Tristes ocupaciones

(Hoy: Nada de literaturnost. "The surreal real life")

He pasado los últimos días bastante ocupada, cosa sorprendente ya que fehacientemente he descubierto que la trascendencia de cualquiera de las ocupaciones que he tenido en mi vida no ha pasado de ser una trascendencia de unos meses, récord. La materia que tengo colgada hace un año y medio dejará de trascender cuando la rinda, eso es claro, por lo que no cuenta. Es por eso que estar ocupada es algo que encuentro generalmente bastante estúpido, con todo lo que implica el término, por lo que prefiero reformular mi primera frase (al mejor estilo Masliah) por la siguiente: He pasado los últimos días bastante entretenida y alejada de mis divagues masturbatorios espirituales/mentales, no siempre escindibles.

En fin. Hoy, después de estos días que en un lapso ya determinado de antemano olvidaré, prendí la televisión. Mi voluntad de cambiar de canal se vió afectada por la medida inabarcable de la distancia a la que estaba el control remoto, y mi voluntad de ver televisión por la voluntad de la televisión misma. O por la que tuve la última vez que la prendí, donde sorpresivamente decidí ver un canal de aire.

Ví entonces, con la boca llena de comida china (chun-za-mien-feng-shui), una entrevista a dos españoles que visitaban la argentina. Un título que no pude retener bien, me introducía en el tema: era algo así como “turismo sexual”. El entrevistador pregunta cómo han conseguido nuestros dos visitantes hachís, a lo que ellos responden que lo han hecho trayéndolo. Mientras uno fuma un “peta” el otro sin mucha delicadeza arma dos imperfectas paralelas líneas blancas de cocaína sobre una edición de Emecé de “El Aleph”. El entrevistador pregunta si saben lo que Borges representa para los argentinos (yo sonriendo también me pregunto "qué representa Borges...") y el español de camisa negra contesta algo como “pues un punto en el mundo”, mientras jala la primera con mucho arte, y con un cartón enrollado. Seguidamente invita a su amigo, el gordito que fuma hash.

Paso siguiente: van a un boliche y gracias a las cámaras el gordito logra besuquear a dos o tres mujeres, que entre todas casi juntan la cantidad de piezas que exige una dentadura, y una buena cantidad de agua oxigenada en las melenas rubicundas, color franela. Aros en el ombligo, tantas veces salivado, con brillantes; pieles morenas en pleno invierno y transpiración en el bigote mal depilado son las delicias del gordito que mira a la cámara y exuda una que otra frase halagando la belleza argentina. Hay algo en mi arrogancia que me impide sentirme parte de ese halago.

Un hombre que se dedica al turismo habla intermitentemente de cómo los extranjeros le preguntan por “las chicas”. Se parece, más de lo que puedo soportar, a Caetano Veloso, y paradójicamente su apellido es Galoto, una especie de garoto en japonés. Su discurso es más cercano al del Excelentísimo que al de los dos españoles. Aún así, lo que me repele del conjunto es saber que el productor del programa crea que está mostrando algo único e irrepetible, como si cosa así pudiera hacerse. Me repito, a falta del productor para decírselo: Nada tiene más carga significativa que lavarse los dientes. De ahí en más, se vive.

Decido apagar la televisión y hacer un mínimo esfuerzo, maniobrando con el tenedor y las páginas, por volver a la lectura. No puedo decir que una cosa tenga más carga ficcional que la otra, pero prefiero imaginar que en el libro la fiesta no sigue mientras tanto yo no siga pasando las páginas. Tal vez por eso el mundo sea menos mierda cuando está escrito.

Capelletinis Verdes en el Trono

Los chicos verdes sí que sabemos de moho. En nuestra salsa.
Miércoles 22 de julio de 2009. Algo pasadas las 22.00. Chico Verde (Zql) y Ombligo Verde (OV) y la aventura cibernética de sus vidas. El mundo peligraba.


OV: ayuda!!!!
OV: tiré un plataso de capelletinis mohosos al inodoro y lo tapé!!!!!
OV: el moho los vuelve goma!!!!
OV: que hagoooooooo????
Zql: sopapa
Zql: por que hiciste eso?
OV: no me preguntes cosas que no nos van a llevar a ningun lado. praxis praxis praxis
OV: no tengo sopapa
OV: tirame otra chance
Zql: sopapa o un alambre destapacaño
OV: alambre destapacaño???? me estas cargando man??? que es eso???
Zql: algo que evidentemente tenemos los campesinos del conurbano solamente
OV: y, cagan duro en el sur, no?
OV: che que mierda, sabés?
Zql: en realidad se tpan los caños de la calle
OV: la vecindad me hace el poto si tapo las cañerías
Zql: tenes que buscar una vara flexible y dura
Zql: plastico sirve supongo

OV: no no eze, no se fueron por el inodoro (ahí claramente me chuparía una teta). la cosa es que si ahora hago pupu, la termino de embarrar....
OV: este... literalmente....
OV: entendes? esta ta-pe-te
OV: tapado
OV: una vara...
OV: a ver…
Zql: o sea, no se terminaron de ir por el inodoro
OV: claro claro
OV: se ven un poco
Zql: algunos entraron, se apelotonaron y te lo taparon
OV: no sabes el humo que larga el moho! lo sabias?
Zql: si los reducis con una vara y tiras algun quimico destapacaños deberias estar bien
OV: de repente plim cuando lo tiré por el hueco empezo a salir un humito verdoso!!!
Zql: casa de articulos de limpieza
Zql: jajja, hacia cuanto que los cocinaste?
OV: si... le echo una lavandina superpotente
Zql: liquido destapacaños
OV: estaban ahi hace mucho... estaban de mucho antes de que comieramos nosotros capelletinis
Zql: no es 100% efectivo y es re toxico, pero vale
Zql: jajajaa
OV: ¿? pero no tengo eso che, vos te me hacés el mr músculo y yo lo unico que tengo para echarle es fernet vittone (lo más toxico que hay en casa)
OV: ahi vengo
OV: voy a intentar algo delicado como desconectar una bomba de protones
OV: mission accomplished: los extraje con mis pequeñas manos introduciendome a los tenebrosos recovecos del inodoro
OV: oh yeah.
Zql: jajajjajajajaa
OV: no more capelletinis in my shit
OV: jajaja me voy a comer
OV: volveré
OV: (me voy a comer los capelletinis)
Zql: seguro que esta actividad te abrio el apetito
OV: si, claramente. faltaba un gusanito....

Polifonía II

I.
(Laura)
“Con los labios entreabiertos, fascinada, me descubrí mirándome al espejo y comprometiéndome a llorar. Hace mucho que no lloro. La necesidad de lágrimas me supera, y tengo la habilidad de saciarme. Sólo enfocando mis ojos, y mi imaginación, hacia mi propia mirada (no las pupilas, no las pestañas; la mirada), descubro algo ahí, un espacio neutro que me angustia. Nunca se va, siempre está ahí esperando anhelante a que, cada una estipulada cantidad de espacio-tiempo, la contemple, le de forma de pera y llore. Es una mirada que me dedico a mí misma, pocas veces descubierta por terceros –o segundos, en el más racional de los casos-. En el encuentro mis facciones anticipan una mueca de derrumbe, un abismo de sinsentido que amenaza con hacerme perder entre las sábanas algunas semanas, sin ver nada más que las líneas imperfectamente paralelas de la persiana, sin sentir más que mi mano rozando rítmicamente mi entrepierna, en posición fetal, confundiéndome con las montañas de ropa linda abandonada en la cama. Lo que me hace llorar no es ese estado de resaca emocional, sino la pelea contra ese abismo de frazadas: la caída al vacío no significa más que un alivio, una renuncia: la entrega total al derrumbe. Lo que me hace llorar tal vez sea el sinsentido de la pelea contra el vacío, contra lo neutro de consentir a la vida. Ese secreto neutro es un caudal de lágrimas”.

II.
(Carolina y Agustín)
- ¿Qué vale más que una despedida? Es lo único que puede acercarse a una mínima noción de futuro. Es un efecto, una sensación de reencuentro. La imposibilidad del futuro, la sensación de imposibilidad del reencuentro momentánea es efecto de futuro.
- ¡La inminencia del beso! Eso sí que tiene futuro en sí misma, es intrínsecamente una promesa de contacto, aunque dure poco. Es la única promesa entre dos personas que puede sostenerse.
- Es que no existe, el beso no es futuro. Y ahora que lo pienso la despedida tampoco. Muchas veces cuando me despierto tengo una sensación de que reacciono con tres segundos de retraso a los movimientos de mi cuerpo, y me doy cuenta que eso es lo más futuro que tengo, el cuerpo que se traslada por inercia. La inercia es futuro. Y el futuro en la inercia no es más que un presente diseccionado.
- ¿Y el pensamiento? ¿No es futuro? Es potencia. Me mareo.
- La muerte. La muerte es el futuro. Pero seguro ya lo dijeron muchos pelotudos antes que yo. ¿Vamos a casa? Me está dando frío.

III.
(María)
Estiro las piernas, muevo el brazo dormido y sonámbulo. Vibrante, empieza a despertarme desde el codo con sus cosquillas. “Brazo de mierda”, pienso con los ojos cosidos. Giro y me reinstalo boca abajo en la cama, ahora más fría, por mis movimientos violentos. Pongo la almohada en mi cabeza –las manos sobre la almohada y la manta hasta cubrir las manos-.

Seguidamente recuerdo, y siento la náusea de abismo en el pecho. Tuerzo la cabeza hacia la izquierda para cerciorarme de mi realidad maldita y lo veo, haciéndose el dormido, con cara de llorar. La puta que lo parió.

Hago el esfuerzo, le sonrío, simulo quedarme otra vez dormida. Los dos siempre consentimos en actuarnos, más por su integridad emocional que por la mía: en nuestra obra no asumo emoción alguna. Esto claramente no podía acontecer de otra manera, para eso vivo. Primer acto: estoy soñando ya, y él probablemente tenga esa mueca de resignación que lo caracteriza. Se siente más hombre así. Duro y rendido.
Angustia. Me doy cuenta que, aprovechando el simulacro, una mano decidió pararse en mis lumbares; no lo consiento. Quiero pegarle con cien años de soledad en la cabeza, pero me levanto precipitada y torpemente, y me voy al baño: diplomática, acabo de señalizar la dirección de la situación.
Andáte de casa, que yo me quiero matar.