Y no puede ser otra cosa

                                                               Hasta Borges tenía un amigo
¿por qué no yo también?.


Mi amigo escribió un poema. La imposibilidad del fin. Estuve pensando…
 Y creo que la imposibilidad del fin no es lo mismo que la posibilidad de un comienzo. Pero que pueden llegar a conciliarse.


Mi amigo se ríe y cada tanto me dice “no somos novios”. Yo le digo lo mismo. Lo que pasa es que a veces parece, pero no es culpa nuestra: es culpa de todos los entes existentes que como saben que nunca van a dejar de estar incompletos creen que la idea de andar por la vida acompañados es del siglo pasado.

Mi amigo el otro día me reprochó tirar un cigarrillo en la calle. Me dijo que eso yo no lo hacía en Esquel, porque ciudaba mi ciudad, y que lo hacía en Buenos Aires. Me dio gracia, porque después de tantos años juntos, me lo viene a reprochar en la estación de Temperley.


Mi amigo va a hacer grandes cosas en esos lugares que yo no. Ojalá yo haga grandes cosas en esos lugares que él no. Y ojalá igualmente que esas diferencias no nos hagan de subibaja y sigamos andando juntos, creo que sería de viejos inmaduros separarnos por moralismos e ideologismos boludos. Igualmente pienso que saber que podría escribir una buena biografía suya de estos últimos años me satisface.

Mi amigo odia el ruido de la tele los domingos allá en Temperley. Si algún día se muda le voy a regalar una planta y le voy a decir que aunque la planta no exista y esté completa tal vez le pueda hacer compañía. Y aunque sabemos que la vida es lo que es y no puede ser otra cosa, porque la profe lo dijo (o yo lo impliqué) el otro día, la planta puede ser la superación dialéctica de la tele, pero sin ruido.

Mi amigo no se enamoró en marzo como dijo su tarotista, pero los lunes comemos comida china con Charly y Nimbo, y así los lunes, por lo menos, pasan de largo sin que nos demos cuenta. Y a veces los jueves, aunque diferente, nos reímos con Echarri o nos ponemos serios con el futuro del país y la problematización del objeto de estudio de la teoría literaria.

Yo soy medio soreta, y mi amigo me quiere igual. Y a veces le digo que la vida es lo que es y que no puede ser de otra manera. Y que todo se va a la mierda. Y que estamos solos. Y que Nicole Neumann, aún en condiciones ideales de presión y temperatura, jamás podría amarlo. Yo hasta le digo a veces mi verdad ontológica: nada vale la pena. Al respecto tenemos una discusión de miradas constante, que él gana siempre en silencio, simplemente existiendo.

Dar la cara

Cuando cometés un delito. Un error. Una falta. Dar la cara.

Cuando te preguntaron por eso que no. Y das la cara igual. Como cuando te copiaste de tu mejor amiga en el peor examen.

Bardeaste. Te escapaste de esa noche en la que no podías: Dar la cara.

Cuando tu hermana cortó con el novio y no le dijiste nada. Y al rato te encontró masturbándote en el baño. Con la foto de su amiga. Das la cara. Y te pegó. Y ellos llegaron y le pegaron. Y les dio su cara.

Cuando empezas a escribir usando “cuando”. Y es malo. Y no te sale nada en esos días. Pero escribir es dar la cara, y Rodolfo dijo que se necesitaban cientos de malos poetas que den la cara.

Cuando no lo llamaste. Ni le preguntaste. Ni te acercaste a ver qué tan rotos dejaste los huevos.Y la familia hecha mierda, y las ventanas rotas del colegio.

Pero hay veces que, tarde muy tarde, tratas de dar la cara toda junta. Y ya no tenés a nadie a quien darle nada.