Lista.


Consumé el acto primero
Luego el ínfimo, como dice Ella.
Después el mínimo.
Probé la renuncia del acto íntimo.
Amé su evidencia
desconocida de las cosas.
Me fijé en el vuelo último
de los cuervos.
Curé mis hélices heridas.
Probé su tensión máxima. 
Fue brutal la eternidad
(aún insistí).
Me hice intocable en las letras.
Pálida desplegué
mis hélices golpeadas. 
Como el vuelo último de los cuervos,
me cedí al acto primero.
Y al último.
Probé su brutalidad máxima.
Amé la exclusividad anónima de las cosas.
Renuncié y me comí.
Temí a la soledad de la consagración total
y me derroché.


Puse la mesa,
y probé mi carencia recién servida.

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