Deseo y resbale.


*No confío en el contenido de estas palabras, se me hace bastante desagradable leer las rimas... pero es que quedaba "¡tanlindo!" enmarcado así que no tengo opción.

Oniris. (O el acoso del silencio matutino).

No. No. Pienso en nada.
Siento Su fragilidad. Siento arrancar, una moto.
No puedo nene, no puedo nada.
¿Que por qué te busco? No, histérica no, ninfomanía, ni tanto… es tan sólo un fallo en el sistema.
Soy el envase de lo que alguna vez pudimos ser.
- Si te estimulo es solamente que… Soy como una pistola descargada que se dispara.
- “Eso lo escuchaste en una canción. Lo sabía”.
No lamentes haberme conocido, es otra vez, es otra fisura. Una grieta en mi ilegalidad.
Nada-más-que-no-puedo-nada, nene. No soy extraordinaria. Nada más Wikipedia.
“yo solamente quiero hacerte compañía. Podemos tomar un helado. Te llevo a tu casa, después. Nada más necesito una pierna ajena para descansar mis manos”.
Es que a mi me cortaron las piernas. “Ja”. Me gusta hacerte reír.
Pierdo el contacto. Lo pierdo. Con tacto.
Tu tacto. Tácito. Despacito. Gracias por el helado, gracias.

Sss… sábanas …ssss…. sábanas

Despierto. Siento alivio en las piernas, vibrantes de desfilar en sueños.
Me deslizo por toda la cama, recorriéndola, reconociéndola, reconociéndome. Siendo, siéndome. Siento. Las rodillas se tocan. Siendo que se tocan: Neurosis.

Wikipedia “Existe una confusión generalizada sobre el término “neurosis”. Por un lado se aplica, como síntoma, a un conjunto heterogéneo de trastornos mentales que participan de mecanismos inadaptativos ligados a la ansiedad. Por otra parte su uso popular (como sinónimo de “obsesión”, “excentricidad” o “nerviosismo”) ha provocado su extensión a terrenos no estrictamente ligados a la enfermedad mental”.

Ya no puedo mantenerme en sábanas.

Me silla y me bufanda: con un cigarrillo y un café: a la máquina.
Bip-bip.
Antonella/documentos/sueños y catarsis-privado
(sonrío)
Word
Tecleo:
(tec-tec-tec)

“sueño 10-5-09. Un él me gusta mucho, pero no puedo (no es claro si lo conozco o no). Me pregunta en qué pienso, pero no pienso en nada. Le digo que no, que “no puedo”. Que si lo buscaba era por un fallo en el sistema. Que ninfomanía no, que helado sí, que algo de Wikipedia (o es que eso de la neurosis… cuando desperté...). Pone cara de alborotado y alborotado está en verdad. (No quiero que se arrepienta, me asaltan la libido los flacos que se desnaturalizan). Sueño con palabras. Con tacto. Tacto. Tácito. Despacito. Hay helado”

(Tec-tec. Tec. Tst)

Siento que hay más ahí. Termino el café. Eso que había se me va. Es difícil recordar. A veces invento. Sueños… el café está horrible. Alrededor la mirada. Tengo que arreglar la toma de luz. Que frío que hace hoy lareputisima.




Tiiiiiiiii-Liiiii-Liii-Lit Tiiiiii()
- ¿hola?
- Soy yo, …sabés?
- Ah… ¿cómo estás?
- En el quiosco, al lado de tu casa. ¿Querés tomar un helado?
- Sí. Sí. Ahí bajo.




Llaves. Cigarrillos. Encendedor. Plata. Celuno… no. Mejor lo dejo.
Salgo.
Vuelvo. Baño. Me miro al espejo, perfume, tranqui, que no se note que tal vez te esperaba.
Salgo.

Sss... sábanas …sss…. Sábanas.


No quiero abrir los ojos.
Qué frío la reputísima,
qué frío.





Entrar (Medias y Sombreros)

(Este texto fue estrenado por la voz de COCÓ el sábado 16 de mayo de 2009 en el marco del Medias y Sombreros. Convengamos que ella hizo de estas palabras algo digno de ser escuchado. pero bueno, valía la pena ponerlo para el que no estuvo ahí y se la perdió).

Entrar

Yo pensaba en algún tema agradable para discutir horas y horas.
Él exploraba discos viejos, sin decidirse por uno.
Se decidía, y por los Tribalistas. Estaba bien. Más que bien.

Traigo la cerveza, giro para buscar los vasos.
Recuerdo el giro de un trompo que le robé a una compañera de colegio. Carolina.
Giro y siento una mano que me aprieta fuerte una nalga.
Con una carcajada en la mano, me aprieta medio culo.
Con otra carcajada suelta, y una palmadita que me dispara a la cocina. Silencio. Principio básico de la violación tolerada.

Abrí las piernas, vení, mostráme el pasillo, ese que me lleva a tu habitación. Dijo.
Invasión. Desplegar la entrepierna es anunciar su entrada.
Pasá. Dije.
Y entró por mi pasillo con las manos al nivel de sus hombros, acariciando las paredes.
Recordé a los chicos que salen del colegio enrejado y pasan los dedos por los hierros rápido al ritmo de su andar.
Recordé una imagen de abuela tocando el arpa.
Recordé pero él empezó a inducirme a un hormigueo, con ese rasgueo de guitarra por encima de las rodillas.
Y en la puerta le sugerí, como en las películas, un beso con la mirada.
Aunque él entienda que un beso compromete más nudos que entrar a mi habitación, aunque yo también lo sepa así y sea ésa mi razón para sugerirlo. Quiero nudos entre nosotros.

A más de medio camino de mis rodillas el arpa se volvió un combate de manos que se multiplican.
A más de medio pasillo de mi habitación, a más de medio trecho de la invasión.
Grito que no.
No, no. No.
Y hago una cruz con mis piernas sobre mi puerta.
Y aprisiono las rodillas con mis antebrazos.
Recuerdo, ovillos de lana jugando con gatos.
No quiero recordar, no quiero que él se vaya.

Vení, está bien, te dejo, vení.
Si no entra él, entra la desesperación, y ya es tarde.
Vení, entrá, pero no me dejes pensar, no juegues a la entrepierna enrejada como un chico.
Invasión, de cada hemoglobito, de cada falange, de cada axón.
Su entrada termina de fragmentar mi corazón, si es que existe cosa tal, si es que existe en el centro de la faringe un corazón.
Recuerdo una historia de una princesa austro-húngara que en su primer encuentro sexual imaginó a un jabalí que embestía una y otra vez sus genitales, y terminaba por masticarle el sexo.
No quiero recordar.
Prefiero soñar que mañana despertamos con nuestras piernas haciendo una cruz.
A puertas abiertas, los antebrazos bajo la melena sin ovillos, sin gatos.
Los chicos libres, sin colegio, como los axones, absolutos, como las falanges, emancipadas.
La habitación en reposo, como aquel jabalí, ahora sosegado.
Y él que se va, por el mismo pasillo por donde lo dejé entrar.
Y se lleva todo el eco del arpa,
Se lleva todas las manos
El frío de mis rejas
Los quemados axones
El pasillo penetrado
Las falanges en derrumbe.
Y no me deja nada.

Recordé que antes de su llegada, tampoco tenía, en absoluto nada.










Flyer. Autoría de Guada.