Los niños

a Brian Jones
(total, nunca se va a enterar)
 
La vida se pone en marcha.
Los niños se tejen en un baño de lágrimas de jabón,
mientras se comen la misma comida de la nada.
La vida es lanzada.
Los niños se cruzan en la tina de lágrimas,
mientras comen una comida desde el principio.
El cielo no es para los niños.
Tejen en el cuarto de baño,
se comen las lágrimas de una comida.
La vida inicia, nutriéndose de sí.
Los niños se tejen a llorar en el umbral de la vida.
Los niños, antes de morir,
comerán el tejido de su memoria.

Los niños, su tejido al tacto del cielo.
A su noche.




El niño:


Moroswain y la peste

Yo tenía una casa azul en el parque
Era simple pero CALIENTE
Luego vinieron y la tomaron.
Perdió.

La carne es débil cuando se tensa.
Moros, vino y el amor.
Mamá. Me duele mi corazón.

Yo era la casa azul y murió Mamá.
Había un gran árbol para escalar
Cuando las mariposas despedían olor.
Siempre se puede fumar.
Lleno de extranjeros. Con
Amor.

Yo tenía una casa azul en el parque
Se trata de un simple pero caliente pasado.
Para entonces, se había llegado.
En Tokyo.

Cuando la carne es débil
Morosuwain y el amor.
Madre. Me duele mi corazón.

Maté a la casa azul, Madre.
Había un gran árbol de escalada
donde las mariposas de la peste.
Aún se puede fumar.
Lleno de extranjeros del Amor.

Puedo escribir los versos más chotos esta tarde


Tristes versos, tristes, tristes
en los que digo
“pisé mierda”
Y mis amigos se miran.
Y los tres pisamos.

Tristes versos, pero jodido en tristes,
en los que digo
“da puto”.
y en realidad es que tiene novia.
 
Tristes versos, megachotos tristes
en los que digo
“qué cagada”
cuando un lunes
no hay comida china.

Tristes versos, versos de mierda
cuando escribo
“tu novio era medio pelotudo”
Y seguro lo está leyendo.
Y me odia más.

De cómo se hace para escribir pelotudeces como la que sigue.

Todavía te extraño, aunque siempre esté
rodeada de locos, en los pasillos
de la facultad, me pregunto tal vez
qué estás haciendo, qué vicios
tenés ahora, que no estás conmigo.
Y me peleo con las viejas y me ven
como a una loca los colectiveros
y los amigos, de mis amigos,
y los compañeros.
Pero te extraño y es
como una patada el domingo
en que no tengo resaca
y no salgo, y no leo libros.
Y me pregunto a veces
por qué no estás al lado mío
si igualmente no te dejás querer por nadie
y yo te quería aunque y por ese motivo.
Y duelen los colectiveros,
y los amigos de mis amigos,
y los compañeros.
Duelen más que cuando pienso
que en realidad no me querías
y no podías ponerlo
sobre esa mesa de ese café horrible.

Pero a eso lo prefiero.
Prefiero el dolor rápido e inasible
que me deja sin aliento
a esta mierda de extrañarte y saber
que no tengo la más puta idea de qué carajo estás haciendo.
Y ojalá estés cogiendo. Comiendo bien.
Y durmiendo para el orto.
Ojalá te arrepientas como un loco,
y yo no disfrute de tu arrepentimiento.
Ojalá cuando te arrepientas yo esté chupandome un coco
en Costa Rica y ni me acuerde de estos poemas del culito.
Porque dicen que en este estado no se puede escribir,
¿O no ves que ya arruiné todo?
Cuando te extraño
no me salen ni los malos poemas.
Por suerte te extraño poco,
por suerte no soy de esas
que se olvidan de los otros
tantos pelotudos sueltos
que también están medio locos
por culpa del cuerpo.
Soy de las otras
que desea que estés pasándola como el orto
y se te muera el gato.