Divagues sobre el sexo. Apartado I

- Todo, todo, se condensa en el Pito. El Pito es el gran secreto. ¿No te parece?
- Si, si, a ver... Me parece... ¿Me pasás más ensalada? Gracias.
- Es que las minas tenemos muchas presiones sociales en cuanto a la estética, muchas más, aunque ahora una parva de vagos digan lo contrario, que los chabones, peroooo…. Creo que en el momento de los postres, llegás a la cama, y chau, ya está, lejos complejos. Ese flaco esa noche quiere estar con vos, una vez que estás en bolas ya estan las cartas sobre la mesa, no hay más secreto después del mondongo caído y las tetas que faltan.
- Pero ahí viene lo del pito, si…
- Si, el pito. Es el gran secreto. Para los chabones ahí empieza el quilombo. Que si se para o no, que si es grande o chiquito, negro, blanco, rosado, fideo, etcéteras… y ojo. El gran problema es que muchas veces los estereotipos que sufrimos las minas después con el amor se disipan. Pero los chabones la sufren peor. Porque es real, los pitos chicos históricamente son una cagada, los problemas que tienen son reales: El tamaño importa.
- No sé, ¿te parece?
- No estoy diciendo que cuanto más grande mejor, no. Del pito medio al más grande hay una gran gama de grises donde el que tiene un calibre 22 puede hacer muchos más malabares que el que porta un 48. Pero el que tiene pistolita de agua tiene pistolita de agua, o sea, el pito chico es una situación jodida. Yo te puedo pinchar con una aguja o con un escarbadiente, pero no te puedo pinchar con un corcho.
- ¿Y no hay nada cultural en el medio…?
- Y no. Servime agua. Gracias. Mirá, yo no sé de ninguna cultura milenaria perdida en Tukichuntán que valore los pitos chicos, y aun si así fuera, sería todo un mito, porque en el momento de los bifes es biológicamente necesario determinado tamaño. Todo partiendo obviamente de la base de intentar utilizar un pito chico de la misma manera en que utilizaríamos un estándar. Ahora si viene Alessandra y sus teorías y plantea que pegándole sopapos a la coqui con el pito chico se llega a un clímax cohetedelespacio telekinético tántrico capás le creo. Pero no, partiendo de la base en que el chabon quiere sexo puro y duro y estándar, se necesita por lo menos un pito estándar.
- Pero… ¿Tan chicos pueden ser para que no pase naranja?
- Te cuento la anécdota mi amiga de España X (no se dicen nombres para resguardar la privacidad del involucrado). Ella dice “Ya oooostia métemela”. Y él: “es que ya estoy dentro”.
- uf ¡Que garrón!
- Si, es un categórico garrón. Que se puede remontar, se puede, creo yo, pero no se puede hacer oídos sordos y ojos ciegos e intentar tener una relación sexual común y corriente porque vamos, la pasamos mal. El chabón va a necesitar ilustrarse en ciertas áreas extra.
- Y las minas no tenemos ese mambo…
- No, las minas no, pero tenemos un inconveniente diferente. En la relación sexual no tenemos el secreto, el secreto viene a la hora de terminarla. Las mujeres gozamos de esa gran capacidad de simular, no importa lo que los pibes digan, que “se dan cuenta”, que “saben”. No. No te das cuenta, y no puedo evitar que me de risa que digan que sí se dan cuenta, porque hay minas que eyaculan, minas que no, minas a las que se les contraen los músculos, minas a las que no, y entre todas esas minas estas cuestiones también son fenómenos intermitentes, a veces si a veces no, a veces te acalambrás y a veces no hay un solo síntoma físico aunque hayas concluído en condiciones de felicidad. Pero pensá esto, creo que de ahí viene esa concepción de la mujer como la mentirosa…
- ¿Posta? No sé, ¿Tan importante es saber que el otro terminó?
- Y si, vos imagináte por una vez ser el flaco, traspasaste la barrera del tamaño y capacidad pulmonar, viene todo bien, ella acaba, o “acaba” no sé, pero vos nunca en la vida lo vas a saber irrefutablemente, o sea, no hay evidencia empírica de que las mujeres acaben. Y sabés lo que es no tener NUNCA evidencia empírica? Creer en que las mujeres acaban es como creer en Dios.
- Es verdad, por eso siempre nos preguntan “¿Le viste la cara a Dios?”.
- Si. Y mentimos y decimos que sí.

Capítulo XXI “De Ciencia y Sombras”

- Hola, si, mirá yo tenía turno con el doctor Frías… si… espero.

La sala de espera del hospital es un poco fría. Como el doctor Frías, pienso, luego existo. Existo en la sala de espera, pero cuando espero siento que ocupo un no-lugar. Más aún cuando tengo el teléfono apagado, lo siento, es la verdad. Será el eco de haber vivido tanto tiempo en una, que de tan pequeña, casi-ciudad, que Buenos Aires sin que nadie sepa donde estoy (hoy martes, turno con el doctor) me da vértigo.

- Señorita Dorcone… Dor-Co-Neeeee
- Si, soy yo.

Hace una semana que mi columna no responde. Hay gente que tiene la línea divisoria del trasero más alta y otra más baja, pero podemos llegar a una aproximación estadística que facilite la comprensión. Por favor, tóquese la “semiraya”, esa parte un poco ambigua que no es ni raya ni no-raya, y vaya con su dedo mayor bajando por esa zona hasta encontrar (presionando un poco) el fin de su columna vertebral. Coxis. Es mejor hacerlo parado. O Coccix. Ahí es el dolor. Ahí comienza y se extiende hasta cubrir toda la parte superior de mi Sacro, con unas interrumpidas electricidades hacia mi pierna derecha y otra descarga menos aguda en dolor pero de mayor frecuencia hacia la zona lumbar.

- A ver… sacáte el buzo y acostate boca arriba. Te voy a mover… asi… la pierna, te duele?
- Si, a ver… si, cuando hacés así.
- Bueno, date vuelta boca …abajo… genial. Te duele?
- Si, más abajo. Si, ahí me duele. Siento como electricidad.
- …
- …
- Relajá las piernas. Ahí bien. Te duele ahí, no? Si… bueno. Vamos a ver las placas.

Al médico vine porque la verdad es que ya no daba más. Pero no me gusta, siento una violación de la intimidad bastante importante. No porque me moleste que Frías me haya puesto las manos científicas en el trasero y me lo haya amasado, no. Pero el mundo del dolor es el mundo de la intimidad de uno, y a veces uno va al médico espontáneamente, sin comprender que cuando el dolor que hace las de compañero por una semana desaparece, lo único que queda ahí es un vacío muy grande. Nostalgia.

- Dioxaflex.
- Si, estuve tomando.- Es un poco mentira. Un poco, nada más. Porque tomé algunos.
- Me gustaría hacerte otros estudios, sería prudente.
- ¿Porqué? ¿Qué tengo?
- No es conveniente hacer suposiciones antes de tiempo, este…. ¿Tu nombre era?
- Laura
- Mirá Laura, hay unas sombras en las radiografías, sería bueno repetirlas, y hacer algunas más, y quisiera hacerte una tomografía. ¿Te parece?
- Está bien.
- Bueno, andá acá a la vuelta, por Gascón, que ahí te hacen las placas y te dan turno para la tomografía. Y no te preocupes, puede no ser nada, nada más es bueno estar seguro.
- Está bien.
- Nos vemos la semana que viene.
- Está bien. Nos vemos.

No está nada bien. Para empezar hay mucha cola en Gascón para las radiografías. Placas. Placas. Quiero fumar un cigarrillo. Segundo: tomografías. ¿Qué onda? ¿Sombras? ¿Este Frías pretende que yo le diga a mi vieja que me van a hacer otras placas, ni hablar de una tomografía, porque tengo “sombras”? No creo que pueda convencerla de que Daniel Agostini sale bailando entre costillas en mis radiografías. Humor. Bene, bien. Estoy bien. Pienso en este último tiempo, era obvio ¿Qué otra cosa podría tener? Sombras. Me río.

A veces biene bien el no-lugar. No prender el teléfono. Ser la única persona que sabe en este matemático momento donde está parada. Ser inencontrable, inhallable, inlocalizable. Caminar las 30 cuadras hasta casa, acompañada sólo por mi sombra.

- ¿Y? ¿Volviste? ¿Cómo te fue?
- Bien, bien.
- ¿Qué tenés?
- Sombras.