Para querer quedarse.


La palabra es el único pájaro
que puede ser igual a su ausencia
R. Juarroz



Algunas veces es necesario hacer las valijas para quedarse. Para querer quedarse. Para darse cuenta que hay que quedarse. 

Parece que a veces basta con cocinar para matar el hambre, levantarse de la cama para soñar un poco. Para querer soñar. Para darse cuenta que hay que soñar un poco.

No puede uno emborracharse
sin probar el vino,
pero a veces nos basta su color 
para los ojos estallar.

Es sano sonreír antes
y después de llorar,
y las lágrimas algunas veces necesitan caer con la risa
para que se desprendan las hojas en otoño - haciendo ruido de valijas.

Parece que a veces basta con deshacer las valijas en el otro para quedarse, pero es al revés. 

Se necesita mucho más que amarrar la boca a su mate, más que limpiarse los zapatos en la espalda de su perro, más que llenarle los bowls de medias limpias y dejar el cepillo de dientes en el espacio equivocado del baño.

Para quedarse hay que tener siempre las valijas hechas. 
Para querer quedarse. 
Para darse cuenta que hay que soñar un poco más. 




Llegando el fin del otoño.


Derrota en la derrota (o no).


A Luis Luchi, que lo gritaba mejor 
más fuerte.


Se compran amistades, se compran tiempo. Relojes, ellos se compran.
panes que se ponen duros, patines,
se compran votos, ocasos con la piba, 
vacaciones compartidas,
el Oeste, tiempo separados se compran.
Quieren más. Se compran chalets, dietas, compañía a las cuatro.
el Perdón, se compran, y se lo chupan camino a casa. 


Pero se venden. Ellos se olvidan - nosotros nos acordamos.
Nos acordamos porque a veces nos compran (y algo nos roban)
                     y decimos "nosotros". y tenemos bronca.


Pero ellos también se venden, aunque se olviden, o no lo sepan, 
o no lo entiendan, ellos se venden.
Y se venden peor. Se venden sin necesidad, no saben de necesidad, 
se venden por amor a la transacción.
Por amor al Lincoln de celulosa. A las veredas sin baches y el gel íntimo importado. 


¿Qué digo que se venden por amor? ¿por amor?
¡Si hasta el amor se les fue chorreando sangre!


Por eso yo, señores, me abandonaré de una vez y para siempre. 
No juego más con ellos. Tómenme: no sé ustedes, pero yo me regalo.  

Reventando botellas. Sobre la deshumanización


Humanos, son los que cavan trincheras
Pastoral


No me rindo todavía, viejas de barrio, “viejas de alma”. ¿Deshumanización? ¿De qué mierda me están hablando? Extraño ser, este ser humano, señoras. Está en él esa bendita “red solidaria” que tanto les estremece la entrepierna, el arte “ay el arte, Marta”, las begonias en los balcones, y su marido fiel que les festeja cada peluca nueva. ¿Pero qué me vienen a hablar de deshumanización, señoras? Resulta que todo lo que no nos satisface, “ah no, no, no es humano, claro”.  ¿Y qué es, entonces? ¿Cereal?

Se comenta por los pasillos que así como no se puede escribir literatura erótica cuando uno está muy caliente, parece que tampoco se debe escribir en estado de indignación. Viejas queridas, hasta esa palabra me robaron, ya no puedo mirarlas en el supermercado indignándome, tanto más cerca de ustedes me siento cuando me “indigno”.  Pero ya fue, estamos en el baile, bailemos Marta:

Deshumanización, amigos y amigos-viejas, es un término cobarde. Es de vieja, pero de vieja cobarde. Y no se los voy a permitir nunca más. Prometo reventar botellas contra el piso la próxima vez que los escuche decirme que “este sistema es inhumano”. Porque este sistemita es de lo más humano que hay,  y si lo humano a veces aterra, reventando bebés contra el cemento, a mirarlo fijo a la cara se ha dicho.

Asumo (porque la densa niebla existe)



Andar risueño el rostro cuando el alma es más triste.
Andar porque en los muelles la densa niebla existe.
R. González Tunón.


La valentía como el convenio
de componer un bobo sueño
cada día.
Ejecutar un deseo.
Efímero, que sea diurno
     Que sea efímero, nocturno.
Efímero que perdure
los minutos precisos para que se curen
esos otarios pregonando futuro.
     Que se curen
los indignados limosneando garantías,
     que se pudren
sin la valentía del bobo sueño cada día.


Debemos:
abofetearles la hipocresía barata
con nuestras bobas utopías.
Debemos:
Refregarles nuestras delicias
              comidas, acordes, anillos, poesía
              cigarrillos, salidas, cruzar las vías.
No más
no
pido más.   


Sólo así asumo con astucia
mi deber,
tanto en la renuncia
como en el placer.


Y ante todo, todo sueño
que por magno despeño,
ante todo, todo sueño
que abrazo por pequeño:
asumo hoy y para siempre
ser, y ser valiente.
   

Aunque al fin del día
      mi  bobo sueño sea
      no más que una nota al pie
      en una de las tantas páginas de tu sonrisa.






San Bernardo divino tesoro.