Get Domestical: Foto policromática

Psts iuuu… la tv.
Mrmrr – mrmmrmr- mrmr: subo la persiana

Desde el Living: “.. que estoy en territorio apache…” (guitarra acústica). Recuerdo:
-Hay quienes se meten para adentro, y estamos los que nos metemos para afuera.
-La vida para afuera, pero no para los otros, para el “más afuera”, para el titiritero (no, no! Dios no eh!) Ante las presiones es más fácil olvidarme de mí que de la mirada de los otros.
Masa y Poder, Elías Canetti. Sobre la mesa de luz, al lado de la cuchara.

MTV, otro reality guionado, mejor Mute. Huele a perfume.
El living, me olvidé de callar la música: “Take you as you are, have you as you are, take you as you were”.
Puré instantáneo, medio tomate, una lata de atún, una banana. Agua tibia, las sábanas enrolladas. 13:08. Braguitas verdes gigaaantes, sábado sin horquillas ni rimmel; la mano sobre Ezeiza, Horacio Verbitzky, sobre Los reventados, sobre La posibilidad de una isla. Sólo la mano.

El teléfono: cortado. Internet: cortado. Entra un poco de sol en la habitación, sólo en esta época del año. Silencio, pero el living: “…sin piedad dejás atrás, un séquito de vana idolatría…”. Calláte. Calláte ya.
Pero no me muevo. Cierro los ojos y recuerdo: todo mojado, en el lavarropas hace horas. La mano sobre Ezeiza es la mano sobre el vientre: giro fetal. La mano sobre el vientre es la mano que desenrosca la sábana. La sábana sobre Verbitzky, sobre Los reventados, Así. Todos adentro: pero la vida para afuera.

Silencio, pero el living: “…su soledad es una vieja enjuta, rodeá de hijos de puta…”. No resisto. Una pierna baja y, ciega, se aferra al parquet. Giro y miro al techo, me levanto. 13:38. Mareo de horas de reality guionado mute: puto sábado de programación continuada.

Como no intencionado: de paso hacia la cocina un click en el i-tunes. Silencio (del verdadero, no soporto apagar los parlantes y saber que la música sigue reproduciéndose en silencio). Exceso de mandarina en la boca, y regando las plantas. Las semillas cítricas que vuelan desde mis labios hacen ruido en el techo del primer piso. Rociador: juego. Beso una hoja de palta, cuelgo la ropa mojada (me la paso por las piernas, está fresca) me saco las braguitas verdes y las meto al lavarropas.

Baño: abro el vapor: fffhshsssssshhh. Trago la buscapina con agua caliente de la ducha. Jabón líquido: muy pequebú. Pero “Carlo se vendió, al barrio de Lanú…” y la guitarra invisible que toco bajo el agua.

Gipsy Punk

Mientras caminamos por el Clú Ciudá, on the way al escenario(s), hay gente extraña que regala mate taraguí o que itinera entre el stand top de Phillip Morris acolchonado (donde podés tomar en tus manos una guitarra eléctrica y sacarte una foto que después suben a una página para que te busques a vos mismo entre mil fotos y desde esa página se la mandes a tus amigos y después phillip morris tenga una gran base de datos para rompernos las pelotas) y otros stands similares (rock&pop, mega, etc).


Los Tipitos hacen lo suyo, Los Auténticos igual. Todo está dispuesto para que este sea un festival como tantos otros, hasta que podamos poner los ojos en aquello que vinimos a contemplar: los bíceps del cantante de Calle 13. Llegado el momento, será evidente que perrear es imposible: la fiebre de estrógenos adolescente mojará mi camiseta y ls cabelleras rubias Sedal por primera vez sudadas me taparán la mitad de los abdominales de nuestro tótem boricua.


A esa altura mis amigas habrán desistido, pero mi ímpetu punk y mi terquedad violenta (siempre impulsada por estupefacientes o recitales) me harán luchar, utilizando todas mis destrezas pogueras en contraposición a la temeraria imposición de las fans con el día de mi cumpleaños en las mejillas, hombro con hombro con las malditas niñas hasta llegar a traspasar con un brazo la valla. Claramente Calle 13 no era para tanto, es tan sólo ganar.


Pero antes, mucho antes, vi el mejor reci del año: Gogol Bordello. Contra los argumentos de mi amigo Ido, quién vapulea la actitud, algo en este cantante ucraniano pirata le ponía espíritu punk a la noche, mientras insistentemente un violín se hacía presente y, como un balde de cerveza en la cabeza, segundos después de esa intro la primer canción se rompía en mil pedazos de colores astillándose el los oídos del público sorprendido.


Una mezcla de Kusturica y The Clash nos hizo saltar sin descanso, al ritmo de una tailandesa y una china que apretaban las piernas mientras hacían estallar un bombo y unos platillos, el toque mágico e inolvidable de un violinista salido de la segunda guerra mundial y un acordeón imparable rociado de aceite. Contra toda la cultura de letra argenta, la mitad de las canciones en lenguas del este mezcladas nos hacían, por fin, olvidar su importancia, para abandonarnos a la pura voz de tinto del cantante y su bigote que se movía con un tic de fonos incomprensibles bien piratas. INOLVIDABLE. Así fue Gogol Bordello. Así se la dejó picando a Los Fabulosos después de un gol que nadie vió venir pero que levantó un Pepsi que pintaba como cualquier otro.


Para los curiosos: www.myspace.com/gogolbordello

http://grupomuu.com.ar/2009/11/09/gogol-at-the-pecsi/

Tip: Hay una buena versión de "mala vida" en un CD que se llama Eastern Infection, pero recomiendo bajar antes que nada Super Taranta!