Derrota en la derrota (o no).


A Luis Luchi, que lo gritaba mejor 
más fuerte.


Se compran amistades, se compran tiempo. Relojes, ellos se compran.
panes que se ponen duros, patines,
se compran votos, ocasos con la piba, 
vacaciones compartidas,
el Oeste, tiempo separados se compran.
Quieren más. Se compran chalets, dietas, compañía a las cuatro.
el Perdón, se compran, y se lo chupan camino a casa. 


Pero se venden. Ellos se olvidan - nosotros nos acordamos.
Nos acordamos porque a veces nos compran (y algo nos roban)
                     y decimos "nosotros". y tenemos bronca.


Pero ellos también se venden, aunque se olviden, o no lo sepan, 
o no lo entiendan, ellos se venden.
Y se venden peor. Se venden sin necesidad, no saben de necesidad, 
se venden por amor a la transacción.
Por amor al Lincoln de celulosa. A las veredas sin baches y el gel íntimo importado. 


¿Qué digo que se venden por amor? ¿por amor?
¡Si hasta el amor se les fue chorreando sangre!


Por eso yo, señores, me abandonaré de una vez y para siempre. 
No juego más con ellos. Tómenme: no sé ustedes, pero yo me regalo.  

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