi ropa por sal, y mi cara de luna se va a iluminar, una noche, una vez más.

La misma almohada

En la misma almohada se desparramarán
vigilias de tevé, una pierna, un desliz
balbuceos, más allá, lágrimas de alquitrán.
En la misma almohada me grito que si:
Con la frente desnuda, una sonrisa gris,
en un sueño yo sé, que te voy a encontrar,
mientras otras sombras se visten y se van.

En la misma almohada que tuya
A veces entre las piernas, otras peores
entre los dos, la misma, la misma
hoy después mía. Después que huyas
hoy de otros y hoy en círculos una grulla
me señala el nuevo cielo que riza
mi sudor en esta cama y esta lucha
de la misma, la misma almohada vacía.

En la misma almohada se aplastarán
mis manos torpes de buscar tocar.
Mi pelo, boca arriba y una nueva boca arriba.
Mis manos torpes de buscar caerán.
En la misma almohada subiría
a obligarte una caricia artesanal.
Aunque dudando sé que repetirías
que ya no, ya no estás.
Que vos no, alegarías,
que en realidad, no estuviste jamás.
Que la almohada, la misma
de ensueños, mordidas y sollozos
me la dejás.